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Arraigo de las cepas, desarraigo de los hombres

Por Jorge Abalo

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septiembre 10, 2013

Leonardo Miranda

Este artículo nos permite hacer un recorrido por la historia de la Vitivinicultura mendocina, tan exitosa como contradictoria al momento de generar mejores condiciones de vida para el sector rural.

vineyard

La afirmación refiere precisamente a que ya no se puede seguir entendiendo que para el desarrollo del sector agrícola más importante de la provincia se pague un costo social y ambiental tan alto.  Esta afirmación refiere a las contradicciones de un sistema de producción excluyente donde solo hay lugar para unos pocos. Lugar que ocupan aquellos que son capaces de maximizar sus beneficios a costa de cualquier cosa. Ellos son los llamados competitivos, eficientes pero que necesitan de un sector empobrecido, no pobre,  proveedor de mano de obra barata que les sostenga la producción. Los productores ricos son los que permiten el arraigo de las cepas y de la misma manera promueven el desarraigo de los hombres.

Desarrollo de la Vitivinicultura

La forma más sencilla para explicar el desarrollo de la vitivinicultura sería la de apelar a una supuesta predisposición geográfica y morfológica que hiciera de Mendoza un área privilegiada para el cultivo de la vid. En realidad, el problema fundamental estaba representado por la escasez de agua.. Además, el clima caluroso de la provincia influye negativamente en la acidez de los vinos y en la fermentación. Para superar estos problemas se hicieron importantes inversiones para extender los canales de irrigación y la provincia se dotó de una legislación sobre aguas que, a pesar de algunas limitaciones, contribuyó a hacer viable al sector. En esta política el rol de la élite provincial es evidente, aunque no se debe descuidar la actuación de los gobiernos centrales.  Antes de que se implantara el modelo vitivinícola, la estructura económica mendocina era orientada por el comercio trasandino. La agricultura se fundamentaba sobre la trilogía alfalfa-cereales-frutales, con un claro predominio del primer producto, utilizado para la producción del forraje para el engorde del ganado. A esto debía agregarse el impacto de la organización de una red nacional de ferrocarriles que alcanzó Mendoza en 1885. La red ferroviaria aseguraba la introducción de aquellos implementos técnicos indispensables para el desarrollo del sector. La llegada a la Argentina de inmigrantes del área mediterránea, cuya dieta incorporaba al vino como ingrediente fundamental, garantizaba una expansión continua de la demanda interna. Por otra parte, un conjunto de factores externos (la crisis filoxérica en Europa y la crisis del ’90 en el Río de la Plata) contribuyó al paulatino descenso de las importaciones de vino. Aunque, por lo menos en un principio, el cultivo de la vid no incorporó nuevas tierras sino que se desarrolló sobre los antiguos alfalfares, luego contribuyó a la extensión de la superficie agrícola, sobre todo a partir del implemento de políticas de control de las aguas. Esta reorientación de la economía estuvo pautada por una élite criolla, abierta a elementos inmigrantes y fuertemente diversificada en su actividad económica. El accionar de la oligarquía y de las instituciones provinciales estuvo acompañado por las políticas del gobierno nacional. El conjunto de medidas institucionales se desarrolló sobre cuatro ejes fundamentales: o  Disposiciones destinadas a incrementar la actividad agrícola, basadas en leyes de exención tributaria para el cultivo de la vid (entre 1881 y 1902) o en tasas diferenciales favorables en la contribución directa. A nivel nacional, la política se fundamentó sobre el proteccionismo; o  Políticas de formación de recursos humanos, para crear un grupo de técnicos especializados en el sector. En este ámbito, se promocionaron medidas para atraer una inmigración calificada, a través de leyes específicas (1884) y de propaganda en las exposiciones nacionales e internacionales ; o  Promulgación de una legislación tendiente a racionalizar el uso del agua y a extender sus beneficios, así como también se intentó captar recursos para nuevas inversiones (empréstitos de 1874 y 1888). Aunque no faltaron denuncias sobre el uso político en las concesiones (el llamado “torniquete del agua”) se llegó a la extensión del Oasis Norte y a la conformación del Oasis Sur; o  Con la creación del Banco de la Provincia de Mendoza en 1881 se intentó dotar a los agentes económicos, por lo menos en teoría, de una herramienta financiera que pudiera apoyar la extensión del cultivo.

Proceso de expansión capitalista

Es interesante reseñar el proceso de implantación de los viñedos en Cuyo desde sus inicios, porque revela una forma particular de expansión del modelo capitalista en nuestro medio.

En pocos años se plantan miles de hectáreas de viñas y de parrales. La llamada conquista del desierto había enriquecido a mucha gente de nuestro país. Otra gente se lanzó sobre Mendoza para realizar otra conquista del Desierto a través de la plantación de viñedos que prometían grandes rentas y beneficios.

Estas plantaciones se hicieron por lo general, por contrato de adelanto. La estructura general de los referidos convenios era el siguiente.

El dueño de la tierra destinaba una extensión determinada para la plantación de viñedos, generalmente se trataba de terrenos de buena calidad y abonados naturalmente. Para la plantación de esos viñedos se valía por lo general de gente extranjera. Eran inmigrantes con numerosa prole que habían llegado a esta región ansiosos de hacer la América.

El dueño de la tierra entregaba la misma por ocho o diez años al plantador. Este tenía que hacerse cargo de los trabajos de desmonte, nivelación de los suelos, roturación, adquisición de barbados, implantación de los mismos, su cultivo permanente, la colocación de la madera y el alambre y todos los demás trabajos inherentes a la plantación. Debía llevar la misma a buen fin y de acuerdo a las indicaciones del propietario respecto de todos los aspectos que tuvieran que ver con el destino final del cultivo. Durante todo este tiempo el dueño de la tierra no percibía canon alguno y el plantador era -prácticamente- quien se apropiaba de toda la producción, al finalizar el término del contrato, el plantador tenía que entregar al terrateniente la totalidad del viñedo en buenas condiciones de producción sin percibir ninguna compensación por ello.

El terrateniente, en una palabra, recibía sus tierras transformadas en viñedos en plena producción sin haber gastado un centavo, salvo el pago de los escasos impuestos y el canon de riego. En cuanto al plantador se había beneficiado con la producción de ese viñedo durante el término del contrato. Como los viñedos, generalmente comienzan a producir a partir del 3er. año de producción habían aprovechado teóricamente 7 cosechas. Cuando las 7 cosechas se habían dado de buena manera (sin heladas, ni granizos) y el precio había sido bueno, el plantador se beneficiaba, de lo contrario, quedaba en la calle.

En una segunda etapa de implantación de viñedos los terratenientes recurrieron directamente a mano de obra asalariada para estos trabajos. Esto era cuando ya se habían convertido en viñateros y bodegueros, sus ingresos eran mayores y tomaban por su cuenta la tarea de aumentar el área de los viñedos. En esta etapa comienzan a aparecer, en vasta escala, dos importantes sectores del trabajo vitivinícola mendocino: los contratistas y los obreros rurales.

 

Contratistas. Los propietarios sin tierra

Una figura de trabajo prácticamente desaparecida. La  temporalidad, el empleo en negro y la pérdida de saberes, ha caracterizado el tipo de trabajo en el modelo vitivinícola de las últimas décadas. Haciendo mutar esta figura a otras más convenientes para el empresariado. Durante mucho tiempo  el contratista ha sido considerado un verdadero empresario, sobre todo para los patrones, quienes de esta manera soslayan las obligaciones laborales  que tienen que ver con un trabajador propiamente dicho. También están aquellos que dicen que el contratista es un socio del propietario. No es efectivamente una sociedad porque el patrón raramente consulta al contratista sobre el destino y las condiciones de venta de la producción. De este modo quedaba expuesto todo un año de trabajo propio y de su familia a  la capacidad del patrón de negociar la producción. Por ello la tan anhelada remuneración anual, mal entendida como “premio anual” no siempre llega en las condiciones necesarias para garantizarle un buen pasar durante un año entero. Cuando suceden heladas, granizo o bajo precio de la uva, bastante frecuentes por cierto, el contratista se queda sin nada. Sin embargo es una manera de contratación que de tanto en tanto, entrega buena producción, buen precio y de esta manera permite un ingreso anual suficiente. Este es el elemento que entusiasma al contratista y lo sostiene durante los años difíciles.

En definitiva el contratista es un trabajador asalariado, con una remuneración contingente, es decir que depende de muchas situaciones; que pueden dejarlo, justamente, sin ese ingreso anual.

De esta forma de trabajo solo una minoría ha logrado recibir buenas retribuciones y en ciertos casos excepcionales han logrado ser propietarios de sus propios viñedos. Siendo el pasaje a obreros rurales el destino más común de esta figura que ha sido emblemática de la vitivinicultura.

 

Estructura Agraria Vitícola de Lavalle

La superficie del departamento destinado al cultivo de vides es cercana a las 13.000 has, ello representa el 9% de la superficie provincial. Ocupando el 5to. lugar provincial. Las variedades predominantes son las denominadas criollas, no obstante se han implantado una cantidad significativa de tintas.

Unos 100 productores de Lavalle, aquellos que tienen propiedades por encima de las 20 has, que representan menos del 10% de los mismos, controlan casi el 50% de la superficie, esto es unas 6.500 has.  Mientras que el otro 50% de la superficie está en manos de más de 1.000 productores

Esta estructura de producción es muy similar a la que se da en la Provincia. Es decir que más del 50% de la producción vitícola provincial se realiza desde el sector de la Agricultura Familiar. Este es un modo de producción asociado al empleo mayoritario o exclusivo de Mano de Obra Familiar, al tener las unidades doméstica y la de producción bajo el mismo control  familiar, siendo la actividad agrícola la principal fuente de ingreso. Este es el sector que debe expulsar a sus hijos del campo porque  el nivel de rentabilidad está condicionando a la capacidad de inversión en mejores variedades de uva o maquinarias y equipos con  capital que  no ha sido posible acumular.

 

Cambios recientes en la estructura vitícola de Mendoza

Es notable como el proceso de concentración de la tierra se ha desarrollado al interior de este modelo vitivinícola que puede denominarse como excluyente. Dado que ha disminuido, en una comparación intercensal, la cantidad de viñedos menores a 5 has. y ha aumentado el tamaño promedio del viñedo pasando de 7,6 ha en 1988 a 8.8 ha en 2002. Observándose un incremento en los estratos correspondientes a 50 y 100 has. Además de la reconversión varietal también excluyente dado el alto costo que implica reconvertir los viñedos para satisfacer las demandas de un mercado exigente y competitivo. Es decir hay cada vez menos viñedos chicos en donde era posible la subsistencia de una familia (Agricultura Familiar) para tener cada vez más viñedos grandes, del tipo empresarial. Allí  es posible que hoy se desempeñen como empleados los hijos de aquellos pequeños viticultores fundidos, excluidos del sector productivo.

Sumamos a ello el impacto en el ambiente de este modelo vitícola que ha hecho un uso desmedido de las fuentes de agua subterránea aguas arriba, privando de este recurso a los sectores del llano. Promoviendo de esta manera la salinización de las tierras y el abandono de fincas.

El modelo, el vino, los pobres

El modelo vigente es el australiano. Todos mueren por la eficiencia y quien no anda por esos carriles está “loco”. Sin embargo el vino es, también, el argumento de vida de diversos actores que aún no están contemplados, por ejemplo, en el glamoroso mundo del vino, donde el hedonismo es el protagonista. Esto está muy bien, pero no es la realidad, es sólo una parte del cuento que únicamente pueden apreciar a diario quienes se dan el lujo de tomar espumante (en argentino, champán) a discreción.

Y es que el vino, en tanto producto cultural, también es fruto de una construcción social.

Si las cosas funcionaran como corresponde, cualquier mendocino debería disfrutar a diario de nuestros mejores vinos y del mágico encuentro entre el hombre y las estrellas que descubrió Don Perignon.

Lamentablemente, se observa que el modelo pobre está más pobre que antes, dicen ahora que por la crisis, un tópico que últimamente es pretexto para casi todo, hasta para las oportunidades.

El autor es ingeniero agrónomo

 

Fuentes consultadas

Instituto Nacional de Vitivinicultura Censo Nacional Agropecuario 1988-2002

El racimo y su aventura, La Cuestión vitivinícola, MARIANETTI, Benito. Buenos Aires Editorial Planeta/Colección Argentina Hoy, 1965.

Transformaciones recientes en los Sistemas Agroalimentarios. Impactos sociales,  económicos y ambientales. Ing. Facundo Martín

“Cátedra Sociología Urbana y Rural”

Facundo Martín, Septiembre de 2009


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