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10 noviembre, 2020

Con la apertura de restoranes y bares en Lavalle, ¿cómo se comporta la juventud?

  •   Por Camila Salem
           

Gracias a la apertura de espacios como restoranes, patios cerveceros, bares y encuentros musicales en el departamento, la juventud se reencuentra en una nueva realidad. Si bien es una necesidad económica y laboral volver a abrir estos espacios, no debemos olvidar que el virus sigue vigente y es importante mantener ciertos protocolos a la hora de la reunión, algo que se torna muy difícil.

Tuve la oportunidad de acercarme a algunos espacios y charlar con personas que me contaron cómo se sentían, algunas de ellas me expresaron su incomodidad ante la situación, el no saber cómo interactuar, la incertidumbre del abrazo, si saludar cariñosamente o con el codo.

La virtualidad a la que nos tuvimos que adaptar los primeros meses nos acostumbró a hablarle a una pantalla, pude observar que se ha incrementado el uso del celular, muchas personas estando en la mesa con sus amigos y amigas, estaban con sus celulares casi todo el tiempo.

Por otro lado, está el porcentaje que se olvida de la «nueva normalidad», e inconscientemente no respeta distancias ni protocolos hasta que alguien se los dice y agradecen, porque realmente se olvidan. Es probable que en la euforia y la emoción de volver a las reuniones sociales estas cosas pasen desapercibidas por sus mentes.

También está el grupo que tiene todas las medidas y cuidados, que acude al lugar con su alcohol en gel, jabón para lavarse las manos y siente una pequeña incomodidad al estar compartiendo sin el barbijo puesto. Aunque, en mi opinión, es la minoría.

La juventud ya no tiene miedo, los medios hegemónicos han perdido tanta credibilidad que el miedo se está disipando. Pero, la comunicación directa con las personas en el plano físico, se ha tornado un tanto difícil. ¿Cómo se interactúa después de la virtualidad?

Es un proceso que, creo, va a tomar un tiempo. Lentamente volveremos a ser seres sociables, comunicativos. El aislamiento y el tiempo en casa nos acostumbró a mantener una comunicación virtual constante y, además, comunicarnos de manera directa con un pequeño grupo de personas, con quienes convivimos. Es difícil abrir la burbuja y volver a interactuar porque la «normalidad» ya no existe, se está transformando y nosotros con ella.

 


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