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15 septiembre, 2020

Lejos, pero cerca

  •   Por Camila Salem

           

A todos los seres que amo…

 

El amor tiene tantas maneras de manifestarse, que sería ridículo intentar buscar algún parámetro de comparación para esta experiencia, creo que se puede asemejar con el número 8. Me gusta mucho ese número porque representa el infinito, no sé si matemáticamente hablando esté en lo correcto, pero soy más poética y fantasiosa que científica. Creo en el amor como la energía más poderosa del universo.

De todas las formas en las que el amor se ha manifestado en mi vida con su poder sanador, jamás imaginé que el amor a distancia, en medio de una pandemia y una guerra mediática, pudiese ganarles a todas las otras formas que en algún momento conocí. De hecho, me cuesta encontrar las palabras para describirlo y contarles. Esta historia de amor tiene una inmensidad de emociones encontradas, una ráfaga de momentos espontáneos y mucho aprendizaje.

Comenzó hace unos años, sin saberlo, cuando nos conocimos en una finca. Unos besos tímidos e inocentes nos acercaron, y lo que se creó en ese momento fue una hermosa amistad. Entre viajes, encuentros, amores y reflejos estaba, escondido por ahí, el enorme deseo de construir algo juntos. Tres años pasaron, otro número que me encanta, representa el equilibrio. Tres años y varias lunas pasaron para reencontrarnos después de muchas experiencias y poder decir, sí, quiero tenerte a mi lado. Quiero ser tu cómplice y compañera. Quiero todo, con vos.

TODO, que palabra fuerte ¿qué es todo? El todo se puede definir como el universo, la totalidad de la existencia, lo eterno de la energía que se transmuta con el pasar de los años y la experiencia, la inmensidad del mar y su profundidad, la majestuosidad de la luna cuando está llena y la enorme nostalgia de ella cuando está vacía. Querer todo, con una sola persona, puede resultar una idea bastante aterradora. Pero ese miedo se disipa cuando la persona que camina a tu lado te transmite paz y logra desenredar los nudos emocionales que vínculos anteriores dejaron en tu camino.

Pero esta historia de amor no sólo se trata de dos personas que se reencontraron y eligieron cuidarse y amarse contra todo pronóstico y contexto pandémico. Es una explosión tan fuerte de aprendizajes que me ha llevado a sentir ese amor a distancia más fuerte no sólo con él, también con mi entorno y conmigo misma. ¿Tan lejos de mí estaba? ¿Qué tan cerca de vos estás? ¿Con cuánta frecuencia te acercas a tu niña/niño interior para abrazarle?

Es amplio y complejo, amar a distancia te acerca a nuevas maneras de compartir. Nuevas formas de entender y comprender al otro. También se trabaja mucho la imaginación y la memoria, y no sólo con los vínculos amorosos, también los de amistad. Recordar vívidas imágenes de momentos del pasado que se quedaron en nuestra retina pero que, quizás si no hubiese tanta distancia, pasarían al baúl del olvido. El hecho de no poder crear nuevos recuerdos constantemente, hace que los ya pasados sean más valiosos, los miro con nostalgia y abrazo a cada una de mis amigas y amigos.

Compartir una llamada con un ser querido, puede ser tan desgarrador como una despedida en este momento. A veces cuando me llama mi abuela o llamo a mi madre, me duele. Porque están tan cerca, y tan lejos. No puedo abrazarlas, pero están conmigo. Lo mismo me pasa con él, lo mismo me pasa con ellas, mis amigas. Y con todas las personas que extraño en este momento. ¿Hay algo que aprender de todo esto?

He aprendido que los amores, los vínculos, la familia, no necesitan estar físicamente cerca para que su amor y cariño, contención y preocupación se hagan presentes. Kilómetros, metros, no existen cuando el lazo energético es tan poderoso, como la nutrición de mamá cuando nacemos. Al llegar a este mundo, la primera persona que nos abraza, vulnerables, es nuestra mamá. Se crea el lazo. Se construye un puente. Y en cada abrazo se crea, cuando se siente.


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