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Las veces que me sané

Por Natalia Tomelin

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enero 24, 2018

En ocasiones sonreímos al oír hablar sobre alguna historia de amor. ¡No es para menos! Estamos acostumbrados a escuchar, leer y ver diariamente sucesos trágicos, violentos en los medios de comunicación y en la calle misma. Esto nos lleva a no saber cómo reaccionar cuando la noticia es buena…muy buena.

 

Tuve la posibilidad de escuchar el relato de una joven lavallina, vecina, a la que cruzo a diario. A la que conozco mucho de vista y muy poco de haber intercambiado palabras…hasta ahora.

Comparto con ustedes la emocionante historia de vida de Macarena
Coria, una hermosa payasa de sonrisa contagiosa y alma de ángel.
Macarena, vive en el B° Dorrego de Villa Tulumaya. Hace unos meses comenzó a cursar un taller sobre cómo curar a enfermos a través del humor, la risa, la palabra, la escucha activa, el respeto por los derechos de niño y niñas…en fin, un taller basado en el amor.

Con incertidumbre al principio, sin comprender del todo por qué la vida la ubicaba en ese lugar, Maca cursó todos los sábados hasta obtener su certificado de pasaya. Y sí, para eso también se estudia, se capacita. No cualquiera tiene la valentía de enfrentarse ante casos que involucran a pequeños enfermos y familias desbastadas, mostrando su mejor cara y dejándose inundar la boca de palabras de aliento y esperanza.

El Proyecto Payasos de Hospital tiene su base en los Derechos Humanos; en este caso de los niños y niñas y sus familias. El proyecto, desarrollado en el Hospital Fleming, funciona desde el 2011 y pertenece a la ONG Emergencia de Sonrisas, que implementa el arte de curar mediante el humor con el objetivo de intervenir en el proceso de mejoramiento de la salud de los niños internados en el hospital. Además, de trabajar con los profesionales y no profesionales de la institución que intervienen en la hospitalización, como también con sus familias.

“Uno cree que nuestros problemas son tremendos, que lo que nos sucede no le pasa a nadie más. Sin embargo, ésta actividad me permitió descubrir otras realidades. Darme cuenta que aquello que nos pasa no es nada comparado con la realidad que padecen tantos niños, luchando día a día por salvar sus vidas o mejorar”, relató la joven.

“Cada vez que realizo esta actividad soy feliz. Más que ayudar a otros a curar, es sanar nuestra propia alma” resumió.

Al finalizar la entrevista, pensaba en todas aquellas veces que la vida nos reta a ofrecer lo mejor de uno. Meditaba sobre las alternativas y poderes que tenemos los seres humanos para ofrecer ayuda.

Me reprochaba las veces que me puse límites al momento de ser solidaria con los demás y conmigo misma. Las veces que no entregué amor a otros ni a mi persona.

Gracias Macarena por permitirme conocer y difundir tu historia.
Ojalá nos permita reflexionar y sanarnos un poco más.


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