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La música con los niños

Por El Despertador

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3 noviembre, 2015

Si bien he participado en gran cantidad de festejos por el Aniversario de Lavalle, puedo dar crédito de que varios de ellos tuvieron una referencia distintiva, más allá de que esta fecha siempre tiene significado especial para los lavallinos.

Y así resultó este 20 de octubre, instancia en que los niños dieron su particular aporte. A lo que voy a referirme yo daría en llamar: “Están contenidos, felices y por el buen camino”.

Durante esa media jornada hubieron momentos atractivos, pero para mí, el centro de atención fue la actuación de los chicos que llegaron con su música desde varios distritos. Y no estuve solo en ese tiempo de encanto, pues me acompañó el silenció de mucha gente presente.

Las orquestas infantiles que especialmente se prepararon para este festejo pertenecen a las escuelas: Virginia Correa (El Carmen), Simón Chávez (El Vergel) , César Milstein (El Vergel), Graciela Ferrer de Moretti (El Carmen) y José Andrés Díaz ( El Paramillo). A ellas se sumaron los coros de las escuelas Cervantes (Jocolí Viejo) y Virgen de la Candelaria (La Polvosa), además de la especial voz de Sandra Amaya, interpretando el reconocido tema musical “Coyuyo del desierto”.

Orquesta (1)

Allí se exhibió el resultado de la implementación del Programa de Orquestas y Coros para el Bicentenario, del Ministerio de Educación de la Nación, que tiene como objetivos mejorar el acceso de los niños, niñas y jóvenes a los bienes y servicios culturales; tender puentes hacia la reinserción de los jóvenes en la escuela; colaborar con la retención escolar; y estimular el contacto y el disfrute de la música. Por varios minutos me centré en esta actuación. Busqué la sombra de un árbol y me apoyé en él casi seducido por ese cuadro.

Sin dudas que disfruté de ese encuentro con la música. Para mejor, interpretada por niños y adolescentes. Al concluir, entre otros merecidos reconocimientos, escuché el halago de varias madres “más que chochas” con sus hijos músicos. Fue cuando también tomé conocimiento, que para estos alumnos, ser parte de una pequeña orquesta o coro, los seduce por completo. Escuché que no sólo aprenden de música, sino que además se sienten protagonistas y están entretenidos gran parte del tiempo con esta pasión. Junto a algunos abuelos con los que compartía la bondadosa sombra del arbolito, no dudamos en intercambiar opiniones evocando nuestro tiempo de adolescencia, cuando ser parte del equipo de fútbol del barrio era un placer. En eso ocupábamos gran parte del tiempo libre de cada semana, engrasando o remendando la pelota de cuero, imaginando tácticas de juego entrenado en “el baldío de la cuadra”, etc., etc. ¡Qué preocupaciones verdad! Pero teníamos objetivos y el estricto control de nuestros padres, quienes nos marcaban la prioridad de cumplir con el estudio.

En ese momento los pequeños comenzaron a retirarse, y nosotros, los mayores de “la sombra del árbol”, coincidimos en opinar que si se multiplicaran estos ejemplos (con música, deporte, recreación u otras acciones), estaríamos más cerca de volver “a las mentes ocupadas en propuestas constructivas”. ¿Será así?


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