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14 octubre, 2013

La ciencia argentina cercana al Nobel

  •   Por Ramon Abalo

           

La producción artística y cultural en general de la Argentina, por los argentinos, como asimismo los niveles culturales de gran parte del pueblo, debido a la clásica calidad de la educación pública y académica, tales la ciencia y la técnica que están en el más alto nivel, tal vez como nunca, y le dan contenido a la década ganada con un alto porcentaje de legitimidad por las políticas de Estado.

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El Programa Raíces promueve y concreta el regreso de científicos y técnicos que tuvieron que irse en la segunda década infame de los 90. Precisamente hace pocos días regresó la científica expatriada número 1.000. La mayoría de ellos excluidos de su tierra natal por un país sumido en la cloaca del neoliberalismo implementado por el cipayismo menemista y gorila, para el regocijo y las arcas de los monopolios extranjeros. Y al pisar nuevamente tierra de su patria expresó su alegría por tener la seguridad de proseguir su carrera científica en el campo de las ciencias sociales, reconociendo a las políticas de Estado, que le permite el recupero de identidad y la autoestima de su carrera, reconociendo el alto nivel del CONICET, ya con prestigio mundial, como lo es el Balseiro en el campo de la ciencia nuclear, y la totalidad de las universidades estatales en el campo de la enseñanza académica.

Y para muestra basta un botón, como lo afirma la sabiduría popular. Es el de Oscar Daniel Bello, mendocino, doctor en biología molecular y perteneciente al equipo de los científicos norteamericanos James Rothman, Randy Shekman y Thomas Sudhof, que recibieron el Premio Nobel de Medicina. De familia modesta, su padre era electricista y “…aprendí de él, dice, lo ayudaba en los trabajos. Luego he hecho de todo, desde ser sereno en un local de ropa, a empleado de una fábrica de pinturas y vender celulares. Se puede –afirma- porque mi familia es humilde y trabajadora, pero el mensaje es que se puede”. Pero va más allá de su rol en el equipo de los científicos laureados, como también de lo que allí realiza, para acentuar lo que fueron sus primeros pasos en la investigación acá en Mendoza, señalando a Luis Mayorga, director del Instituto de Histología y Embriología del CONICET (Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología) como un verdadero maestro, y sin dudar afirma que en la Argentina se recibe muy buena preparación académica y que los investigadores locales son tenidos en muy alto nivel en el extranjero: “Pero yo quiero volver a la Argentina, deseo trabajar en Mendoza”, resaltando que en la actualidad “no puedo ignorar lo que el gobierno ha hecho. Hoy, un investigador comienza teniendo un salario bueno, lo que no ocurría antes. Hoy se puede conseguir becas para estudiar en el extranjero. El nivel competitivo en la Argentina es muy bueno”.

También resalta que “la carrera de investigador en la Argentina requiere de muchos requisitos de experiencia, de hacer publicaciones y mucho rigor científico, y la única institución que financia es el CONICET… el Instituto de Histología y Embriología de nuestra provincia es uno de los tres polos de investigación más potentes que hay en nuestro país… toda mi formación educativa la hice en la escuela y colegios públicos… y después de la secundaria me fui a estudiar a la Universidad de San Luis, para regresar e integrarme al Instituto de Histología y Embriología, donde profundicé mis conocimientos”.

Lo de Oscar Daniel Bello, un ser humilde y sencillo y de gran saber científico, tipifica la Argentina de hoy, nacional y popular, y una respuesta contundente a la representación del poder corporativo y de sus lacayos nativos, perdidos en una nebulosa política e ideológica profundamente decadente.
¿Qué es el CONICET?

Es el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, un ente autárquico dependiente del actual Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva. Fue fundado el 5 de febrero de 1958 (hace 55 años), pero tiene como antecedente de CONITYC, creado por decreto del 17 de mayo de 1951 por Perón, que congregó a importantes científicos como José Balseiro, Enrique Gaviola, el ingeniero nuclear Otto Gamba y el astrónomo Juan Bussolini. Se creó entonces la Comisión Nacional de Energía Atómica, que se encargaría del Plan Huemul para desarrollar energía atómica en el Sur de la Argentina (Bariloche), y el Instituto de Rayos Cósmicos, y su observatorio, ambos en el ámbito de la Universidad Nacional de Cuyo, construido éste último en Malargüe, para observar la radiación desde las óptimas condiciones de altura y seguridad del sitio.

 

LA RAZÓN POR LA QUE SE OTORGÓ EL PREMIO
Los científicos James Rothman, Randy Shekman y Thomas Südhof revelaron los principios que determinan cómo las moléculas producidas por las células, que son transportadas en pequeños sacos llamados vesículas, son entregadas “en el lugar adecuado y en el momento adecuado”, según el fallo por el que fueron premiados.
El Comité Nobel del Instituto Karolinska de Estocolmo detalló que Randy Schekman descubrió un grupo de genes que son necesarios para el transporte de vesículas; Rothman descifró la maquinaria que permite a las vesículas fusionarse con sus objetivos para permitir el transporte de la carga, y Südhof reveló cómo las señales instruyen a las vesículas para liberar su carga con precisión.
Este sistema es vital en una serie de procesos fisiológicos, y un transporte vesicular defectuoso es además una característica común en desórdenes neurológicos e inmunológicos, como la diabetes, señaló en su motivación del premio el Comité.
Argentina tiene dos premios Nobel en Medicina: Bernardo Houssay y César Milstein.

 

 

REPATRIAN A LA CIENTÍFICA NÚMERO MIL

El Estado nacional repatrió a la científica número mil, en el marco del programa RAÍCES.

El vicepresidente, en reemplazo de la mandataria Cristina Fernández de Kirchner, Amado Boudou, destacó que “hemos repatriado a la científica 1.000 y esto es todo un símbolo de los tiempos que vivimos. Así como tomaron la decisión personal de irse, también lo hicieron para volver y esto tiene que ver con el proyecto de país que estamos llevando adelante”.

Por otro lado, sostuvo que, “los sistemas vinculados con el capital humano, como el científico, no pueden prenderse y apagarse. Nuestros investigadores serán los garantes de que estas políticas sigan adelante”.

La científica repatriada Verónica Perera regresó al país en febrero de este año, tras 14 años de residencia en Nueva York, para incorporarse al equipo de investigadores y docentes de la Universidad Nacional de Avellaneda (Undav).

La doctora volvió al país en el marco del Programa Raíces (Red de Argentinos Investigadores y Científicos en el Exterior), que depende la Dirección Nacional de Relaciones Internacionales del Ministerio de Ciencia, y tiene como objetivo promover la repatriación y la vinculación de científicos argentinos que residen fuera del país.

 

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