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23 agosto, 2020

El sonido olvidado

  •   Por El Despertador

           

Por Carla Roiz

El lugar en donde todo ocurrió era sin más un pequeño punto invisible en el mundo, insignificante, descolorido; como las personas que allí habitaban. En aquella parte del mundo tronaba a través de las olvidadas casas llenas de personas olvidadas, un grito que duraría tan sólo un segundo en la consistencia de la niebla gélida y etérea.
Aquella tarde, o noche; nunca era certero el momento del día que hasta el sol se había olvidado de aquel miserable lugar. Las paredes de una pequeña habitación serían testigos de la colorida sangre de una triste mujer y de aquel grito que hizo temblar las ventanas pero que al ser desdeñada tan pronto, nadie fue capaz de socorrer.

Al lado de aquella mujer yacía postergada el arma homicida sin huella alguna.

El jefe policial, un hombre delgado y algo viejo que siempre olvidaba su café sin siquiera haberlo probado, no tardó en llegar junto con su equipo de investigaciones. El aviso había sido dado por la vecina de enfrente; una anciana que casi todos los días le pedía un poco de azúcar a nuestra víctima ya que olvidaba comprarla y ésta jamás se negaba a abrir la puerta.

Mientras tanto, la apagada y olvidada esposa del jefe de policía lavaba sus ropas manchadas con el indeleble temor, de que justo ese día, a esa hora, se le ocurriese a su marido llegar temprano a casa, aunque ella sabía, claro que sabía, que iba a ser un día ajetreado para la estación de policía. Lo que ella no sabía, era que su adicción al café y sus nervios de papel llevarían a su esposo a la cárcel, a treinta años de prisión, puesto que esa gota carmín que había olvidado sobre la manija de la cafetera conduciría a su olvidadizo policía que no menos olvidó colocarse los guantes antes de tocar aquel mango y así entrar a la habitación teñida de rojo vivo por la sangre de quien fue su amante.


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