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Las dos caras de una misma moneda

Por Lic. R. Emanuel Sambataro Psicologo

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octubre 16, 2013

Reflexiones sobre la autoestima

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“Había una vez un cuento finito, pequeñito, de pocas palabras. Nadie reparaba en él, sintiéndose triste y olvidado. Llegó incluso a envidiar los cuentos mayores, esos que siempre eran elegidos. Un día un perezoso periodista buscaba llenar sus escritos  y fue allí cuando lo vio. A regañadientes lo incluyó entre sus palabras, y al día siguiente el cuentito se leyó en mil lugares. Era tan cortito que siempre había tiempo para contarlo, y en solo unos pocos días, el mundo entero conocía su historia.” (Pedro Pablo Sacristán)

 Es común encontrarse con  personas, que sacan debajo del tapiz algo muy cierto pero en lo que pocos reparan:   “Lo que pasa es que yo tengo baja autoestima”, y otras veces escuchamos a alguien que le dice a un amigo: “Vos tenés la autoestima por el piso”. ¿Qué entendemos cuando escuchamos frases como esta?

Autoestima es la valoración afectiva de uno mismo que se forma en base al autoconcepto (lo que yo creo de mí mismo, como me veo). Es decir que si yo creo que soy una persona inteligente, atractiva, me voy a querer y valorar como tal. Sin embargo este proceso no depende exclusivamente de mí, ya que el autoconcepto se forma también en relación a la mirada del otro, a como yo percibo que los demás me ven. Y será entonces según las creencias que yo tenga de mí mismo (de mis características personales, competencias y de como yo creo que me ven los demás) la forma en que me juzgue y valore afectivamente (mi autoestima)

Esto es así porque las personas somos por naturaleza sociables, vivimos siempre en relación. Incluso el conocimiento de nosotros mismos, la misma autoconciencia, es relacional y está vinculada a otros. Y esto sucede desde pequeños, en los primeros estadios de la infancia, para el niño la mirada del otro determina casi de manera absoluta sus creencias con respecto a sí mismo: si mamá dice que soy un inútil, soy un inútil. No hay lugar a consideraciones. El adulto en cambio puede relativizar hasta cierto punto la opinión de los demás: si mi jefe dice que soy un desastre y que no sirvo para nada yo puedo pensar eso no es así, solo cometí un error. Sin embargo no podemos hacer esto todo el tiempo y con todos,  no somos impermeables, necesitamos que los demás nos valoren.

 Y ahora bien, ¿qué sucede cuando nos pasa como al librito que nadie nos ve o nos valora? En esos momentos la vida se vuelve  difícil, es como tener atado un cadáver  a las espaldas. Con el correr del tiempo su putrefacción empieza a matarme. A muchos nos ha pasado encontrarnos  alguna  vez en este túnel sin salida. Se nos hace difícil caminar considerando que somos poca cosa, ante nosotros y ante los demás. Cuando el otro no me da su visto bueno, cuando me devuelve constantemente un  NO, va quedando una marca, una huella en mi afectividad.

 Estas huellas hacen que nos comportemos de una forma específica, y ante cualquier circunstancia reaccionamos, de manera rígida. La persona con baja estima de sí mismo comienza a  tomar distancia, se aparta, es como si dijera -¡quédense sin mí!- Se esconde, no se muestra, para que el otro no tenga poder sobre él. Al mismo tiempo al sentirse rechazada comienza a compararse, a envidiar al otro porque es distinto: “Llegó incluso a sentir envidia de los cuentos mayores, esos que siempre eran elegidos” y surgen como límites, barreras de tipo agresivas, de ira o fastidio.  La ira lo que pretende es poner un límite entre el otro y yo, porque el otro me invade. El fastidio es un sentimiento para con uno mismo; por no haber previsto eso que ahora me hiere.  Estando en esta situación, la relación con el mundo se vuelve casi insoportable y nos preguntamos, ¿Qué hacer? ¿De qué manera sobreponerme?

 Primero que nada es importante darme un tiempo para conocerme, poder verme a mí mismo como soy, con mis virtudes y mis defectos, que son las dos caras de una misma moneda: yo. Para poder correr el velo y descubrir  los aspectos positivos de mi persona es bueno preguntarse ¿Qué valoro de mí? ¿Qué me hace especial? Es necesario hacer el esfuerzo por encontrar aquello en lo que soy bueno, eso que me diferencia de los demás, mi marca, mi sello, como el cuento que descubrió que ser cortito era lo que lo hacía más fácil de leer. En cuanto a los aspectos negativos (que todos tenemos) no se trata de negarlos, ni de aceptarlos al estilo de la frase: “yo soy así, al que le gusta bien y al que no también”, se trata de integrarlos en un todo que soy yo. De una aceptación plena que me permita valerme de mis faltas y defectos, para asumirlos y crecer.

 Esta toma de posición, me permitirá plantarme diferente ante la mirada del otro, poder frenar y valorar las críticas, tomando aquellas que me ayuden a desarrollarme y dejando de lado las que no.

Lic. R. Emanuel Sambataro
Psicólogo Laboral M.P 2595


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