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12 abril, 2016

¨ Lo que le pasó a Reynoso¨, en el Sportivo

  •   Por El Despertador

           

Por Alfredo García

Como lo he citado en otras instancias, al Club Sportivo Lavalle le cabe el prestigio de ser una entidad que aportó en gran escala a la vida social, deportiva y cultural del departamento. A lo largo de más de 90 años de vida logró ganar espacio como centro de contención, desarrollando variadas actividades, muchas de las cuales dejaron una marca especial en el contexto histórico local.

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Cuando yo lo conocí, hacia mediado de los 70′, me llamó la atención el formato y la acústica de su salón, además de contar con un escenario adecuado para teatro. Es que su inicio fue coincidente con el pleno apogeo de este tipo de representaciones en el país.

Y si bien, por este escenario pasaron destacadas obras y grupos musicales, merece reconocimiento especial, haber sido el lugar elegido para que José Adriano Pujadas volcara sus conocimientos y bondades como hacedor cultural.

No sólo que conformó un elenco teatral totalmente lavallino, sino que se propuso llevar a escena una obra de éxito nacional: “Lo que le pasó a Reynoso”, la que se publicitó con un anuncio en formato boletín.

Fue en 1952. Y aquí les quiero dejar esta reflexión, como para que jóvenes y no tanto, se ubiquen en el tiempo y en la calidad de la propuesta: esta obra responde al formato sainete de Alberto Vacarezza, quien destacó en las décadas del 30′ y 40′ como máximo exponente del sainete porteño, además de ser poeta y letrista de tangos (amigo y colaborador de Carlos Gardel). La obra fue adaptada al cine en blanco y negro en 1937 por Leopoldo Torres Ríos, quien la reeditó en teatro en el 55′. Es decir era un éxito total cuando el elenco lavallino se atrevió a imaginar “¿por qué no en Lavalle?”.

Ahora les recuerdo el “Reparto” artístico de ese romance gaucho: Manuela del Carmen Sales (Hilaria); Elsa Barquet ( Restituta); Luis Bosella ( Mamerto); Néstor Jaime (Grisanto); S. Barquet ( Salvadora); Amadeo Appugliese ( Sargento Lucero); Ernesto Quevedo (Cabe Leiría); Juan Reggio ( Serapio); Pedro Ciccarelli ( Julián Reynoso); Raimundo Alaníz (cantor); L. Micolau ( Anacleto); Rosario Máxima Sales (Remedio); Marcelino Arias (don Cosme); María Barquet ( María del Rosario); Segundo Jaime ( Chimango) y Roberto Juan Reggio ( boyero). El apuntador fue Oscar Anzoategui y la dirección general estuvo a cargo de José Adriano Pujadas. Los decorados y el maquillaje fue responsabilidad de Casa Bravo.

Acerca de esta “patriada” cultural, Roberto J. Reggio evoca que dado “.. el éxito logrado tuvimos que hacer más de veinte actuaciones”, destacando que “todas las presentaciones eran a salón lleno. Llegaba gente en sulkys, carretelas y a caballo, ya que en ese entonces en Lavalle habían muy pocos vehículos”.

Uno de los principales actores fue Marcelino Arias (don Cosme en la obra), quien a los 91 años mantiene en su memoria algunos de los principales pasajes de lo que fue la representación, incluido el papel que le correspondió desempeñar

Reggio y Arias coincidieron en destacar las cualidades del director- Adriano Pujadas- haciendo notar que “…era una extraordinaria persona, muy culta y conocedora de lo que hacía. Sabía imponer respeto y nos hacía ensayar todos los días”. Ambos se mostraron orgullosos de haber formado parte de esta obra, que por entonces era una sensación en Buenos Aires.

Sin dudas una etapa notable del Sportivo Lavalle y de la actividad cultural en el departamento. Como para refrescar de vez en cuando.

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