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24 abril, 2020

Historias de Lavalle: Amor a primera vista que llegó con el tren

  •   Por Alfredo Garcia

           

A María Eulalia le habían dicho que pronto llegaría al pueblo una carreta más que grande, que no era tirada por mulas ni caballos.

 

Corrían los años 30 y a pesar de los problemas económicos, en San José, al Norte del departamento de Lavalle-(Mendoza), parecía haber prosperidad con la explotación de los extensos algarrobales que existían en esa extensa geografía. La línea del Ferrocarril General Belgrano brindaba un importante servicio para trasladar la madera extraída, la que se llevaba a la capital provincial y otros lugares del país. Su uso sería, entre otros, leña o enmaderar viñedos en construcción. Para María Eulalia era toda una curiosidad. Con sus 13 años, poco había visto de estos avances. Hasta entonces había vivido la mayor parte de su corta vida en el puesto Las Calandrias, varios kilómetros al Este, donde su familia se dedicaba a la crianza de ganado caprino. Ella solo había llegado a pasar un tiempito de vacaciones a la casa de su madrina Josefa, a escasa distancia de la estación de trenes.

 

El sol de febrero golpeaba fuerte por este lugar. El calor era más intenso a la siesta, cuando la curiosa María Eulalia, salió a investigar entre otras cosas, las plantas y pájaros que habían por la zona.
Concentrada en esa búsqueda caminaba despacio junto a las vías férreas. Aunque con simpleza, se había vestido para una ocasión especial, con su vestido estampado con flores azules y los bonitos zapatos negro que le había obsequiada su tía madrina, El pelo castaño oscuro, prolijamente peinado en sendas trenzas que caían sobre los hombres. Toque ideal para que resaltaran sus ojos de tono dorado como la miel, los que parecían brillar al descubrir cada novedad. Fue cuando observó a la distancia, al ruidoso tren que se aproximaba.

Su cuerpo se tensó, pero no sintió miedo. Aun así prefirió esconderse tras una frondosa planta de jarillas. El tren, con varios vagones de carga y uno de pasajeros no debía hacer parada en ese lugar en esta ocasión, salvo que alguien lo solicitara con señas a la distancia. Pero como era la costumbre, disminuyó la velocidad, hasta llegar a un andar muy lento, cosa que siempre se realizaba por precaución.
Como el experto conductor vio a la joven a la distancia, disminuyó al extremo, imaginando a alguien que requería algún apoyo o traslado. Casi al momento de su total frenado, ante ella quedó el vagón con muy pocos pasajeros, casi todos indiferentes al paisaje.

No todos lo fueron, pues asomado a una ventanilla mirando fijamente la silueta femenina, también estaba ese llamativo adolescente rubio y de ojos tan azules, como el cielo, Así lo vio y lo imaginó María Eulalia. Las miradas de ambos se fijaron casi sin pestañeo durante los pocos minutos que duró ese lento paso de la máquina.
Sobre el fuerte ruido que emitía el tren, solo se escuchó un breve intercambió de saludo. Él tomó la iniciativa gritando: «Soy Roberto, tengo 15 años….volveré a verte¡»
Al instante se escuchó a modo de respuesta: » Me llamo María Eulalia y vivo en Las Calandrias, que así sea». Y mientras el tren se alejaba, varias calandrias volaron algunos instantes de ida y regreso entre ambos, como presagiando que se había iniciado un amor a primera vista.
Sin más palabras, la jovencita retornó a pasos lentos casa de su madrina y pocos días después a su casa.

Nadie se enteró de lo sucedido esa tarde, aunque durante los veranos siguientes, a mediados de febrero, la jovencita repetía el ritual de visitar a su madrina y esperar el paso del tren que iba a San Juan.

Y ocurrió que cinco años después, pero sobre finales de febrero, el tren se detuvo para que descendiera el apuesto Roberto, solo portando un pequeña maleta. Descubrió a María caminando distraída, como era su costumbre. Corrió detrás de ella hasta darle alcance y confiarle » ya soy un enfermero y me imagino que en este lugar tal vez pueda trabajar para estar muy cerca tuyo».

Dicen que fue el comienzo de un amor que perduró por el resto de sus días, luego de formar una pareja sólida en cariño.

 

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