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1 septiembre, 2020

Aprender a desaprender

  •   Por Camila Salem

           

Liberarnos de las estructuras internas es una manera de sanar nuestro pasado y revisar nuestras creencias es necesario para evolucionar y sanar viejas heridas.

¿En qué creemos? ¿Nuestras creencias se basan en nuestra experiencia a través de los años o sin darnos cuenta hemos adoptado las de nuestros padres y madres? La mayor parte del tiempo nos decimos internamente que somos independientes en nuestro pensar y sentir, pero, ¿qué tan genuina es esta afirmación?

Inconscientemente la mayoría del tiempo estamos reproduciendo patrones de pensamiento de generaciones pasadas, naturalizamos algunas cosas que en otras épocas eran -normales-. Pero, ¿qué es normal, qué significa? Nadie puede establecerlo, lo que para mi es normal para otro puede ser un crimen o una vergüenza, como ver a dos chicas de la mano, amándose. O acompañar la lucha de una persona que se siente identificada con el sexo opuesto al que nació.

Revisar nuestros modelos de comportamiento y conocer la historia familiar puede dejarnos en estado de shock, pero no te asustes. Desaprender lo aprendido es un acto de liberación, de lucha y de aceptación. Y al romper estas estructuras internas abrimos la posibilidad de crear nuestro propio sistema. ¿Cuál es el tuyo?

¿Qué tan aceptado tenemos nuestro sistema de creencias? ¿cuántas veces nos hemos encontrado en una lucha con nuestras propias convicciones? ¿qué tanto nos hacemos cargo de nuestros errores al entrar en un sentimiento de contradicción? Son preguntas que tienen muchas respuestas y todas son válidas, cada persona vive, siente y piensa de maneras únicas e irrepetibles, y a su vez en el camino se presentan otros seres que resuenan con nuestra experiencia y ahí sucede la magia.

Cuando decidimos soltar las viejas creencias, esas que son de nuestra madre, como la idea de que las mujeres debemos ser madres, casarnos y criar hijos; o las de nuestro padre, como el ideal de hijo varón que le gusta el fútbol y los autos, podemos crear mundos nuevos, y así, dejar ir esas viejas ideas que nos pasaron de generación en generación. Quizás ese es el cambio que necesita la humanidad para poder evolucionar y vivir en una sociedad más tolerante y equitativa.

Opino que parte de este proceso es también poder perdonar a nuestros padres, madres, abuelos y abuelas; perdonar porque hicieron lo mejor que pudieron siendo víctimas no solo de las estructuras de sus antepasados sino también de un sistema creado para manipular masas a través de los medios e inculcando la idea de que todo lo que éstos dicen es cierto y verdadero, modificando y creando así la cultura en la que vivimos.

No sólo es necesario perdonar a nuestro clan familiar, también abrazarnos y perdonarnos hacia adentro, recordar con cariño a nuestro niño o niña interior y pedirle perdón por las heridas no revisadas, no aceptadas, y PERDONARNOS. Perdonar y pedir perdón es un acto divino, pero se empieza por uno.


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