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24 diciembre, 2020

Las unas y los otros en Lavalle: los que estuvieron siempre en primera línea

  •   Por Juan Burba
           

Decir que el 2020 ha sido un año complicado es una verdad de perogrullo. ¿Quién iba a imaginar, el 16 de marzo, cuando Alberto Fernández decretó la cuarentena, que iba a llegar hasta fin de año?. Bicho del Diablo el Corona este.

“Bueno, ya le van a encontrar la vuelta”, “en julio volvemos a las clases presenciales”, el tema es la curva para que el sistema de salud aguante”, “hay que cuidar la salud pero sin descuidar la economía”, “pero mirá como le fue a Estados Unidos y Brasil”.

Y tantas otras frases que dijimos o escuchamos a lo largo del 2020. Y es que al bicho este no lo junaba nadie, entonces lo que fuera a hacer era una incógnita. Y parece que lo sigue siendo. De todas formas, aparentemente, que nos van a ir vacunando. En una conversa mas futbolera esta no sería una buena noticia. Pero si del corona se trata sin duda lo es. Que con la rusa te ponen el chip y te volvés comunista, que la de Oxford es mas elegante y te acostumbras a tomar el té a las cinco, que la Pfizer (que nadie sabe bien como se pronuncia) hay que traerla un un superfreezer que te lo conserva hasta al Walt Disney. Como sea, que se venga la vacuna que acá hay un bracito noble para recibirla, o eventualmente una nalga, quizás ya no tan noble, pero igual de dispuesta.

La cuestión es que a lo largo del 2020 hubo un montón de gente que le puso el pecho al asunto, y otro montón que la pasaron bastante mal. Quienes perdieron seres queridos, quienes se enfermaron y la pasaron pésimo, y quienes no la pasaron tan mal, pero se preocuparon mucho, mucho, pero mucho ¿eh?, de no contagiar a sus seres queridos, y sobre todo a los viejos y las viejas. Algunos otros, los menos, con una cuota menor de responsabilidad, no se portaron del todo bien y no siguieron los protocolos que recomendaron las autoridades. Y sobre el fin de año, el desbande. Entre el cansancio del encierro, el calor, la ganas de encontrarse con parientes y amigos y, por qué no decirlo, salir un poco de joda.

Pero hay quienes estuvieron al pie del cañón todo el año desde que comenzó esta cuestión. Y desde El Despertador, y por supuesto otros medios colegas del departamento, acompañamos a algunos de esos héroes y heroínas. Silvana Alvarado es agente sanitaria y se desempeña en el Centro de Salud de La Pega, de donde es oriunda, desde el 2009. Pero eso cambio este año ya que fue convocada por la conducción del Área Sanitaria departamental, para cumplir funciones, a cargo de uno de los grupos que integran la Brigada COVID en nuestro departamento. Con ella hablamos en varias oportunidades a lo largo del año y nos gestionó poder acompañar a la Brigada en sus recorridas, junto a sus compañeros de trabajo: María Elena Garro, Juan Luis García y Alberto Gómez, que se vio reflejada en una intensa crónica que publicamos en nuestras páginas.

 

Desde nuestros primeros contactos con Silvana su estado de ánimo fue sufriendo algunas transformaciones lógicas de la intensidad que tuvo que transitar. Las primeras semanas fueron, para ella, de mucha euforia: “me siento muy cómoda, porque me gusta mucho, me gusta la adrenalina, siempre voy adelante con los desafíos, no me gusta quedarme en un solo lugar, me gusta innovar” decía allá por agosto. Recordemos que el primer caso en Lavalle apareció el 11 de julio, y unos días antes comenzó el trabajo de la Brigada en todo el territorio departamental.

Con respecto a su familia, por aquellos momentos, Silvana agradeció su comprensión a la entrega: “mi familia lo entiende, saben que soy comprometida y responsable, y saben los cuidados que tengo”. Y en referencia a su grupo de trabajo, valoró, y lo sigue haciendo al día de hoy, el compromiso y la buena onda que tuvieron todo el tiempo. En agosto nos decía: “quiero destacar el compromiso de la Brigada en acompañar a la población, la empatía, hemos armado una red muy sólida y solidaria para cuidar a la comunidad, con paciencia, con calma para reflexionar y alegría para contagiar, hay que ir con una sonrisa, y dejarlos tranquilos, les sacamos todas las dudas, usamos palabras sencillas, de vecino a vecino y generemos confianza para que nos crean, y eso nos da fuerza para seguir trabajando”.

Cuando los casos en Lavalle comenzaron a explotar, y la Brigada comenzó a no dar abasto, (por esto el Área reforzó la capacitación de su personal y su cobertura para atender el Covid) encontramos a una Silvana desahuciada, a principios de noviembre: “la situación está critica, la gente no respeta ni el distanciamiento, ni el aislamiento, la Brigada ha puesto alma, vida y corazón, estamos trabajando todo el tiempo … se ha vuelto desbordante, es como que ya no tenemos familia, es todo Covid”.

Conversamos con Silvana esta semana para hacer una suerte de Balance del año. De agosto a esta parte, que parece poco tiempo, pero con la intensidad del año, la verdad que es montón. Nos decía: “no fue un año fácil, fue un año de aprendizaje, de cambios de nostalgia, un año que nos enseñó mucho a valorar lo más querido, que es la familia”. Nos dijo haber tenido que resolver un “balance trabajo/familia/sentimientos” y contó lo que ya relatamos: “en un momento era todo trabajo”, pero le fue encontrando la vuelta: “me puse un parate, porque está la familia y mi salud, porque si me enfermaba no iba a poder seguir”.

También nos contó detalles de su vida familiar y personal, que antes, por la vorágine Covid no habían aparecido. Su hija Pía, de 6 años, comenzó la primaria en este 2020, “su
maestra, y amiga, ayudó mucho en el proceso, fue maestra de todos mis hijos”. Su valoración sobre el equipo humano que integró fue constante: “en el trabajo hicimos un equipo excelente, compartimos muchas horas, fue muy grato trabajar con María Elena, Alberto, Juan Luis y todos los que pasaban cada semana por la Brigada”, esto último en referencia a enfermeros y agentes sanitarios que se capacitaban con la Brigada para realizar el trabajo en cada comunidad.

Su dinámica también afecto otros aspectos de la vida. Silvana estudia psicología social, pero estuvo desde agosto sin presentar prácticos ni otras obligaciones académicas. “Viste como es la mujer” nos decía, “que se va postergando, por los hijos, por la casa, por el trabajo por, la familia”. De todas formas nos contó que “esta última semana fue para ponerme al día con el estudio, por suerte mandé todo y rendí bien”. Nos contó también sobre su necesidad de descansar: “he terminado muy cansada, necesito vacaciones urgente, que voy a tener recién en enero”. Mencionó también que encontró una actividad de despeje: “descubrí el senderismo y respirar aire puro en esta pandemia, este fue mi cable a tierra”.

 

En la conversa nos dedicó un especial comentario: “quiero agradecer a El Despertador por acompañarnos, por hacer visible nuestro trabajo”.

Muchos y muchas dieron batalla

Vale la pena, también, rescatar a otras lavallinas y lavallinos que estuvieron vinculados a la lucha contra el Covid, o se vieron afectados, que pasaron por nuestras páginas, y que, como siempre, están disponibles en nuestro archivo en la web.

Rubén Guevara, trabajador de la Delegación Zona Sur y Lucía Núñez, Delegada en Tres de Mayo nos contaron como la pelearon desde los territorios.

Jésica Mazzeo, Coordinadora del Área de Salud y Roxana Giménez, Directora del Hospital Sícoli, siempre dispuestas a brindarnos información para plasmar en nuestras notas.

Inevitable, indescriptible y triste es hablar de quien dio la vida en esta lucha: Susana García, enfermera del Sícoli. Nuestro recuerdo y honores para ella.

Relatamos también en nuestras páginas el fallecimiento de Don Juan López, querido vecino del B° La Colmena en Jocolí Viejo, que fue víctima del colapsado sistema de salud de la provincia.

La iniciativas solidarias apenas comenzada la cuarentena, como las del personal del Centro de Salud de Lagunas del Rosario, las enfermeras Eduviges Molina, Verónica Molina y Martín Videla o del staff completo del Centro Integrador Comunitario (CIC) de Costa de Araujo, que afinaron su ingenio y empatía para cuidar, difundir y mejorar cada día su atención.

La Juventud Peronista de Lavalle, en las figuras de Jonathan Olguín, Juan Pablo Picco y Maxi Rolón que ofrecieron poner el cuerpo para que las personas mayores de nuestro departamento les puedan solicitar asistencias para hacer trámites o compras, sin que tengan que salir de sus casas.
A los y las jóvenes de los puntos solidarios, que hasta el último momento estuvieron atendiendo las demandas de niñas y niños de las escuelas, y atendiendo merenderos en los barrios de Lavalle.

Quienes dieron la batalla desde la educación, y que lejos estuvieron de estar “panza arriba”: Carlos Cañadas director de la escuela de El Retamo y Cristina Pizarro, directora de la escuela de Lagunita, peleando los bolsones de la DGE para las familias de esas comunidades. Paula Constantín, quien es mamá de tres niños, dos de los cuales son estudiantes de la Escuela “Policía Federal Argentina” de El Chilcal, Lorena Villegas, preceptora de la Escuela “Elvira Imazio de Cavagnola”de Tres de Mayo quien comentó su experiencia para acompañar a los y las estudiantes, Cynthia Pérez, docente de 6° grado de la Escuela “Juan Galo Lavalle”, que acompañó en la virtualidad a 72 niños y niñas, todos los días y es madre de tres hijos en distintos niveles escolares. Juan Torres es estudiante de sexto año de la Escuela “Tito Francia” de Jocolí, quien relató las dificultades de la educación virtual para quienes estudian en zonas rurales.
También es menester nombrar a jardincitos, como Payasitos, que son sus docentes Claudia Oribe, Luciana García, Gisel Videla, Cecilia Leda y María José Barceló y su directora Sandra, dieron enormes muestras de solidaridad con sus familias, en medio de la pandemia.

Finalmente recordamos la entrevista con Miguel Santana, lavallino que vive en Tierra del Fuego y que desde marzo está fabricando respiradores artificiales para todo el continente en la fábrica de electrodomésticos para la que trabaja. Nos decía allá a por junio: “yo lo veo como devolverle a la sociedad lo que la sociedad me dio, lo siento como una vocación de servicio y está bueno tener la oportunidad de devolverle algo a la gente”.

Seguramente estemos olvidando algunos nombres, de hombres y mujeres de Lavalle, que en este año tan particular supieron entender las claves: trabajo, ayuda, solidaridad, empatía, paciencia, tolerancia, y sobre todo mucho amor por el prójimo. Vaya para todas ellas, para todos ellos, nuestro más sentido homenaje, que hemos pretendido realizar desde nuestras palabras escritas, pero que sin duda, quedarán en la memoria colectiva de nuestro pueblo.


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