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23 abril, 2020

La locura de aprender y enseñar por internet (cuándo hay) en Lavalle

  •   Por Franco D´Amelio

           

La pandemia sin duda cambió la vida del mundo, y todo cambio repentino trae sus conflictos, temores y desafíos. Sin duda, la formación académica es uno de los aspectos que más complejidades revela y se ponen de manifiesto las desigualdades a veces disimuladas en el día a día, y por ende, los límites de la tan afamada «educación virtual».

Paula Constantín es mamá de tres niños, dos de los cuales son estudiantes de la escuela Policía Federal Argentina de El Chilcal. Ella cuenta cómo la cuarentena ha cambiado radicalmente su vida: «justamente hablábamos con mi familia que estamos en un tiempo en el que tenemos que poner lo mejor de cada uno y tener paciencia. Antes, yo me levantaba temprano, llevaba a los chicos a la escuela y me ponía a hacer mis cosas, hoy eso ya no lo puedo hacer, no tengo tiempo para leer…mi hijo mayor, esta semana tuvo que entregar cuatro trabajos prácticos, y yo le tuve que decir a la seño que no vamos a poder enviarla en los tiempos estipulados porque tengo otros dos hijos más.

Si bien este ciclo lectivo Paula no estaba ejerciendo su profesión, ella es docente de primaria, por lo que tiene insumos para afrontar mejor la tarea pedagógica desde casa. Aún así ella plantea: «si a mí, habiendo estudiado para esto me cuesta, no me imagino los padres que tal vez no tienen un nivel educativo muy avanzado, además, algunos no tienen casi conectividad, por lo que pueden conectarse una vez por día saliendo a la ruta».

Lorena Villegas es preceptora de la escuela Cavagnola de Tres de Mayo, y comenta cómo es su día a día: «el cambio ha sido para todos…soy separada, tengo tres chicos…yo le ayudo al más chico con las tareas de todos los días. El horario de escuela que hacía lo hacemos en la casa, de 15 a 18 más o menos nos sentamos y se lo enviamos a la seño…»

«En cuanto a mi trabajo seguimos…tratamos de que a cada chico le llegue el material, generalmente por grupos de Whatsapp que hacen los profes, lo manejamos así porque muchos de nuestros chicos vienen de distintos lugares donde el acceso a internet es escaso o nulo. Tratamos de hacer de todo para llegar, estamos en contacto permanente…No hay horarios, porque hay familias que tienen un solo teléfono y son varios hermanos y algunos chicos recién pueden conectarse a las 19-20, ahora no hay horarios porque nos adecuamos a la realidad de los alumnos y sus familias».

Cynthia Pérez es docente de 6° grado de la escuela Juan G. Lavalle, da matemáticas a 72 niños todos los días y es madre de tres hijos en distintos niveles escolares. «Como docente es raro el tener que contener familias y a la vez enseñar capacidades a través de un grupo de whatsapp. El saber que cada mañana nos conectamos con las familias y niños para charlar, jugar y enseñar desde la óptica de desarrollar en ellos las diferentes capacidades como el saber afrontar esta etapa de cuarentena».

«El tema de los horarios lo maneja cada docente según una cuestión de corazón, porque nuestra función hoy como docentes es también contener…en mi caso, yo debería trabajar de 8 a 12:30, pero sabiendo que hay padres que recién pueden ponerse a hacer las tareas a las 19:30…yo mi horario lo extiendo a lo largo del día, tampoco es que me están preguntando constantemente, me van haciendo preguntas, les respondo, les voy haciendo correcciones. Yo creo que no se va a evaluar cuantitativamente, sino más bien cualitativamente, teniendo en cuenta otros procesos…el horario laboral yo lo dejo al corazón de cada maestro».

En cuanto a la cantidad de tarea, de la cual muchos se quejan, Cynthia explica que «no hay más tarea que antes, de hecho son más cortas, lo que pasa es que los roles en las casas han cambiado. Los papás se dan cuenta justamente que no es tan fácil enseñar» y sobre esto comparte que en algunas familias antes tampoco se podían sentar en casa a explicar y los chicos lo hacían en clase, entonces esa realidad hoy es más visible. De igual manera Pérez explicó que a los padres que manifiestan dificultades, al menos ella, trata de acompañarlos para guiar a sus hijos.

Juan Torres es estudiante de sexto año de la escuela Tito Francia, explica que la cuarentena les ha estado costando mucho «me siento a la vez triste, con enojo, porque no puedo hacer la rutina de antes, iba a la escuela, ayudaba en casa…me empezó a sofocar (el encierro) no se puede vivir así…para no atrasarme, estoy desde las 8 hasta las 18 o 20 hs haciendo tareas…»El joven comparte que esto también complica su vida familiar porque sus padres le piden que no esté todo el tiempo en lo escolar y colabore más en casa, «yo ayudo, pero si no hago las tareas me atraso, es medio difícil la convivencia».

Sin embargo, Juan afirma que: «antes de bajar los brazos pienso en el futuro…yo no puedo trabajar al sol porque tengo hidrocefálea, entonces lo que queda es el estudio para salir adelante, le pongo ganas todos los días, son mis sueños lo que me impulsa, sueño en grande y lo voy logrando con la ayuda de Dios, de mi familia y de los profes».

Indiscutiblemente este cambio exige sacar lo mejor de cada uno en favor de todos, sin embargo, las lógicas educativas actuales evidencian la necesidad de correcciones estatales para que el formarse no sea un desgasto «sofocante» para las partes involucradas, sino lo que siempre debió haber sido: un proceso de crecimiento mutuo.


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