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Vitivinicultura: cuando la cadena se corta por lo más delgado

Por Juan Burba

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marzo 5, 2018

Mendoza transforma en vino aproximadamente el 95% de la uva que produce. Y cuando analizamos lo que podemos llamar la “Cadena del Vino” tenemos una importante cantidad de actores que hacen parte de este proceso, desde la producción de la uva hasta la venta del vino.

 

 

 

 

En esta nota intentaremos comprender que se vive en cada eslabón y como se mueve la plata.

En dos notas publicadas por El Despertador en enero, desarrollamos las problemáticas referentes al sector más sufrido de esta cadena: el de los trabajadores de la viña. Encontramos en este grupo a los obreros y obreras, los contratistas y l@s pequeños productores. Sobre la realidad de este sector conversamos con Juan Gil, contratista “desde que tengo 9 años, al lado de mi padre”, hoy en el distrito de Jocolí, que nos contaba sobre los altibajos que viven estas familias. La tarea de contratista en la viña o el parral “es la desorillada, la tapada, la poda, la atada, y la desbrotada” y otras tares como el cambio de madera o el mantenimiento de las acequias, “en la cosecha se divide, al mismo porcentaje del contrato, la ficha y el acarreo”.

Sobre cómo les va, Don Juan nos decía: “el 18% no se justifica, si se compara lo que uno hace con lo que uno gana” y continuó: “después de descontar la ficha y el acarreo viene a quedar la parte del contratista, que es una migaja”. Consultado sobre como arregla números con el patrón, Gil decía que “uno a veces confía en el patrón, y capaz ahí esta lo malo” en referencia al precio de la uva y a los quintales cosechados. Muchas veces los contratista no tienen certeza de esos números y se limitan a creen en lo que su empleador diga. Sin embargo, el caso de los pequeños productores, si bien son propietarios, no es mucho mejor. Viven una situación similar, el productor que tiene unas pocas hectáreas y que vive exclusivamente de esa actividad, que además tiene 2 ó 3 obreros, también “sale derecho”.

Sobre el tema conversamos con Facundo Martín, investigador del Conicet que eligió a Lavalle como su lugar de residencia y para hacer parte de sus estudios. “Los actores de la producción primaria son siempre el eslabón mas débil de la cadena, por como están planteadas los sistemas de producción en este capitalismo globalizado donde las transnacionales son las que mandan” afirmó Martín en referencia a lo que hemos agrupado como trabajadores de la viña. Y prosiguió el joven investigador: “de esta cadena (la vitivinícola) vive mucha gente, pero cuando vamos a ver como se distribuyen las ganancias, siempre el trabajador directo (pequeños productores, contratistas y obreros) son los que menos reciben, incluso se lo engaña y se lo estafa”.

Por otro lado muchos de los propietarios ya no viven en la finca, porque las nuevas generaciones se fueron del campo y hoy son profesionales urbanos, y ese fenómeno viene creciendo, “esto parece obvio para quien habita en zonas rurales, pero no para los que piensan las políticas públicas en función de esta realidad”. Estos propietarios no invierten en su finca, y descuidan a la gente que trabajan ellas. “Si la finca esta linda se puede hacer una chacrita o salir a buscar afuera para rasguñar algo más” dice Gil sobre si hay otra opción laboral, “pero como los patrones no le ponen plata a la finca, la uva rinde poco y hay que estar todo el tiempo encima”, remata desesperanzado.

En nuestra provincia existen 10 bodegas muy grandes que concentran el 60% de la elaboración de vinos y controlan el precio. A su vez podemos distinguir entre dos grupos: las grandes bodegas de vinos comunes, también denominadas “trasladistas” que venden a granel, y bodegas más pequeñas que trabajan vinos varietales (cabernet, malbec, etc.) y una parte para exportación. En Lavalle se desarrolla más la actividad de las bodegas del tipo trasladistas. En este caso se profundiza la injusticia ya que “en las bodegas de vino común la concentración es muy elevada, son 3 bodegas las que fijan los precios, es casi un monopolio” afirmó Martín. Estos 3 monstruos son Baggio, Peñaflor y Fecovita. Esta última, a pesar de ser una federación de cooperativas, se comporta en la práctica como una gran empresa. Estos gigantes muchas veces no le terminan pagando adecuadamente a los productores y contratistas, “las estafas son cotidianas, sobre todo en la caso de las bodegas trasladistas” aseveró el pesquisa del Conicet y continuó: “como al gobierno no le interesa el vino común, como si fuera parte del pasado, ya que el vino fino es más bonito, el vino común esta invisibilizado, nadie controla y es medio la ley de la selva”.

El tercer eslabón de esta despareja cadena es el de la distribución y la venta. Anteriormente el protagonismo lo tenían los almacenes del barrio, los negocios de la ciudad y los supermercados, pero hoy el 80% de los productos -y el vino no es la excepción- se compran es en las cinco principales cadenas de hipermercados (Carrefour, Wall Mart, Jumbo, Coto y Makro) y esos actores explotan la cadena hacia atrás, es decir en este caso, a las bodegas. “Ya los precios del vino envasado no los pone la bodega, lo ponen los dueños de los hipermercados” afirmó Martín y aseguró: “los bodegueros se quejan de los hipermercados, pero no tienen poder de negociación, mucho menos lo tiene el sector primario” en referencia al eslabón de los productores.

Caída del consumo

En la década del ’70 se consumía en nuestro país 90 litros de vino por habitante al año. En la actualidad ese número está por debajo de los 30 litros. Cuando comenzó, hace algunos años, el recambio varietal hacia las cepas finas, las bodegas estabas muy entusiasmadas con este tipo de vinos, pero en la actualidad “están arrepentidas porque no se puede vivir de ese vino que es para los pocos que pueden pagarlo, la industria se debe mantener con un consumo popular y cotidiano, que busque otros consumidores”.

Para no abundar en análisis vamos a tomar un frase de Don Juan Gil que describe y resume muy bien el tema abordado por El Despertador en esta nota sobre la “Cadena del Vino”. Cuando consultamos a este contratista sobre cómo ve la realidad y las políticas para el sector, sentenció con sabiduría y pragmatismo: “se ayuda al más grande y al más chico lo dejan afuera”. Más claro echale … vino.


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