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5 septiembre, 2016

El Cementerio de Tulumaya y su valor

  •   Por El Despertador

           

Los cementerios nos pueden parecer lugares de todos o lugares de nadie, según el valor que los vivientes les asignemos. Si no decidimos que nuestras cenizas tengan otro destino, a uno de estos lugares iremos a parar, sean públicos o privados. Lo cierto es que estos sitios pasaron a ser partes de nuestras vidas, aún después de éstas. Por ende, también acumulan parte de la historia. Me refiero a los de mayor antigüedad. Y es precisamente lo que pude advertir del cementerio lavallino de Villa Tulumaya, el día que fui a visitar la tumba que conserva los restos de Ireneo Fernando Cruz, ex rector de la UNC. El decidió ser parte de este departamento y por ende de su historia.

Teniendo en cuenta lo expresado y mi curiosidad por el pasado lavallino, no puedo dejar de tener en cuenta que en este cementerio están los restos de gran cantidad de personas que en vida aportaron a esta tierra. Están quienes lo hicieron desde la política, como ex en intendentes. Pero además quienes lo hicieron desde otras áreas, como educadores, comerciantes, productores agrícolas, empleados de distintas reparticiones, por citar algunos sectores del quehacer local. En suma, seres a los que tenemos en nuestros afectos, ya fueran amigos o parientes.

Y de curioso nomás, pero amigo de la realidad, realicé una rápida observación, retirándome con la certeza de que este sitio posee mucho de valor histórico.

Su construcción

También, interesado por su inicio, no tuve más que describir los datos aportados por Alberto José Godoy -el Pepe- siempre un ávido rastreador de importantes datos del pasado. Por su generosidad les puedo reseñar que doce años después del trágico terremoto que causó importantes daños en el departamento, particularmente en Costa de Araujo (en 1920), la Municipalidad, decidió gestionar recursos para iniciar obras de recuperación. El pedido del Intendente Anselmo Pérez al Gobierno de Mendoza – fechado el 9 de enero de 1932 solicitaba recursos “para edificar la Capilla de Costa de Araujo y el Cementerio a construirse en Tulumaya”.

El Gobierno de la Provincia respondió con la entrega de $ 5.855,29, lo que se distribuiría por partes iguales a cada objetivo.

El 5 de Febrero de 1933, en Costa de Araujo hubo un acto especial al colocarse la piedra fundacional que marcó el inicio de la obra de la nueva parroquia, y fue entregada la suma de$ 2.927,64, respondiendo al pedido efectuado oportunamente por la comisión de apoyo y el párroco Generoso García.

El 9 de junio de 1933, el Intendente Anselmo Pérez resuelve llamar a Licitación para la construcción del nuevo cementerio de Villa; obra que finalmente se adjudicó a los señores Marcelo Motta y Victorio D´Agostini, constituyendo la oferta más económica. La obra se concluye a fines de Noviembre del mismo año y fue realizada en un predio de tres hectáreas donado por López Quezada Hnos. en las inmediaciones de calle Centenario.

Y es precisamente lo que pude advertir del cementerio lavallino de Villa Tulumaya, el día que fui a visitar la tumba que conserva los restos de Ireneo Fernando Cruz, ex rector de la UNC. El decidió ser parte de este departamento y por ende de su
historia.

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