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Martín Neglia: el creíble retorno de San Martín

Por El Despertador

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17 mayo, 2018

Alberto Atienza

Le pusieron Martín cuando nació, allá, cerca de los primeros escalones del Siglo XX (no… no… no es cierto lo que puse).

Lo bautizaron Martín de nombre porque su destino definitivo, verídico y muy importante, era ocupar un lugar en el mundo como la reencarnación de Don José, el Magno Libertador.

Le cuento, vecino. Yo, que si vengo del segundo (no, del cuarto o quinto, no me acuerdo bien) escalón del siglo veinte cambalache problemático y febril, le digo: No ha existido en Mendoza una organización, estamento docente, publicitario, ni cine, ni video que haya reinstalado con plenitud de vida, la imagen de nuestro máximo héroe y benefactor como lo ha hecho el querido Tino Neglia.

Usó, usa dos elementos básicos, nada más. Un buen vestuario y su enorme talento actoral. De esa unión emana la emoción única, viajera a través del tiempo, de ver a San Martín vivo, con su imponente presencia de guerrero de la libertad de pueblos. Y también, como lo que era, un afable conversador. Hombre de pensamientos elevados, traducidos por su inteligencia a un entendimiento común. Eso fue San Martín. Eso es el Neglia.

Doy un ejemplo. Peatonal, primera cuadra. El actor, ataviado con ese vistoso uniforme de verdadero General, le hablaba a varios niños de una escuela, ahí reunidos. Los pequeños escuchaban embelesados. Vivían, en ese momento, una escena que, del cielo de la historia, descendía hacia ellos. Enfrente, en la vereda de esa oscura oficina pública, tan mal situada en el Km 0, unos jóvenes batían parches de bombos, redoblantes, muchos, y generaban grandes turbulencias sonoras.

Algunas palabras del redivivo Santo de la Espada se perdían en ese fragor de protesta por algo. Levantó la mano el discípulo de la última promoción de la genial maestra rusa de arte escénico Galina Tolmacheva y les pidió unos segundos de espera a los pibes inmersos en el encantamiento que fluía de su voz, de su imagen. Cruzó la Avenida, se arrimó a los bombistas que le daban y le daban a los tachos.

!RACAPUM,,,RACA´PUM…PUMP..PUMP…¡ Lo veían aproximarse los manifestantes y disminuía gradualmente la energía y secuencia de sus golpes con eco: !RACApuuum…raca…pup…rac…rac…

Los semblanteó el Tino y les dijo: “Muchachos les pido unos minutos, nada más, de silencio. Es hasta que termine de hablar con esos alumnos ¿Puedo contar con ustedes? El que dirigía el grupo, lo mira al Neglia y le contesta muy seriamente y de modo enérgico: “!Si, mi general¡” Los otros bombistas lo miraban con sumo respeto, no al actor. Veían a San Martín en persona. Cruzó de nuevo la calle ese gran militar traído a nuestros días, a la Mendoza que tanto amó, por un talentoso actor. Los automovilistas lo veían pasar sin emitir una palabra, sin un grito, ni una sarcástica sonrisa. Luego contarían lo que vieron a sus familias. Un acontecimiento. El Libertador caminando con luz verde ante sus parabrisas. No ocurre todos los días. Nunca les aconteció algo similar.

Martín amigo de años idos, cuando formamos un breve trío con el Gringo Pagano. Martín. Arrancabas tu tembloroso Citroen, en pleno invierno, en la puerta de la casa del Gringo (creo) y lo dejabas andar media hora con la calefacción prendida. Después, tu esposa, corriendo, subía con tu vástago recién nacido al auto. Tenemos mil historias. Y una inconclusa. Nunca hiciste en teatro una obra mía. No importa. Lo mismo eres mi amigo. Y alguien logrado plenamente en la escena. Acaso tanto como en teatro, en escuelas, en reuniones, en la calle. Mis saludos Don José. Pido perdón por la reiteración de la palabra vida en mi desordenado apunte. Resulta que es única. No encontré reemplazo. En realidad no lo tiene en esta tierra.

Mis saludos y cuando sea escrita la Historia del Teatro mendocino, merecerás con seguridad un vasto capítulo. Desde esas líneas te saludarán los personajes por vos animados de “Las manos de Eurídice” de Pedro Bloch. “Un punto arriba…un punto abajo ¿Habrá llegado este carajo?” Tu actuación en ese monólogo actoralmente muy difícil de encarar, fue inolvidable, conmovedora.

El curriculum que fuiste formando es muy amplio. Has sido, alternadamente el presidente chileno Allende, Perón, el protagónico de “Los Apóstatas” de Manuel Corominola, bajo la dirección del querido maestro Bahamonde. Creo que superás holgadamente los 100 personajes por cuyas almas transitaste como actor. Y no dudes. Los personajes tienen alma. Es el actor con sublime vocación el que les infunde luz, amor u odio. Tristeza o felicidad.

Eres el mismo de cuando empezaste, al dejar atrás el seguro trabajo en importante banco. Te entregaste al Teatro. Lo amas, acaso más que a otra cosa en el mundo.

Tino. Ya lo sabes. Pero te lo digo lo mismo: el Teatro te ama a vos. Y eso que no es muy querendón que digamos…


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