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“No lo soñé, lo viví en San Martín”: El show del Indio fue un éxito

Por Antonella Sisti

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septiembre 16, 2013

Más de 150 mil almas estuvieron presentes en el Este mendocino y formaron parte del “pogo más grande del mundo”. La misa ricotera reunió a personas de toda la Argentina, y países vecinos, que para siempre formarán parte de la historia del rock.

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Desde el mediodía del sábado, gente de todas las edades recorría el extenso camino que los llevaría a su encuentro con el Indio. Las bajas temperaturas no fueron impedimento para los fanáticos, que con toda la pasión caminaban encamperados, cantando con fuerza y con el corazón a flor de piel. Carteles enormes, banderas, cigarrillos y algunas bebidas para entrar en clima no pudieron faltar en la espera de la ansiada misa ricotera.

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Hubo gente en los alrededores del autódromo Jorge Ángel Pena durante todo el día, y a medida que avanzaban las horas, iba aumentando el número de fanáticos que se acercaba a buscar un buen lugar para ver y oír al Indio.

Durante la tarde, en el acceso este el tránsito se presentaba congestionado debido a las largas colas de autos y micros que se hacían presentes. Desde allí se podía observar el gran escenario y la enorme cantidad de luces que iluminarían a los fanáticos y sobre todo el líder ricotero que en tan sólo unas horas se presentaría para formar parte de uno de los hitos históricos de la música.

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Las horas fueron pasando, y más de 150 mil almas aguardaban con pasión el comienzo del show. Cuando el reloj marcó las 21.50, se apagaron las luces, encendieron bengalas de colores y comenzó a sonar “Luzbelito”. A partir de ese momento dejó de importar el clima lluvioso, el frio, y cualquier cosa que no tuviera que ver con el Indio. Jóvenes, viejos y familias enteras cantaron y saltaron con emoción al ritmo de cada canción, que no sólo fueron las de la nueva etapa del Indio, sino también algunos clásicos de los Redonditos de Ricota, como “Todo preso es político”, un clásico que hizo emocionar a los fanáticos de mayor edad.

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A medida que el recital avanzaba, el Indio detrás de sus famosos lentes oscuros, y con un gorro con orejeras para protegerse del frío, fue aumentando el calor que había en el público, volviendo cada vez más intensa la famosa “misa ricotera”. Solari agradeció a cada persona presente, con sus primeras palabras: “Es el show que más gente ha convocado”.

Cerca de las 22.30, el recital fue cortado por unos minutos para secar el escenario. La llovizna no paraba, pero no fue impedimento ya que al reanudar el show con “Las andanzas del capitán buscapina”, la gente siguió agitando y cantando como si nada hubiese detenido la buena vibra.

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El show continuó con “Blues de libertad” y demás temas ricoteros, sin embargo, sonaron también canciones de sus tres trabajos como solista: “El tesoro de los inocentes”, “Porco Rex” y “Perfume de la tempestad”. Más allá de que por momentos el sonido se haya visto perjudicado por el viento, los fanáticos no dejaron de disfrutar la sensación de ver a su ídolo en vivo.
Hubo música para todos los gustos, y como ocurre siempre en los recitales de Solari, los clásicos comienzan a aparecer llegando al final del show. “Juguetes perdidos” fue uno de los últimos temas, dejando a la multitud sin aliento al cantar y sentir la letra moviendo sus banderas con el deseo de que tocaran el cielo.
Finalmente, llegó el momento esperado. Solari se arrimó a la orilla del escenario, y comenzó a sonar “Jijiji”, uno de los clásicos más conocidos y emocionantes de los Redondos. La energía del público se potenció y en sus almas quedará para siempre el recuerdo de que presenciaron el mayor recital del Indio y formaron parte del pogo más grande del mundo.

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Mientras los fanáticos vivieron momentos que jamás olvidaran, 1200 efectivos controlaban la situación alrededor del predio. En líneas generales, no se presentaron mayores problemas con respecto a heridos. Pocas personas asistieron al hospital Perrupato por heridas leves o intoxicación. Además, los policías no registraron inseguridad o violencia en las zonas cercanas.
La paranoia que se había generado en los negocios cercanos al autódromo y en el centro de San Martín se calmó al pasar la noche, ya que se presentó serena y con poco movimiento en el centro. El hecho de encontrar a tanta gente extraña en el departamento generaba desconfianza, pero afortunadamente los sanmartinianos pudieron dormir tranquilos.
Lo que es sabido a partir de ahora es que San Martín pasó a ser parte de la historia del rock nacional, siendo cuna del pogo más grande de la historia y brindando un buen espacio a los fanáticos para pasar los días previos al show. Gracias a que todo salió como se esperaba, posiblemente la tierra sanmartiniana sea tenida en cuenta para próximos eventos de semejante magnitud.

Antonella Sisti


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