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3 febrero, 2018

Teléfonos inteligentes que te vuelven estúpido*

  •   Por El Despertador

           

Por Hugo de Marinis, desde Canadá

Ya se sospechaba que esta cuestión de las redes sociales y los nuevos artefactos que parecen salidos de la lámpara de Aladino se las traían bien guardadas. Resulta que muchos de sus inventores / fundadores / inversores / descubridores desde un tiempo a esta parte – eso sí, después de amasar guita a rolete – advierten que con los chiches nuevos provocaron y expandieron la estulticia de sus usuarios.

Con los teléfonos inteligentes usaron las mismas vías neuronales que afectan a ludópatas y drogadictos. Chris Marcellino, que se desmpeñó en desarrollos para el iPhone; el ex presidente de Facebook, Sean Parker y otro ex capitoste de la misma compañía, Chamath Palihapitiya, hablan hoy por hoy con brutal sinceridad sobre las miserias de los espejitos digitales de colores que nos enzoquetaron a nosotros, las multitudes de occidente con acceso a la tecnología.

La estupidización generalizada les valió a estos tipos su fortuna, pero ahora ven que esta parafernalia podría ocluir la inteligencia humana necesaria para desarrollar las más mínimas tareas que requieren la socialización de las personas y la reproducción del capitalismo. Por lo menos el previsorio gobierno francés ha escuchado con atención a estos ex generales tecnológicos. Los galos, en septiembre que viene, ya tienen planeado prohibir el uso de teléfonos móviles en las escuelas primarias y secundarias, aún en los recreos, y durante la hora del almuerzo en los colegios que tienen horario corrido. Argumentan que los pibes pierden a pasos agigantados su poder de concentración. Después, en la madurez, les va a resultar difícil ser productivos en sus futuros trabajos. Los grandes capitalistas no pueden observar esto con exceso de simpatía porque les puede salir el tiro por la culata. En los directorios de bancos ingleses los analistas laborales ya descubrieron que las distracciones que provocan los móviles afectan el rendimiento de los empleados.

Datos
Las aplicaciones (apps) que brotan como por arte de magia en la pantallita del teléfono, sin ningún arte de magia atrapan de inmediato tu atención. Para eso las crearon con lo mejor del conocimiento y las estadísticas desarrollados en los más importantes y prestigiosos centros de estudio del mundo. Los capos en tecnología de las grandes corporaciones cuentan con saberes proporcionados por, digamos, psicólogos británicos como el que revela que la gente que lo tiene consulta el móvil unas 150 veces al día; o el doble que lo que los propios usuarios piensan que lo consultan. Del otro lado del océano el académico norteamericano Adam Alter señala que sus connacionales se pasan de tres a cinco horas por día en compañía interactiva con sus aparatitos electrónicos. En el curso de una vida – concluye – esto suma siete años inmersos en tales artefactos. Lo anterior se hace debido a algunas marcas de fábrica que poseen los seres humanos como la manía o el sesgo por la novedad. Para Facebook, Google, Apple, Twitter e Instagram esto sería música si tuvieran oídos pero al empleador cuya más gratificante actividad es obtener la mayor plusvalía de tu fuerza de trabajo, esto más que música, se escucharía como una patada en las costillas.

Algunos que trajinan el desarrollo de apps, como Matt Mayberry, un laburante en un laboratorio pyme de dopamina en California, cuenta que es materia sabida en la industria de la tecnología que Instagram retiene de modo estratégico los “me gusta” de algunos usuarios. Si los que diseñaron la app de compartir fotos deciden que tenés que usar el servicio más seguido solo te muestra una fracción de los “me gusta” que en realidad recibiste en un posteo tuyo dado, cosa que tus desilusionadas ansias te tienten a chequear a cada rato para curiosear si a alguno más le gustó lo que compartiste. Juegan, pero mucho más, lucran con tus inseguridades. ¡Y uno contento con las fotitos!

Diría una abuela que estar conectado con todo el mundo todo el tiempo nos vuelve menos atentos hacia aquellos que en realidad más nos importan. En este sentido no es sino en la relación padres e hijos donde los teléfonos inteligentes cuentan con su poder más alienante. Madres y padres prestan menos atención a sus hijos debido a estos aparatos y podrían estar causando en los niños daños emocionales. Por ejemplo, estudios en Canadá y Estados Unidos han revelado que las madres que textean o revisan mensajes en sus teléfonos durante la lactancia pierden invaluable contacto visual con sus bebés, lo que podría afectar su comunicación y aprendizaje.

Según Catherine Steiner-Adair de la Escuela de Medicina de Harvard, los chicos ya no corren a la puerta de casa cuando los padres llegan del trabajo porque estos están hablando por teléfono. Todavía es peor una vez que se transpone el umbral: en la visión del niño, el terrible y misterioso poder del teléfono inteligente es su capacidad de absorción instantánea en todo momento y en cualquier lugar. La doctora Steiner-Adair agrega que el daño no se limita a lo psicológico sino que puede ser físico. Sostiene que el Centro de Control de Enfermedades de Estados Unidos detectó un aumento del 12% en lesiones corporales de niños de menos de cinco años entre 2007 y 2012, luego de una prolongada declinación de mucho más de un lustro de estas lesiones. Estos años coinciden con el periodo de recesión económica en tierras norteamericanas pero también con la infancia del iPhone.

Como se señala al principio de esta nota, los que denuncian son los que parieron el monstruo, lo cual no deja de ser esperanzador. Pero no es suficiente. Se requiere mantener la alerta de que estamos ante un vicio para nada inofensivo si no se lo contiene. Millones de personas continúan alunadas y distantes de sus seres queridos y amigos gracias a los teléfonos inteligentes. Estos individuos son presa fácil para la manipulación de los poderosos. Las más grandes corporaciones del mundo blanden a su vez millones de dólares que se consagran a profundizar la dependencia digital. Es más, cada incentivo financiero que estimula los flancos de las firmas mundiales involucradas, azuza a los “cerebros” digitales a hacer de estos artefactos inteligentes algo aún más compulsivo para la gente, y por ende, más dañino. Sin embargo, quienes se han beneficiado económicamente al máximo con estas invenciones son los que llaman a la cordura porque, entre otros perjuicios, entienden que podría afectar el mismo sistema económico que engendró el atontamiento colectivo. Dicen que el mundo opulento que consume estas novísimas virtualidades se ha comenzado a interrogar si las dulces pantallas del placer digital justifican que los seres humanos sean peores, solos y en grupos.

* Texto basado en el artículo “Your Smartphone is making you stupid, antisocial and unhealthy. So why can’t you put it down?” de Eric Andrew-Gee, Globe & Mail, 06 – 01 – 18.

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