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13 septiembre, 2020

«Cada maestro ha transformado su hogar en el aula»

  •   Por Natalia Tomelin

           

Cuando pienso en el Día del Maestro/a es imposible no recordarla. Su mirada tierna y su sonrisa cómplice permanecen una y otra vez en mi cabeza. Es que la señorita Liliana de primer grado, allá por el año ´86, fue especial para mí y seguramente también para mis compañeritos de la Escuela Francisco Arias de La Pega. Tenía la bonita costumbre de tocar el alma de sus alumnos. Sabía cómo hacerlo. Con una amplia
sonrisa que le cubría todo el rostro, cantaba:

«Oh Carol,
Loco estoy por ti
Mas si me dejas
Qué será de mi…»

Claro, la interpretaba en inglés, el que dominaba a la perfección. La recuerdo entonar esa canción de Neil Sedaka y se me eriza la piel. Es por eso que hoy reflexiono en el poder que poseen los y las educadoras sobre sus alumnos. Y me atrevo, a modo de homenaje a mi querida seño, quien falleció hace un tiempo atrás, contarte distintas historias de vida de docentes. Que seguramente llegarán a besar también el alma de sus alumnos.

 

 

Roxana, quizá la más joven de las maestras que te presento en esta nota. Vive en Las Violetas, trabaja en el CEBJA 3-232 de 3 de Mayo y en el CEBJA 3-107 de Puente de Hierro.

Para ella, ser docente es ayudar a cada persona, sea niño, joven o adulto a descubrir la capacidad que posee para alcanzar sus metas, para cumplir sus sueños. Es acompañar pero también aprender juntos cada día. Es un ida y vuelta.

Nos relató, cómo ha influido la cuarentena por la pandemia de CIVID-19 en su tarea: «uno como docente lamenta no estar en el aula, compartiendo con los estudiantes, porque es mágico lo que uno vive en ellas». Pero a pesar de la distancia, mantener el vínculo, aprender de otra manera, es un descubrimiento paulatino para todos, tanto para ellos como para nosotros, relata la docente.

Nos cuenta que es difícil la actualidad, porque tocan vivir situaciones que nunca habíamos vivido antes, que ni siquiera imaginábamos, pero cree que el vínculo se mantiene y eso la llena de satisfacción, que a pesar de todo estén al otro lado.

Daniela, trabaja en el Instituto Parroquial Nuestra Señora del Rosario en Tulumaya y en la Escuela 4-233 Alto del Olvido y nos cuenta que para ella la docencia representa una gran responsabilidad, ya que se colabora en el proceso de formación de otras personas y no se puede dejar de dar lo mejor de uno. Dar todo para que todo resulte bien. «Ser docente no es una tarea tan fácil como a veces se piensa», remarca. «Hay que dar respuesta a distintas situaciones, que se viven en el aula, pero sin lugar a dudas, por otra parte que compensa todo ese esfuerzo, como es el cariño de los chicos, chicas y de sus familias».

Continúa narrando que ser docente en esta época de pandemia tal vez se volvió una tarea compleja, desafiante en distintos planos profesionales, en lo que es el plano familiar y personal. Nos ha llevado a momentos en los que hemos sentido que podemos derribar fronteras y llegar a nuestros estudiantes y otros en los que nos sentimos lejos. Eso desanima. Pero la actitud consiste en mantener la esperanza, puesta en un futuro mejor sobre todo para nuestras niñas y niños».

Silvia, es directora del CCT 6-004 Juana de Ibarbourou, de Tulumaya y nos cuenta que como docente vivimos un día especial por el Día del Maestro. Lo reconoce como un día atípico, sin festejos ni agasajos y lejos del cariño de los alumnos y saludos. Reconoce que ser docente en esta época ha sido un desafío personal ya que cada maestro ha transformado su hogar en un aula, ha llevado la escuela a su casa para poder llegar a sus alumnos y enseñarles.

Ayudando a los alumnos a cumplir sus sueños de aprender. «Realmente es una situación que cada docente vive de manera diferente. Nos ha cambiado rotundamente, pero para bien. Esta situación no nos ha dejado retroceder en el proceso educativo. Al contrario nos ha dado preparación ya que hemos tenido que utilizar nuevas herramientas, nuevos métodos», comentó.

Elizabeth, es docente en Pintor Fidel Roig Matons (C.E.N.S) y CEBJA 3- 232 de 3 de Mayo y 4-160 Tito Francia Jocolí.

La profesional, nos cuenta que para ser docente, hay que estar dispuesto a aprender día a día de lo que te ofrece la vida. Aprender a convivir con los que nos rodean. «Es dejar mi pequeña huella en cada uno de mis alumnos», relata.

Eli, como la llaman en la escuela, es quizás uno de los casos en donde se pone de manifiesto que el ejemplo es la mejor enseñanza que se le puede trasmitir a los alumnos. Se educa con el ejemplo, con la fortaleza para enfrentar situaciones adversas, se educa con la fe y también con la esperanza. Se ayuda a ser resiliente cuando uno está convencido de que el amor y dedicación para con los otros es la clave para vencer cualquier mal.
«Lamentablemente, sigo con licencia hace ya 3 años por mi «querido» cáncer. Lo digo así porque más allá de que es una enfermedad muy dolorosa; aprendés a ver la vida de otra manera; a no culpar a nadie; a saber que Dios siempre está con una; y confiar y tener fé. Eso también es una enseñanza de la vida», comenta.

 

Erica nos cuenta que para ella ser maestra es todo, es levantarte y acostarte con desafíos, con ilusiones, proyectos. Siempre pensando en esas caritas que te esperan del otro lado, con toda la ilusión de encontrar la mano que los va a acompañar a descubrir un nuevo mundo.

En cuarentena el desafío es mayor, porque hay que reinventarse y tener la seguridad de que vamos a poder salir de esto y que lo vamos a lograr conjuntamente con las familias, que siempre han estado, pero que ahora son protagonistas de este proceso de enseñanza- aprendizaje.
«Hoy me siento feliz de poder recibir todo el cariño que recibimos a la distancia pero que pronto será más de cerca», remarca la seño que trabaja en el Jardín Maternal y CAE Creciendo de Tulumaya.

Silvia, docente jubilada de la Escuela Correo Argentino de Costa de Araujo.
Al testimonio de Silvia, lo dejé para el final, caso contrario no podría haber concluido la nota. Es que los hijos de padres docentes nos acostumbramos, en un principio rezongando y reprochando por la ausencia de mamá o papá en los actos escolares y luego compartiendo el amor por una de las profesiones más nobles que exiten. Es que reconocer el esfuerzo por estar presente durante la escolaridad de los hijos sin descuidar un solo instante la de otros tantos (alumnos) es un don que sólo las maestras poseen.

«Ser docente significa un compromiso al trabajar con un niño, un joven o un adulto en su integridad. Conduciéndolos a descubrir conocimientos para similar y transferir en situaciones diarias de aprendizaje, sin olvidar lo socio- afectivo. Estás trabajando con una persona que es una integridad, dándole herramientas que utilizará en sus vida diaria. Apostando a los valores, principios para aplicarlos hasta hacerlos hábitos, relata

«Recordar que para el alumno sos un modelo, así aprenden, trasmiten conocimientos a sus familias. Es una retroalimentación diaria: todos los días enseñás y todos los días aprendés», enfatiza.

«Ser docente es una gran bendición, es ir tocando con sensilibidad, empatía y cariño, corazones».

Sin lugar a dudas, los docentes de nuestro país y del mundo, atraviesan en la actualidad una de las etapas más difíciles y de mayor compromiso de los últimos tiempos.

Estar, ser y dar son sin lugar a dudas el desafío más importante que tienen nuestros queridos docentes. Los que muchas veces no son reconocidos ni valorados pero sin los cuales nada sería posible.

En este día especial, vaya mi reconocimiento y respeto a cada uno de ellos y ellas; lo que con ejemplo y entereza se engalanan con el guardapolvo, trazan sueños de crayones y pintan arcoiris en la carita de sus alumnos…aunque sea a través de una pantalla.
¡FELIZ DÍA!


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