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29 junio, 2020

El Covid 19 hizo caer la venda del centralismo porteño

  •   Por El Despertador

           

Por José Luis Burba

El nivel de contagiosidad de este virus, que afecta con gravedad las grandes concentraciones demográficas (el Área Metropolitana de Buenos Aires – AMBA tiene más del 90 % de los casos), ha logrado «despertar» algunas inquietudes que los provincianos reclamamos desde las primeras décadas del año 1800.

Desde los noticiarios de Buenos Aires se percibe la preocupación no solo por el futuro sanitario de la Capital y sus alrededores sino también por la marcha de su economía, que, como la tienen hiper concentrada, afectan a la economía nacional.

Hoy caen en la cuenta que no pueden dar más libertades frente a la pandemia debido a que una muchedumbre debe salir a trabajar en industrias manufactureras con riesgos de contagios masivos. Lo mismo ocurre con la apertura de barrios populares de la ciudad y del conurbano bonaerense.

Esa gigantesca cantidad de provincianos argentinos y hermanos de países vecinos no están allí para ser víctimas del coronavirus ni del desempleo masivo.

Como dijo Avellaneda «Los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetir sus errores», y eso es lo que estamos haciendo. Porteños como Rivadavia o «porteños» como Rosas (…y la comparación es horrible), se adueñaron de las ventajas de un puerto y una aduana para imponerle al resto de los provincianos sus destinos.

El centralismo es el mal mayor de los argentinos. ¿No lo creen?. Solo basta mirar los diseños de las rutas y de los ferrocarriles para darnos cuentas que el «embudo», o como dijo Bunge «el abanico», tiene como punto final Buenos Aires.

Para entender como se llega al centralismo de hoy debemos repasar, aunque sea brevemente, el centralismo de ayer, o mejor dicho el de siempre.

En las vísperas de la fundación de Buenos Aires en 1580 ya existían tres ciudades, que, aunque pobres, pretendían ser prósperas: Santiago del Estero, Tucumán y Córdoba. Las tres unidas por el camino a la plata del Potosí (fuente de la riqueza de los conquistadores españoles).

A alguien se le planteó (un tal Juan Matienzo), la necesidad geopolítica de «una puerta a la tierra», es decir una salida al Atlántico más o menos donde don Pedro de Mendoza había fundado la primera Buenos Aires.

Así nació la Buenos Aires de Juan de Garay, que de ser «la más pobre ciudad de las Indias», va buscando un destino que no encuentra hasta bastante tiempo después.

Al decir de Félix Luna, los porteños de aquella época padecían necesidades, y no tenían ningún elemento para sobrevivir ni podían fabricarlo, y es así como comienzan a vivir del contrabando, recurso cómodo y una triste manera de nacer como ciudad. A pesar de los primeros esfuerzos de Hernandarias, los porteños adquirieron la costumbre sistemática de burlar la ley para sobrevivir.

Con el correr de los años las provincias propusieron que cada una se especialice en ciertas producciones con un perímetro de protección respecto de las otras. La Rioja, Mendoza y San Juan con aguardiente y vino; Santiago del Estero con tejidos y mulas; Córdoba con carretas, Catamarca con tejidos y «cada cual con lo suyo», sin embargo no lograron subsistir frente a los «ponchos y vajilla de manufactura inglesa» introducidos por el puerto.

¿De qué se ocuparía Buenos Aires si su mejor negocio era el comercio ilícito? ¿Con que pagarían los porteños el contrabando que recibían?

Hoy el país se paraliza cuando buena parte de las manufacturas se concentran en el AMBA, guarden o no relación con el origen de la materia prima. Ya desde 1898 se armaban cigarrillos de tabaco en el centro de la ciudad de Buenos Aires, en la calle Piedad (hoy Bartolomé Mitre), y, hasta donde sabemos, Buenos Aires no produce tabaco, solo tiene consumidores.

Las industrias manufactureras se instalaron en la historia reciente en las cercanías del puerto argumentando la disponibilidad de mano de obra y los bajos costos de fletes, sin embargo esa misma zona es la que hoy tiene mayor nivel de desocupación y mayor pobreza.

Problema de «huevo o gallina». ¿Hay más industrias manufactureras en el AMBA debido a la disponibilidad de mano de obra barata? ¿Hay más pobres en el AMBA porque las industrias instaladas no son capaces de absorber y dar trabajo genuino a la población que las rodea?
¿Las industrias generan pobreza para algunos?

Las rutas, los ferrocarriles, la energía eléctrica y el gas natural, solo para nombrar algunos circuitos, transportan, desde los puntos de producción de las provincias a la punta del embudo, solo materia prima (sin valor agregado en origen), con muy altos costos de fletes para que «la hermana mayor» (a decir de Juan José Paso), termine el producto y lo venda.

El COVID 19 hizo lo que tenía que hacer, es decir apropiarse de la libertad de los que están amontonados, y frenar mas del 50 % de la producción industrial argentina. ¿La industria se radica donde hay servicios, o los servicios los promueve el Estado en ciertas geografías para radicar industrias?

En el caso del Gran Buenos Aires, los establecimientos se localizaron en una primera etapa en la Ciudad de Buenos Aires y los partidos más cercanos a ella, como San Martín y Avellaneda; posteriormente, en los partidos del tercer cordón o de la periferia del aglomerado.

La mayor concentración industrial del país se presenta en la zona del litoral del río de la Plata y la margen derecha del río Paraná, conformándose allí el denominado «frente fluvial urbano industrial», que se extiende entre Santa Fe y La Plata.

Frente a esto, debemos darnos cuenta que debemos modificar la matriz productiva del país. No podemos seguir «amontonando» gente para satisfacer la economía de unos pocos bolsillos y seguir generando polos de pobreza disfrazados de «mano de obra disponible».

¿Ahora se dan cuenta los del AMBA que si no tuviesen «amontonadas» tantas industrias sus problemas serían menores?

Les decimos a los porteños y a los provincianos «aporteñados» (que toman decisiones), que los que vivimos en estos pagos queremos trabajar cerca de nuestras casas, de nuestras familias, de nuestros amigos. Les decimos a nuestros pares provincianos que no se dejen atrapar por los «cantos de sirenas» de los grandes centros urbanos.

Modificar la matriz de distribución de las industrias manufactureras en nuestro país es una tarea inmensa. Por suerte existen innumerables documentos de organismos prestigiosos que avisan, desde hace mucho tiempo, «lo que hay que hacer».

¿Es necesario llevar el algodón, el tabaco, las especias, las maderas, los minerales (solo por citar algunos productos), desde las provincias productoras etc. hasta Buenos Aires para ser industrializados allí?

No parece muy razonable, sin embargo, si pretendiéramos revertir hoy esta situación, y «por arte de magia» radicar las industrias cerca de pequeños centros urbanos provinciales, tampoco lo podríamos hacer, ya que la matriz energética fue diseñada para llevar todo a Buenos Aires. Si vemos el tendido de la línea energética proveniente de El Chocón – Cerro Colorado encontramos la respuesta.

Algunos intentos de trasladar hacia las provincias del interior la «promoción industrial», «reconversión productiva», «diferimiento impositivo», etc. etc., se llevaron a cabo, pero muchos sabemos como terminaron la mayoría: galpones vacíos que fabricaban solo los cordones de las zapatillas mientras que facturaban, con beneficios fiscales, todo el calzado (con caja y todo), o campos y fábricas que se vendían antes que se venzan los plazos de empezar a devolver los beneficios, es decir una clara maniobra de evasión y lavado de dinero.

En fin, por algún lado podríamos empezar: trazar como política de estado rediseñar la radicación industrial y lentamente revertir el asentamiento de compatriotas en condiciones miserables, creando fuentes de trabajo genuinas.

Ya sabemos que en general nuestro «gran» empresariado no está acostumbrado a ceder derechos ni beneficios, pero el Estado debe ser el cerebro regulador (…no el entrometido), de dar oportunidades sobre base serias.

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