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27 mayo, 2021

Lavalle: luces y sombras del presupuesto participativo

  •   Por El Despertador
           

Esta semana, para muchos de los medios de Lavalle, que trabajamos en coordinación, tuvo una particularidad. Llegaron varios reclamos de vecinos y vecinas sobre falta de regularización
de las conexiones eléctricas en muchos hogares de Jocolí, deficiencias y demoras en la atención del Hospital Sícoli, contaminación por basurales en La Pega, estado de las calles en
varios distritos del sur del departamento, el no cumplimiento de obras comprometidas en el presupuesto municipal, y otras que siempre están a la orden del día. Hoy nos ocuparemos de las que se relacionan con el Presupuesto Participativo que también fue motivo de reclamos puntuales y que merece un debate.

Esta semana, para muchos de los medios de Lavalle, que trabajamos en coordinación, tuvo una particularidad. Llegaron varios reclamos de vecinos y vecinas que encuentran vulnerados sus derechos y acuden a nosotros y nosotras para exteriorizarlos. Falta de regularización de las conexiones eléctricas en muchos hogares de Jocolí, deficiencias y demoras en la atención del Hospital Sícoli, contaminación por basurales en La Pega, estado de las calles en varios distritos del sur del departamento, el no cumplimiento de obras comprometidas en el presupuesto municipal, y otras que siempre están a la orden del día.

Vamos a detenernos en esta última para analizar con mayor profundidad una política pública municipal muy acertada, con más luces que sombras, pero que ha perdido fuerza en los últimos años y quizás se desvió un poco del rumbo inicial. Obviamente la pandemia, que condiciona la posibilidad de que la gente se junte, ha tenido que ver con este hecho, pero hay otras cosas que son más difíciles de explicar. Estamos hablando de los proyectos de Participación Ciudadana en general y del Presupuesto Participativo en particular.

Esta semana los y las colegas de Guanacache Noticias recibieron reclamos sobre la situación de las luminarias en El Chilcal. Así lo expresaron en un «pirulo» su habitual boletín que cada semana reciben miles de lavallinas y lavallinos a través del Whatsapp.

El reclamo sintetizaba un reclamo por la iluminación de la ruta 24 en el tramo entre el barrio Cooperativa y la Cruz Negra» que salió ganadora del Presupuesto Participativo. El reclamo ponderaba el hecho de la participación, pero sostenía que «hasta el día de hoy no tenemos la obra tan necesitada por los vecinos, sólo se construyeron las bases de cemento». Y lo contrastó con que «sin embargo, se iluminó rápidamente los silos que se encuentran cercanos a La Pega, de muy reciente construcción, como también el reemplazo de columnas y farolas por otras nuevas, sobre Ruta 24, cercanas a Villa Tulumaya».

Vamos a aprovechar esta denuncia en particular para realizar un análisis en perspectiva de lo que viene siendo el Presupuesto Participativo, desde sus inicios allá por el 2016.

Los primeros pasos

Ese primer año (2016/2017) arrancó como una prueba piloto, según lo decían los propios promotores de la idea al interior de la comuna, ya que había que al resto de los funcionarios y a los otros sectores de que era una buena iniciativa.

Así fue que aquel año arrancó bajo la modalidad de Presupuesto Participativo Joven (podrían presentar propuestas grupos compuestos de personas entre 16 y 30 años de edad), con un monto total de 480 mil pesos (6 proyectos de 80 mil pesos), destinado sólo a la compra de materiales, ya que la mano de obra se iba a aportar desde el personal del municipio, lo que en términos globales terminó significando un total de 1 millón de pesos aproximadamente. Fue implementado en 6 distritos: Jocolí, El Plumero, La Pega y B° Andacollo en Tres de Mayo y la Delegación de Alto del Olvido que abarca los distritos Oscar Mendoza, San Francisco, Colonia Italia, La Palmera y Alto del Olvido.

En ese primer momento la propuesta tuvo como objetivo «la intervención de la ciudadanía en la toma de decisiones respecto de la asignación de un porcentaje de los recursos del presupuesto municipal para financiar proyectos generados por jóvenes de cada lugar». A partir de un proceso de reuniones comunitarias en varias etapas, las familias de cada distrito votaban su proyecto preferido. Las etapas eran: Asamblea Informativa, Asamblea de Elaboración de Proyectos, Asamblea de Presentación de Proyectos a la comunidad y Asamblea de Votación.

En esos primeros momentos los vecinos y vecinas de cada lugar se volcaron por opciones (tanto las ganadoras como las presentadas) que tienen que ver, fundamentalmente, con lo recreativo: acondicionamiento y creación de espacios verdes, compra de material deportivo, obras para ejercicio físico o actividades lúdicas o culturales.

La Municipalidad puso toda la carne al asador. A cada reunión asistían técnicos y funcionarios municipales, concejales, delegados municipales y referentes de los distritos, en un proceso muy jugado y de aprendizaje para todos. Los y las protagonistas de los proyectos ganadores acompañaron todo el proceso de ejecución de mismo: la compra, las licitaciones, el armado de pliegos, la apertura de sobres y la elección de calidad de materiales.

Así es que ese primer año se realizaron mejoras en el salón del Club Don Bosco de El Plumero, una cancha de fútbol en el B° Andacollo de Tres de Mayo, compra de material deportivo para varios lugares de la Delegación de Alto del Olvido, el acondicionamiento de un espacio público de San Pedro, Gustavo André, la compra de materiales y aparatos de gimnasio para Jocolí y el reacondicionamiento del Playón de La Pega.

Los promotores y promotoras de esta primera vez evaluaron: «esta experiencia o prueba piloto, nos permitió comprobar que los vecinos del departamento de Lavalle estaban interesados en participar y exponer sus propuestas, ser parte de la toma de decisiones del presupuesto municipal, buscando generar mejoras».

Segundo round

En el 2017/2018, con una propuesta mucho más consolidada, y que ya tenía más aval interno en el municipio, se largó con la segunda tanda. Esta vez con dos ideas: la modalidad Joven, como en el inicio, y el Presupuesto Participativo Vecinal, donde ya podían presentar sus propuestas grupos de vecinos de cualquier edad.

Debido al éxito de la propuesta en su primer año, tanto hacia la comunidad como al interno, fue iniciativa del Gobierno Municipal, ampliar el monto destinado a esta nueva política de gestión. Pasando de 80 mil pesos a 120 mil pesos destinados a proyectos de Presupuesto Participativo Joven y destinando 300 mil pesos a los proyectos del Presupuesto Participativo Vecinal.
Los lugares elegidos fueron: La Bajada, Jocolí, Jocolí Viejo, Gustavo André, Alto del Olvido, y el sector de Sguazzini en Tres de Mayo para el Presupuesto Participativo Joven; y La Pega, Jocolí, Gustavo André, El Carmen, Alto del Olvido y Tres de Mayo para el Vecinal. En este momento aparecieron algunas demandas: ¿y para las comunidades del Secano cuando?, se preguntaban algunos y algunas.

En esa oportunidad los proyectos ganadores siguieron con la temática recreativa y deportiva. Muchos de esos fondos fueron para arreglar o crear espacios verdes, comprar materiales deportivos o instrumentos musicales. Pero uno de ellos tomó otro cariz: en La Bajada el proyecto ganador planteó la colocación de luminarias a lo largo de casi 2 kilómetros sobre calle Lamadrid. Esta rareza, en esta oportunidad, se transformaría en una tendencia al siguiente año.

La tercera… ¿es la vencida?

En el 2018/2019 el presupuesto destinado para el Presupuesto Participativo fue de 6 millones de pesos para los siguientes distritos: El Chilcal, La Palmera, San Francisco, Colonia Italia, Jocolí, Jocolí Viejo, Gustavo André, el B° 22 de Abril de Costa de Araujo, el B° Dorrego Sur de Villa Tulumaya, y el B° Aconcagua de Tres de Mayo. Una vez más ¿y el secano?

En esa oportunidad la tendencia, según anunciamos más arriba, no tuvo que ver tanto con lo recreativo, sino con obras de servicio que los distritos van demandando. Es el caso, por ejemplo, que origina esta nota, el del alumbrado público en El Chilcal. También se puede mencionar obras de cuneta badén con cordón en Costa de Araujo, veredas en Gustavo André, alumbrado público en el B° Jarilleros de Jocolí Viejo y la ampliación de un jardín maternal en Tres de Mayo. Es decir, la mitad de los proyectos elegidos (5 de 10) fueron para obra pública de servicio más que recreativa, como lo fue en los primeros momentos.

A su vez, de esas obras, un quincho con plaza para el B° Dorrego Sur de Tulumaya, arreglos en el «Alero Huarpe» de Jocolí donde los y las Adultos Mayores de ese distrito realizan actividades, un quincho en San Francisco y las mentadas luminarias de la Ruta 24 en El Chilcal, son obras de esa tanda que todavía están sin concluir.

A modo de conclusión y reflexiones

Sabemos que los y las funcionarios municipales a cargo del Programa tomaron nota de esta situación. Incluso fueron conscientes desde el principio que todo lo vinculado al Presupuesto Participativo es un buen termómetro para medir los ánimos y las ganas de la gente y el desarrollo de sus distritos. Sabemos también que el secano está en los planes, y que en virtud de la pandemia no se pudo avanzar, por la imposibilidad de juntar personas.

Con seguridad afirmamos que el Presupuesto Participativo es una de las políticas municipales más acertadas de los últimos tiempos, con una clara intención de transparentar el uso de los fondos públicos y dar participación a la comunidad en las decisiones sobre cómo invertirlos. Sin duda es el camino, desde la mirada estatal, para construir una sociedad donde la participación ciudadana no se limita a concurrir a las urnas cada 2 años.

Pero en particular en Lavalle hay que darle una vuelta de rosca. Que una parte de unos pocos fondos públicos que se proponen debatir con la sociedad tengan que ir a cubrir obras públicas que son de servicio, que suelen ser onerosas, y que hacen a la mejor calidad de vida en cuestiones básicas, es parte de lo que comúnmente se llama «teoría de la frazada corta»: para taparme la cabeza me destapo los pies.

Debemos rescatar además que es una política con un espíritu profundamente federal, ya que se llevó adelante en los distritos, e incluso en lugares alejados o vulnerables de los mismos distritos. Pero en contraposición tenemos un gran volumen de obra pública en los centros urbanos, básicamente Villa y Costa, que no se debaten con la sociedad.

El Parque de la Niñez es una obra maravillosa que nadie podría cuestionar. Pero ¿podemos, lavallinos y lavallinas, debatir acerca de la necesidad de hacerla en un lugar y momento dado?. ¿El dinero invertido en las remodelaciones de las plazas principales de Villa y Costa podrían haber solucionado problemas de cordón cuneta, veredas o luminarias en otros distritos? ¿Se podría haber priorizado la iluminación pública de la Ruta 24 en El Chilcal, votada por los vecinos y vecinas del lugar, a la iluminación frente a un importante emprendimiento porcino privado en La Pega?

Es fundamental que el Presupuesto Participativo, apenas lo permita la pandemia, siga funcionando en nuestro departamento. Pero también es fundamental repensarlo en varios sentidos. Desde esta nota no tenemos la receta, quizás sí algunas preguntas: ¿Qué tipos de obra deben discutirse en las instancias ciudadanas?, ¿con qué montos?, ¿cómo es la manera de priorizarlas? El termómetro del que hablábamos es una excelente herramienta para pensar políticas públicas, pero la opinión de la sociedad pueden reforzar el rumbo de la gestión o hacerle un llamado de atención sobre algunos caminos que se van decidiendo.

Creemos que quienes llevan adelante estas propuestas (por que podrían no hacerlo) tienen la firme intención de transparentar el uso de los fondos y escuchar las demandas de la ciudadanía. Seguramente, con algunos ajustes necesarios, estemos en ese camino.

 


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