Despertador Online

El diario del Oasis Norte de Mendoza

La Región

21 julio, 2021

¿Es incorrecto no vacunarse contra el COVID-19?

  •   Por Franco D´Amelio
           

El pasado jueves el gobernador Rodolfo Suárez realizó tuits donde informaba que más del 40% de los mendocinos entre 30-40 años no han asistido a su turno de vacunación contra el conocido virus, algo que lo “alarma”. En base a esto nos preguntamos, ¿está mal no querer inocularse con estas vacunas?

El pasado jueves el gobernador Rodolfo Suárez realizó tuits donde informaba que más del 40% de los mendocinos entre 30-40 años no han asistido a su turno de vacunación contra el conocido virus, algo que lo “alarma”. En base a esto nos preguntamos, ¿está mal no querer inocularse con estas vacunas?

Los tuits

Estas tres declaraciones fueron hechas desde la cuenta oficial de Twitter del mandatario el pasado jueves.

“Mientras la Provincia avanza a buen ritmo con su plan de vacunación contra la Covid-19 con un promedio de 20 mil turnos diarios otorgados, hay un dato de las estadísticas que nos alerta. Los adultos entre 30 y 40 años son los que menos están asistiendo a vacunarse”.

“La información oficial nos dice que de 285.498 personas de ese segmento sólo han asistido a vacunarse 168.565, lo que representa el 59,04%. Ante esta situación, el Gobierno de la provincia insta a la población a que asistan a inocularse en el turno asignado”.

“La vacunación es la vía más segura para que Mendoza logre mayor inmunidad frente a esta enfermedad. Vacunarse permite mantener la economía abierta, protegiendo el empleo y la libertad…”

Análisis

La resistencia en esa y otras franjas etarias no es sólo mendocina. Según un sondeo de Backbone consulting, en febrero de 2021 el 57% de los franceses de ente 25 y 34 años rechazaba la vacuna.

Dentro de las razones por las que existen resistencias en el mundo entero está la desconfianza de posibles efectos adversos a corto o largo plazo y también la duda con respecto a que los beneficios sean mayores a los riesgos.

Desglosando las declaraciones de Suárez, vemos que al decir “la vacunación es la vía más segura para que Mendoza logre mayor inmunidad frente a esta enfermedad” el discurso oficial refleja una confianza plena en estos componentes para volver a la ¿posible? normalidad.

Sin embargo, dos experiencias ponen en jaque este supuesto. El Estado de Israel fue uno de los ejemplos de mayor velocidad de vacunación en el planeta, logrando en abril la abolición de los barbijos en lugares públicos abiertos y en junio en cerrados (salvo excepciones).

Pero en las últimas semanas ha debido volver atrás con las restricciones no sólo por el aumento de casos, sino también porque la mitad de los “hospitalizados en Israel en estado grave están vacunados” y por ello las autoridades israelíes están pensando en una tercera dosis de Pzifer, según informa Ámbito Financiero.

En tanto, en Inglaterra, los datos de Public Health England informan que de las 117 muertes provocadas por la variante Delta hasta el 21 de junio, “el 43%, habían recibido ya las dos dosis de alguna de las vacunas disponibles en el país”, según informa El Liberal.

Estas cifras coinciden con las israelíes y ponen en cuestión la teoría de que la vacunación indefectiblemente reduce la mortandad por COVID-19.

Opiniones y testimonios

V.S. tiene un comercio en Villa Tulumaya y opina al respecto: “todavía no nos vacunamos ninguno de mi familia (…) y es porque todavía a nosotros no nos queda claro qué consecuencias trae ni qué no…no nos hemos vacunado porque no me terminan de convencer de que es para un bien y no para que después te traiga consecuencias…hablaba con una mujer que su hija tiene las dos dosis y la pasó muy mal, estuvo con neumonía, bastante complicada, no estuvo internada pero sí muy mal…por eso no me quiero vacunar sinceramente”

M.Z. (32), es estudiante universitaria y bailarina profesional, reside en el Gran Mendoza. Ella comentó una vivencia más cercana: “mi papá justo el día que se iba a vacunar se enteró que un amigo cercano, que es como un tío para mí, se había vacunado con la Sputnik y al parecer ya tenía COVID al momento de vacunarse. Por lo que a las 72 hs. tenía insuficiencia respiratoria, lo hospitalizaron y estuvo 46 días en terapia, le hicieron una traqueotomía, ha quedado con secuelas, todavía está con rehabilitación.

Yo no creo ahora en estas vacunas, pienso que somos ratas de laboratorio…me parece que ha pasado muy poco tiempo…y no sabemos qué trae…por el momento yo no pienso vacunarme, tal vez en un futuro sí, tengo muchísimas dudas”.

Esto no significa que la vacuna no haya cumplido su función, sino que habría sido colocada a una persona ya infectada. Lo relatado por esta última entrevistada es factible, dado que la manifestación de los síntomas de la enfermedad suele demorar entre 48 y 72hs.

Caso semejante le habría ocurrido a la conductora Susana Giménez, quien estuvo 15 días hospitalizada a 10 días de haberse inoculado. Según explican especialistas del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés), «por lo general, el organismo demora algunas semanas en generar inmunidad después de la vacunación».

En la humilde opinión de quien escribe, tanto la decisión por inocularse como la de no hacerlo son respetables y deberían estar libradas a la exclusiva responsabilidad de cada individuo o sus guardas sin poner ningún juicio de valor sobre ello.

Pero bajo ningún concepto se debería condicionar desde una suerte de discurso único, como si vacunarse fuera una obligación moral, recibiendo presiones de medios y gobiernos.

Así podría interpretarse los intentos de “convencer” a los docentes que no han querido inocularse, como lo declaró meses atrás el propio director general de escuelas, José Thomas.

O, mucho más cuestionable, lo anunciado a principios de julio en la provincia de Córdoba. Allí, el secretario general de la Gobernación, Julio Comello, dijo a Cadena 3 que los empleados de la administración pública provincial mayores de 60 años o con comorbilidades que rehusaran a vacunarse serían licenciados sin goce de sueldo.

Es decir, a alguien que está a cinco años de poder jubilarse se los deja sin sus ingresos si utiliza el derecho a disponer de su cuerpo decidiendo no vacunarse.


  • Comentarios

    Relacionadas