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La Región

20 abril, 2021

La extraña historia de una mujer que desapareció camino a Lavalle y apareció en Misiones

  •   Por Franco D´Amelio
           

Lo que pudimos rastrear y lo que nos dijo la familia en relación a este caso.

Noelia Dávila Roux (28) salió en su casa de Los Corralitos, Guaymallén, diciéndole a su madre Sandra que se iba al cumpleaños de una amiga en Lavalle junto con sus hijos Dylan Díaz (9) y Aarón Díaz (8) el 1 de febrero de 2020. Se quedaría a dormir y volvería al día siguiente. Su madre le anotó su número para que al llegar le pidiese el teléfono a su amiga para avisarle que había llegado bien (dado que a Noelia se le había averiado su celular).

Sin embargo, nunca ocurrió ese aviso. Pasaron los días y Sandra intentó poner la denuncia por averiguación de paradero en la fiscalía n° 19 de Rodeo de la Cruz, pero “no me la quisieron tomar porque decían que ella era mayor y podía ir donde quisiera”. Recién el 28 de febrero se la tomaron “y lo hicieron porque llevé pruebas de que ella era víctima de violencia de género, pero en la denuncia sólo pusieron averiguación de paradero” afirma Sandra Roux.

Luego de meses de una búsqueda épica que nos recuerda a la silenciosa averiguación que hizo la familia de Soledad Olivera en Lavalle, finalmente Sandra y su esposo tuvieron de a cuentagotas ciertos datos que arrojaban más preguntas que respuestas.

La pareja de la mujer tampoco daba señales de vida.

Se determinó que alguien estaba cobrando la AUH de los niños, pero después de que la fiscalía liderada por el Dr. Gustavo Pirrello lograra hacerse de los videos del cajero automático, al parecer estarían “inutilizables”.

La familia asesorada por el abogado Fernando Peñaloza logró averiguar que en la fecha de la desaparición Noelia había sacado pasajes de colectivo con destino a Córdoba. Luego la CNRT confirmaría que estuvo en esa provincia y luego en otras más al norte.

Así fueron transcurriendo los meses con la desesperación no sólo de no saber sobre Noelia y los dos pequeños, sino con una pandemia azotando fuertemente el planeta.

Los agravantes

Así mismo había algo que sumaba una gran carga de preocupación: Ariel Figueroa (44), pareja de Noelia Dávila, tenía sobrados antecedentes de violencia de género. Una vez el padre de la desparecida lo denunció pero la víctima -como suele ocurrir en estos casos- negó los hechos.

Es más, unos días antes de la desaparición el hombre le habría propinado una paliza con patadas en el piso a la joven madre.

De hecho, Sandra comenta que el sujeto tendría antecedentes por intento de secuestro de una menor, lo cual lo habría llevado a vivir unos años fuera de la Provincia hasta que hace unos cinco años habría retornado debido a la defunción de su madre. Tiempo después inició su relación con la mujer desaparecida y sus pequeños.

En el camino se enteraron de que su hija estaba cobrando el IFE.

Finalmente, en noviembre le llegó la información de que sus nietos habían sido inscriptos en la Escuela n° 133 “Hugo Waldemar Von Zaschau” de la localidad misionera Jardín América a fines de febrero. Pero que acudieron a clases dos días y luego, comenzada la cuarentena obligatoria, se perdió contacto con ellos.

El aplauso de Walsh

Hace unos días Sandra y su esposo sintieron que la luz de la esperanza volvía a brillar en sus ojos: el llamado de un periodista de Misiones que afirmaba haber conocido a la familia ausente.

Nos pusimos en contacto con el colega Esteban González, corresponsal del diario El Territorio en Jardín América, a unos 100km de Posadas.

El joven profesional le comentó a Sandra que su hija, los niños y Figueroa alquilaban una pequeña habitación frente a la radio donde él trabaja. Si bien no tuvo mucha relación con ellos, sí los conoció brevemente ya que les tramitó el IFE dado que ellos no tenían celular.

Supo que al poco tiempo se habían mudado sin saber más, probablemente porque estaban sin trabajo y adeudando alquiler.
Hasta ese momento desconocía que esos mendocinos eran buscados incansablemente desde su tierra, pero colaboró recientemente realizando una nota para contar la situación.

Gracias a la difusión que tuvo el artículo virtual la policía misionera identificó el pasado miércoles a Noelia Dávila, Ariel Figueroa, Dylan y Aarón Díaz en la capital provincial.

Según las primeras observaciones policiales todos se encontrarían en buen estado de salud, pero aún faltan los informes de las pericias médicas y psicológicas.

Más allá de eso, la realidad es que fueron encontrados no por una investigación de la Justicia mendocina, sino a partir de la ayuda de este joven periodista comprometido, quien afirmó: “estoy re contento de que pude en algo aportar para que ellos fueran encontrados, es una satisfacción muy grande saber que están vivos y por lo menos Sandra pudo saber de su familia después de más de un año…Espero que pronto puedan encontrarse…”

El Estado es responsable

En Mendoza ciertas dependencias públicas ya usan -e incluso recomiendan- el “lenguaje inclusivo” y organizan innumerables eventos entorno a la violencia de género, pero es en casos como los de Noelia (o más tristemente Soledad y Johana) que las máscaras políticas superficiales se caen y se revela que el Estado en su rol fundamental tiene graves (¿y voluntarias?) falencias.

ED: ¿Cómo calificaría el rol de la Justicia y las autoridades mendocinas en este caso?

Sandra Roux: “Mala, pésima diría, porque ellos no hicieron absolutamente nada. Con el fiscal (Pirrello) hablé una sola vez en septiembre u octubre del año pasado por videoconferencia que hizo el abogado y de ahí no tuve más noticias ni de la fiscalía ni de Investigaciones.

El fiscal lo único que me dijo es que yo tenía la culpa de que ellos no encontraran a mi hija porque yo había ido a poner la denuncia 27 días tarde, pero yo les expliqué no me habían querido tomar la denuncia antes.
Hay un policía de Investigaciones al que le he enviado todo este material, todo lo nuevo y no he tenido ni una mínima respuesta de ninguna autoridad en Mendoza”.

Más preguntas que respuestas

Si bien Sandra y su esposo se alegraron mucho por la noticia, el siguiente dato les generó malestar: Noelia afirma que está bien y no quiere volver.

Días antes del hallazgo la información era que ella con los niños vendían pulseras en la costanera misionera para subsistir y que vivirían en la indigencia.

Considerando esto y todos los antecedentes de violencia de Ariel hacia la madre y sus hijos, Roux afirma: “a mí me resulta muy extraño, nadie me deja hablar con ella, no me han dejado hacerle una videollamada. Él se la llevó allá diciéndole que tenía un terreno grandísimo y auto…se la llevó con mentiras…mi hija cuando estaba conmigo sola era distendida y divertida, pero cuando estaba con Ariel se la notaba tensa, cada vez que decía algo lo miraba a él, si a los chicos se les caía algo lo miraban asustados a él”.

“Me duele saber que mis nietos están pasando necesidad allá siendo que acá tienen una casa, pero seguiré peleando para poder verlos”.


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