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29 mayo, 2020

Educación: Pensar el modo de salir de la pandemia

  •   Por El Despertador

           

Por Gustavo Sánchez

En este momento estoy mirando algunos intercambios por whats app: un chico de 5to año le pregunta a la preceptora, quien comanda el grupo, cuál es el trabajo de Lengua y Literatura «Intertextualidad». En el grupo de 2do año un profesor de Dibujo Técnico intenta movilizar a los estudiantes a que suban trabajos al grupo, se lo nota muy preocupado, con cierta impotencia. Una madre de tercer año pregunta por las bolsas de comida que reparte la escuela. Estamos viviendo lo que el pedagogo Axel Rivas llama una «era de excepción». Cambió la escuela, cambió el aula, se cayó la presencia y se cayó el tiempo con sus rituales y rutinas.

Desde las escuelas estamos tratando de abordar un tiempo inesperado que requiere respuestas inmediatas. Hay una ruptura de todos los esquemas y de la identidad que la escuela construyó históricamente con los estudiantes. El desafío que tiene el sistema educativo es procurar la mayor presencia posible a través de la institución central de nuestro sistema, que es la escuela. En los lugares de mayor vulnerabilidad la escuela no solo asume el desafío de ser un espacio de creación de conocimiento sino también de ruptura de la enorme desigualdad y de garantía de derechos, como el derecho a la alimentación.

En una reunión virtual muy interesante organizada desde la Secretaría del Consejo Federal de Educación, se habló de la «intempestividad del presente», de reconfigurar prioridades, de generar un despliegue político para el cuidado de la vida y asegurar la continuidad pedagógica como meta principal para el 2020.

En escasos dos meses las escuelas primarias, secundarias y especiales, crearon un sistema formativo paralelo con el potente compromiso de docentes, preceptores, equipos de gestión y celadores. En nuestro departamento, que cuenta con una proporción notable de población rural, el desarrollo de la educación ha sido muy particular. Unas escuelas desarrollaron plataformas virtuales, otras un sistema de grupos de wats app y todas en mayor o menor medida distribuyeron cuadernillos de tareas proporcionados por el Ministerio de Educación de la Nación y fotocopias con tareas realizadas por los docentes adaptadas a la realidad de nuestros chicos y chicas.

Sin embargo, pese a los esfuerzos de la política pública y de las escuelas, la familiarización de la educación es un viaje a la profundización de las desigualdades.

La pandemia del nuevo coronavirus no ha hecho más que incrementar a niveles brutales la crisis de desempleo, parálisis económica, pobreza e indigencia que nos dejó una experiencia neoliberal de cuatro años de macrismo, que a su vez, profundizó problemas estructurales injustos que ya trae el país desde hace más de 40 años.

El aumento de los flujos de contacto virtual entre los docentes y las familias de Lavalle, sumado al contacto personal en el reparto de cuadernillos, ha permitido visualizar la realidad socioeconómica que viven nuestros estudiantes. Padres desempleados o con empleos temporales y muy precarios, con disminuciones de ingresos notables, con problemas de acceso a la vivienda, alimentación, vestimenta y salud. Muchos de ellos están siendo asistidos por la Municipalidad, que ha desarrollado una red de contención en distintas dimensiones. Pero la batalla es muy dura.

Los medios de comunicación insisten permanentemente en debatir acerca de la salida de la cuarentena. Si se activa el transporte público antes o después y cómo. Si vuelve a desarrollarse tal o cual actividad. Este debate es lógico y necesario; sin embargo creo conveniente promover la reflexión de cómo salimos de la pandemia como sociedad en general, qué valores vamos a sostener, qué construcciones simbólicas necesitaremos cambiar. Y este debate se vincula con lo escolar: es la oportunidad de visibilizar lo pendiente en perspectiva. Quizá debamos cuestionar el formato escolar de tiempos, espacios, agrupaciones, revisar curriculum, reconfigurar experiencias. Desde la provincia se pierde tiempo y se genera malestar en la creación de dispositivos de monitoreo mediante el GEM y faltan acciones para proporcionar más instrumentos a los docentes y a las escuelas en general, para que puedan llegar mejor a sus estudiantes. Este tiempo de incertidumbre precisa de una revisión de prioridades y valores.
Propongo, por ejemplo, que cuestionemos la «inevitabilidad de la pobreza y la desigualdad».

Muchos piensan que la pobreza existe en todo el mundo y no se puede luchar contra ella, por ende es ajena a las políticas públicas y a la sociedad. Este mito genera que se caigan responsabilidades. El gran pensador argentino Bernardo Kliksberg nos alerta que, “si no discutimos estos temas tendremos más pobres, más personas que sufren”. La pobreza es una construcción histórica y social y sus niveles están asociados a la calidad de las políticas gubernamentales y a las actitudes de la sociedad.

Podríamos preguntarnos en este periodo de «interrupción temporal de pandemia» veo a esta familia con sus niños en condiciones extremas de carencias: ¿es su culpa? ¿Se esfuerzan poco? ¿No quieren educarse? Otra vez Kliksberg nos ilumina que millones de personas en el mundo viven las «trampas de la pobreza» Según el estrato social y las condiciones del hogar un individuo tendrá la posibilidad de recibir buena educación, salud, acceso a la cultura, entre otras cosas. Pensemos que cuando hablamos de condiciones del hogar hablamos de si una mamá esta sola en el cuidado de sus hijos o no, si los padres tienen formación académica mínima o no, si pueden ocuparse bastante tiempo de sus hijos o deben realizar actividades de supervivencia. Desde hace muchos años el sistema formal de trabajo expulsa a millones de personas que deben subsistir mediante sistemas precarios.

Entonces llegamos a otro debate: ¿Cómo salir de las trampas de la desigualdad y de la pobreza? ¿Qué actores son los responsables de liderar el cambio? Sin duda el Estado y las organizaciones sociales son quienes pueden llegar a los hogares de familias desfavorecidas. Existe un falso dilema entre la necesidad del «asistencialismo» y el esfuerzo por proporcionar trabajo. Un joven que vive en Lujan Williams puede trabajar en un microemprendimiento en Gustavo André, pero necesitará que se le subsidie el transporte, que tenga computadora y señal de internet para que pueda crear, trabajar y estudiar. Y eso es responsabilidad del Estado.
Hay ejemplos acerca de cómo pequeños subsidios a las familias postergadas han logrado generar pequeños cambios. ¿No resulta urgente que como sociedad dejemos de atacar a las políticas y programas que empoderen a los grupos vulnerables?

Finalmente, y en relación con lo anterior, la escuela justa debe permitir a todos sus estudiantes conseguir logros en función de su trabajo y su talento. Una escuela es injusta cuando los logros de los estudiantes dependen de las condiciones sociales y de los ingresos de sus familias. François Dubet, profesor de sociología en la Universidad de Burdeos II y director de estudios en la Escuela de Altos Estudios de París nos señala que los estudiantes de clases favorecidas tienen mejores resultados que aquellos de clases desfavorecidas. En todos los países hay excepciones y algunos estudiantes de familias pobres tienen logros sobresalientes en la escuela, pero no son muchos.

Es absolutamente urgente pensar una nueva escuela para hacerla más justa y más dinámica, la coexistencia de un sistema presencial y uno virtual es una necesidad. Para ello, es preciso desarrollar un ambicioso plan educativo como parte de un programa de reconstrucción social económica y cultural que permita mejorar las condiciones de las familias. Dentro de este dispositivo educativo, el desarrollo de la educación virtual a distancia es un elemento sustancial. Cuando se pensó en el Plan Conectar Igualdad en el primer decenio del 2000, el entonces ministro de Educación de la Nación Juan Carlos Tedesco, destacaba que el desarrollo de las tecnologías de la información y comunicación podrían impactar en mejorar los lazos entre las escuelas, mejorar los procesos de aprender a aprender y poner la tecnología al servicio de una estrategia pedagógica para mejorar los aprendizajes de alumnos en condiciones más desfavorables.

Ojalá esta pequeña contribución sea un granito de arena para reflexionar acerca de cómo salimos como sociedad de esta pandemia. No veo otra salida que la de repensarnos y confiar en nosotros.

El autor es director de la escuela Miguel Graneros de Gustavo André


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