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25 agosto, 2015

Las líneas que conducen a la nada

  •   Por Jorge Abalo

           

Cerca de dos semanas atrás Beatriz Chacón, hermana de Johana y pareja de Mariano Luque al momento de la desaparición de Soledad, declaró ante la Segunda Cámara del Crimen en el marco del caso Olivera.
Chacón afirmó en su testimonio que días antes de la desaparición de la madre lavallina en noviembre de 2011 ella misma había sido víctima de un aparente intento de secuestro. Según su declaración intentó denunciar el hecho en la fiscalía n°7 junto a Luis Curallanca y el director de la escuela secundaria 4-185 Elena Elvira Imazio de Cavagnola de Tres de Mayo pero en la fiscalía no le tomaron la denuncia -afirmó- “porque no había visto la patente de la camioneta” que habría intentado raptarla. El directivo negó estos acontecimientos.

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A este supuesto evento Chacón añadió los intentos de secuestro de dos menores más en la zona, aportando sus nombres. Luego de esta versión el fiscal de delitos complejos Santiago Garay aportó nueva evidencia a la causa: a una de las menores le intentaron robar una netbook pero no secuestrarla y la otra huyó de su casa y luego fue hallada en la vivienda de su novio.

Esta línea de investigación que intentaría desviar la atención sobre Luque y redireccionarla hacia una supuesta banda de captadores de mujeres cayó por tierra con los aportes de Garay. Pero no fue la única línea infructuosa, también hubo otras dos, según explicó el principal Ariel Yanzón, de la Unidad de Investigaciones de la fiscalía de Delitos Complejos, quien fue el primer investigador de la desaparición de Olivera.

Esas otras versiones apuntaban por un lado a un curandero que solía atender a Soledad y también una mujer que le habría ofrecido trabajo a la víctima en un cabaret del sur argentino. Ambas líneas fueron descartadas por el investigador ya que “no apuraban datos significativos”, según comentó en otras oportunidades.

Una tercera línea poco prometedora

El pasado viernes los peritos a cargo de los jueces de que llevan el caso Olivera fotografiaron y tomaron medidas en el lugar que los vecinos tresmayinos referencian como “la finca de Don Mario”. Este hombre no sería el propietario del terreno sino su administrador como lo es Curallanca de la finca donde residía con Luque, la cual se haya a unos 50 mts de la primera.

La investigación en relación al sujeto conocido como “Mario” pero cuyo apellido no trascendió es porque él le había dicho a Soledad que fuera a verlo la tarde de su desaparición para ofrecerle trabajo. Pese a este posible indicio la línea tiene poco peso porque por distintas razones el adminstrador nunca pudo estar en el lugar esa tarde sino que debió estar en otro por razones labores, por lo cual desconoció si Olivera efectivamente estuvo allí.

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