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El diario del Oasis Norte de Mendoza

La región hace escuela

3 agosto, 2021

50° aniversario de la biblioteca Pujadas: «Más libros, más libres

  •   Por El Despertador
           

Leo Miranda

La conocí en el 1998 cuando comencé a trabajar en Lavalle estrenando mi título de Ingeniero Agrónomo en el INTA. Al poco tiempo ya era socio, asiduo visitante y lector de maravillosos libros que la habitaban. No dejaba de sorprenderme la riqueza cultural que yacía en ese lugar. No conocía otro lugar en donde los libros descansaran y transitaran con tanto cariño. Varios salones y estanterías llenas, ordenados, catalogados, cuidados y reparados, siempre expectantes de algún lector en búsqueda de historias, de sensaciones, de viajes, de encuentros con el mundo. También estaban esos luminosos mesones para desplegar carpetas, cuadernos, cartucheras y ser el lugar apacible y preciso para el estudio y las tareas de la escuela.

Transcurrieron los años, mi vida familiar se fue consolidando en la Villa, conjugando mi trabajo con la vocación solidaria, los proyectos sociales y la entrega para el bien común. Con un grupo de amigos entrañables, entre los que estaban el Jorgito Abalo y el Víctor Rivera, pensamos que podíamos aportar en la gestión de la Biblioteca. Con el mecanismo administrativo establecido armamos una lista postulante y nos presentamos en las elecciones ordinarias que cada 2 años se realizan para rendir cuentas y renovar autoridades.

 

Así nos pusimos con un inestimable grupo de amigos y amigas a trabajar en la Biblio. Las gestiones anteriores habían consolidado un espacio público ya reconocido en la sociedad lavallina, con un hermoso edificio, muy bien ubicado y equipado para prestar un servicio esencial. Sobre esa base decidimos, junto a la Mónica Mendoza y la Lorena Guiñazú desarrollar una línea conceptual de trabajo que consistía en ABRIR la Biblioteca. ¿De qué se trataba? De generar otras actividades, más allá del préstamo de libros, que acercaran a todos aquellos que nunca habían visitado la Biblioteca y para quienes la lectura era algo ajeno, circunstancial o pasajero. Para ellos y ellas comenzamos a incluir en el calendario de trabajo numerosas actividades a partir de la colaboración de decenas de lavallinos y lavallinas comprometidos con la cultura y el arte. Así comenzamos a dictar talleres, jornadas, encuentros, todo tipo de acciones, que en principio parecían que nada tenían que ver con lo que hasta ese momento se hacía en la Bilbio. Recuerdo un verano de mesa de ping pong en la vereda y de proyección de películas en la parte lateral que daba hacía la Municipalidad. Recuerdo talleres de artesanías, de dibujo, charlas de diversos temas en las noches, recitales, clases de guitarra, coro de adultos y de niños, cine debate, cursos que se dictaban en los salones, entre tantos etcétera que sería largo relatar. El Marito Lucero nos regaló su arte en ese hermoso mural del frente, que da cuenta de la historia de Huanacache.

Fue así que empezamos a aumentar la cantidad de socios y la circulación de libros se incrementó notablemente. Muchas personas que llegaron por alguna de esas actividades conectaron con algún libro, con alguna lectura pendiente y que de pronto quedaba al alcance.

Alguien dijo alguna vez: «…se pueden hacer muchas actividades, incluso hasta prestan libros!». Dando cuenta de la diversidad de la propuesta y de la apertura conseguida.

La Biblio empezó a tener amigos y amigas, colaboradores que se ofrecían para lo que fuera, así fue que se pintó, se reordenaron los salones de lectura, se recuperaban libros prestados, se cobraba la cuota social y se proponían actividades que permitían poner la Popular al servicio del pueblo, es decir, cumplir con su razón de ser.

La Anita Vega, El Pablito Díaz (churro) y la Natalia Andrada maravillosas personas que hicieron un aporte muy valioso al ser la cara visible de la Biblioteca y generar esa empatía que como institución necesitábamos tener con los vecinos y vecinas.

Recuerdo cuando gestionamos la llegada a Lavalle de un personaje muy simpático que recorría el país con su «Arma de Instrucción Masiva», un viejo Falcon acondicionado como biblioteca ambulante que regalaba y recibía libros en cada comunidad que visitaba. Muchas historias como estas nos llenan de felicidad a la distancia.

Llegaron años (2006, 2007, 2008, 2009) de mucha inversión del Gobierno Nacional para las Bibliotecas Populares, la CONABIP, siempre que tuviéramos los papeles al día, nos financiaba pasajes, estadía y dinero para comprar en la Feria Internacional del Libro. De esa manera incrementamos notablemente el patrimonio de la Biblioteca en varios miles de ejemplares. De pronto las estanterías no alcanzaban y debíamos reemplazar libros usados por nuevos y comenzamos una etapa de donación de libros a otras bibliotecas, escuelas y a los mismos vecinos que se acercaban a elegir qué libro llevarse. Las cuentas ordenadas nos permitieron acceder a numerosos subsidios provinciales y nacionales con lo que equipamos con mobiliario, multimedia, sala de informática, realización de actividades gratuitas y la posibilidad de enriquecer nuestra tarea conociendo y trabajando con las otras Biblios de la provincia y del país. El gran pendiente fue la construcción de la Planta alta para la cual ya teníamos los planos y un expediente iniciado.

El equipo que gestionaba la Biblio siempre pensó que debía producirse un recambio, que nuevas caras y nuevas ideas debían quedar a cargo. Luego de 4 años habíamos logrado entusiasmar a un numeroso grupo de jóvenes que estaban dispuestos a continuar con la tarea, a mejorar lo que en nuestro paso pudimos hacer y poner su tiempo y energía en la conducción de esa noble institución que pertenece al pueblo, de allí su carácter de popular. Así fue que dimos pasos a otros y estos a otros para que con trabajo voluntario y comprometido podamos ser parte de la vida y de la historia de estos 50 años.

Hay en Mendoza y en muchos lugares del País, Bibliotecas Populares centenarias, humildemente quiero pedirle al pueblo de Lavalle que colabore con la Biblio para empezar a construir los próximos 50 años y que estos sean muchos más prósperos, virtuosos y populares para seguir ofreciéndole al pueblo de Lavalle un necesario servicio cultural, imprescindible en estos tiempos.

El aporte que ha realizado la Pujadas a la sociedad lavallina es inconmensurable, muchísimas personas reconocemos pequeños grandes momentos de felicidad gracias a ella. De eso se trata, del pueblo feliz y de la grandeza de la patria.

La llevamos en el corazón y en la memoria.

 


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