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El diario del Oasis Norte de Mendoza

Titulos

4 septiembre, 2021

Silvia Minoli y la dignidad de las nadies

  •   Por Jorge Abalo
           

Hoy, Silvia vive en un edificio de la ciudad de Mendoza. Me explica donde queda y comprendo que es bastante céntrico, pero lo suficientemente alejado como para transitar una vida sencilla y tranquila. Es una torre alta y para entrar debo pedir permiso. Siento que le ha quedado, tal vez en forma inconsciente, algo de temor de la época en la cual tenía custodia en su casa de Lavalle, porque en algún momento y de algún oscuro rincón partían amenazas hacia ella.

Subo por el ascensor y apenas salgo de él, me recibe de manera sumamente afable, como es ella. Admito que cuando la veo, siento una admiración profunda y no lo digo por simpatía, sino porque para mí es una referente. Y es todo muy loco, porque una de las primeras cosas que me dice, cuando hablamos para quedar de acuerdo en este encuentro, es que ella, sentía una profunda admiración por mi viejo. Que cuando iba a escuchar los juicios (NdR: de lesa humanidad), le gustaba escucharlo al Ramón. Siento así, que la vida es circular.

Es un departamento pequeño y no tiene comparación con la casa en Villa Tulumaya, a la que varias veces fui por distintos motivos. Me dice –esto es mi departamento, la cocina, este living, la habitación y nada más. Yo agrego –tenés un parque hermoso-, asiente con la cabeza, y agrega que es sumamente feliz en ese rincón. –Tengo lo que necesito- Nada más.

Ya tiene la pava lista con el agua calentita y me ofrece té. Charlamos un poco y le cuento que la intención es precisamente dialogar para saber cómo es su vida ahora. Qué tiene de diferente esta Silvia de la de antes. Tal vez nada, tal vez todo. Tal vez el hecho de que como a algunas personas, sin querer, se encontró en una situación extrema en un tiempo complejo.

Le digo que tiene que escribir y me dice que sí, que está por escribir un texto relacionado al 4 de setiembre, porque asiente con firmeza que en las escuelas no se conmemora «el día provincial de la construcción colectiva de conciencia ciudadana», que pasa desapercibida. –Quiero escribir para que este 4 de setiembre no se conmemore un día antes, o el mismo día a las disparadas- (Nota de redacción: 4 días después de esta charla llegó a las escuelas un memo para recordar el día). Lo que está ocurriendo con las jóvenes es muy grave. Está claro que siempre ha pasado y ahora es más visible, ahora se sabe, pero cada vez aparecen chicas más jóvenes. ¿Has visto lo que ha pasado con Lucía?

JA: Sí, y viendo todo lo que sucedió en estos días con ese caso y las reacciones que ha habido, más allá del oportunismo político de algunos, la reacción de la familia es bastante entendible… (A qué reacción te referís? Contextualizar).

SM: Sí, por supuesto, es completamente entendible. El problema son los legisladores que deberían tener otra postura, qué quieren decir cuando sostienen “hay que poner mano dura”. No hay peor mano dura que la de la dictadura y no hay peor caos que el desatado en esa época. La pregunta que les hago a esos legisladores, ¿ha dado resultado? No. Los gobiernos tienen que invertir en educación, en salud, en acompañar a los niños cuando son niños en sus problemas. Mirá el caso del Mariano Luque, él estaba acostumbrado a quemar animales en el fondo de la finca.

JA: Bueno, de hecho de las veces que entraron encontraron huesos de animales…

SM: sí, pero se les pasó un metatarso de una persona de entre 11 y 18 años, no podían saber si era varón o mujer, pero hueso humano.

Casi naturalmente, Silvia me introduce en el tema de Johana y comenzamos a hacer un recorrido prácticamente cotidiano. La mayoría de los hechos los conozco, porque los describí tantas veces, pero Silvia claramente nos adentra en el detalle.

JA: Aprovecho y te llevo para el lado de la justicia. ¿Qué tan groseros fueron los errores de la justicia a la luz de los hechos y haciendo una mirada retrospectiva?

SM: ¡uff!, fueron tremendos los errores de la justicia! Tremendos. Yo siendo una simple maestra me daba cuenta de ello. Yo le decía a uno de los fiscales que hiciera tal o cual pericia. Pero, ojo, no estoy en contra de los fiscales en general, sino del modelo de justicia.

JA: Sí, pero hubo un fiscal que era Darío Nora, que directamente no actuó y terminó siendo “cómplice”…

SM: Sí, por supuesto. Ese era para el juicio político, pero lo salvaron. Lo salvaron los legisladores y sus propios compañeros.

JA: Fue extraño lo de algún juez…

SM: Exacto, sí, sí abogado de derechos humanos…

JA: El título sería, lo poderosa que es la corporación judicial.

SM: Es yo te salvo a vos, porque vos después me vas a salvar a mí.

JA: Una especie de código no escrito, pero que es muy efectivo, y una justicia que actúa de una manera con la gente pobre, los invisibles y otra diametralmente diferente con los que tienen.

SM: Exactamente.

Una vida liviana, pero no light

Silvia es una persona sencilla. Se la ve liviana, como deslizándose por la vida. No siempre fue así. Le tocó asumir una situación que casi le cuesta la vida.

JA: ¿Extrañás la escuela?

Silvia: No negro, no extraño la escuela. Me encantó estar en cargos directivos, y si bien perdés el contacto directo con los niños y tenés otra responsabilidad, terminé mi vida activa con un ACV, diez días después de presentar los papeles de mi jubilación. Fueron 36 años de trabajo.

JA: ¿Cómo está tu salud?

SM: Después del ACV vino la recuperación. Dejé de fumar y un montón de cuestiones y también aparecieron algunos hallazgos como caminar. Yo ahora camino un montón, que no me pasaba en Lavalle. Camino todo el tiempo, me pongo los auriculares y me paro si quiero a comer en un carrito.

JA: ¿Cosas que posponías?

SM: Sí, todas esas actividades que uno va posponiendo. Estoy estudiando inglés, también viajé muchísimo, me encanta viajar, y disfrutando mucho a mis hijos.

Relato del horror

En el rato que estoy, me dice que se le pierden algunas palabras por el camino o que tiene algunas secuelas de memoria. Sin embargo, el relato no lo parece. Es sumamente lúcido, y más a medida que nos adentramos en ello.

JA: ¿Te acordás del 4 de setiembre?

SM: Sí, todo.

JA: Era el 2012…

SM: Sí…

JA: ¿Cómo fue?

SM: Estábamos comiendo al mediodía. Yo la noté rara a la Johana, porque ella no era una niña cariñosa al principio, con el tiempo se fue soltando y fue más expresiva, muy cumplidora con sus tareas, participativa. Todos los días iba a la escuela. Ese día almorzamos en el comedor y yo le pregunto “¿qué te pasa que tenés esa cara? ¿qué me importa?, me dice. Mirá la contestación. Estaba rara. Terminamos de comer y se van de la jornada extendida, se suben al colectivo y cada uno parte a su casa. A las 9 de la noche, me suena el teléfono, yo estaba acostada. Una compañera me dice, Silvia, acá ha venido don Curallanca a mi casa y me dice que la Johana no aparece. Le digo que no puede ser, se fue en el micro a su casa hacía varias horas y que debía estar en casa de alguna amiguita de la escuela. O en la casa del Bernardo (Ndr: su padre biológico), que vaya a poner la denuncia le digo finalmente. Y Don Curallanca fue a ponerla esa noche.

JA: Supongo que te preocupaste pero no pensabas que algo raro podía suceder?

SM: Me preocupé muchísimo pero jamás pensé lo que podía pasarle.

JA: ¿Y al otro día?

SM: Yo llego a las 7 de la mañana de la escuela y llega la policía a las 7,15. Hablamos y comienza la búsqueda. Y ahí mismo nosotros nos preguntamos, ¿y ahora qué hacemos? Nosotros podíamos resolver cuestiones educativas, de otra índole, pero esto…

JA: ¿Quién había sido la maestra de la Johana?

SM: Había tenido reemplazantes y algunas chicas con licencia. Para nosotros fue una conmoción, te imaginarás! Todo el mundo estaba, qué pasó, qué pasó, y ahí empezó toda una serie de situaciones en las que la gente comenzó a elucubrar, cosas que no existen, ya era todo el tiempo, seño, hay un taxi dando vuelta, una traffic…

JA: ¡Una enorme paranoia!

SM: Tal cual, cosas insólitas, “yo soy una clarividente que le puedo decir dónde está.

JA: ¿Aparecieron muchas?

SM: Muchísimas, todos los días. Un hombre me llamaba a la escuela y me decía, yo sé dónde está Johana, y yo que le contestaba, bueno entonces vaya a denunciar, usted tiene la responsabilidad de hacerlo. De esos, miles. Lo positivo de eso, es que al otro día, nosotros estábamos en mi casa reunidas con acta y todo, distribuyendo tareas, cómo afrontamos esta situación. En esos días posteriores empezaron los grupos de trata a transmitir sus preocupaciones y a contactarse con nosotras, porque ya había saltado lo de Soledad, entonces eran dos casos de desaparición.

El caso Soledad

El relato sobre la desaparición de Soledad es estremecedor. Así lo cuenta:

SM: Dos días después de la desaparición de Johana me dice una celadora, “seño, ¿usted sabía que el año pasado, la mamá de unos chicos también desapareció? y me cuenta la historia.

Resulta que nosotros teníamos dos hermanitos en la escuela que vivían con sus tías. Entonces yo me voy a la casa de ellas y me cuentan con mucho temor el hecho. Ellas sabían la relación que tenía Soledad con Mariano Luque y que él la sometía amenazándola. También sabían que ella se lo quería sacar de encima. El último día que se sabe de ella, Soledad estaba lavando la ropa en su casa y le llegaban mensajes desde las 7 y media de la mañana, la más chica de sus hermanas escucha que la Sole dice en un momento, ya vengo, voy a ir a verlo al Mariano porque me tiene repodrida con los mensajes, voy a ir a ver que quiere. Romina, la más chica, le mira el celular, mientras Soledad va al baño y ve un mensaje que dice “sino venís, ya vas a ver lo que te va a pasar. Entonces sale Soledad y no volvió más.

JA: ¿Ellas ponen la denuncia?

SM: Sí, ellas ponen la denuncia como tres días después y empiezan a ir a la fiscalía para saber qué pasaba.

JA: Y la causa quedó cajoneada.

SM: La causa quedó cajoneada hasta que saltó lo de Johana.

JA: ¿Vos creés que el fiscal hubiese actuado de la misma manera, si la víctima no hubiese sido Soledad, y hubiera sido alguien conocido o conocida?

SM: Estoy segura que hubiese actuado de otra manera.

La única foto

Cuando hicieron la denuncia sobre la desaparición de Johana, eso fue el miércoles, el sábado lo charlamos en la radio comunitaria La Pujante, con mi amigo Víctor Rivera, que conducía un programa que se llamaba El Debate. Y el domingo la publicamos en El Despertador.

JA: Esa foto salió de la escuela, ¿la familia no tenía fotos?

SM: Esa foto salió de la escuela porque no había otra foto. Nadie en su familia tenía una foto de ella, y no había celulares con cámara como ahora.

La burocracia educacional y la falta de acompañamiento estatal

Durante algún tiempo me pregunté, yo siendo maestro, cómo habían actuado desde la educación o desde las autoridades educativas. Durante unos días, al principio del drama, pensé que la DGE iba a tener una actitud consecuente. Fue un acto de ingenuidad, pero también de corroborar, lo solo o sola que a veces están los y las docentes en la patriada que hacen cotidianamente. En ese sentido, Silvia fue elocuente.

JA: Trato de entenderlas a ustedes en esa situación, con la angustia, ¿cómo se organizaron?

SM: Nos dividimos las tareas, una a los medios, yo a mandar correos electrónicos y a mandar cartas a nivel nacional. También elevar informes de todo tipo, informes van, informes vienen.

JA: ¿Cómo fue la relación con la DGE?

SM: Nunca nadie llamó de la casa de gobierno para decirnos qué necesitábamos. Solo recibo la llamada de una supervisora, preguntándome si había llenado el formulario del seguro. ¿Pero en serio usted me está diciendo esto?, le digo. Pero por supuesto, me contesta, cuando un alumno tiene un accidente- ¿qué accidente, si yo no sé donde está la niña, no sé qué pasó. ¡Ah tenés razón, me dice!

JA: ¿Y entre ustedes?

SM: En un momento determinado nosotros necesitábamos la intervención de lo que es ahora la Doaite, porque no habían aparecido en ningún momento. La única vez que fueron, fue para hacer una reunión a solas con las chicas porque creían que yo las manipulaba. Imagináte la decepción. A veces creo que las expuse, pero la cuestión fue siempre clara, fue hasta dónde ustedes quieran, y así hubieron momentos en los cuales quedamos 5 o 6. También hay que pensar que fueron muchos años y había movimientos lógicos de docentes.

La anécdota de la no sanción

JA: Me contaste el otro día que te quisieron sancionar. Es difícil entender racionalmente esa situación. ¿Cómo fue?

SM: Nosotras teníamos una jornada y no recuerdo bien el año. Entonces les digo chicas, ¿qué les parece si hacemos la jornada en el poder judicial? Y las chicas ahí nomás dijeron que sí.
El día que fuimos a hacer la jornada enfrente del poder judicial que queda frente a la dirección general de escuelas, se lo comuniqué a la supervisora y ella fue dos días antes a la escuela y me dijo: “Silvia, vengo a hacer un acta, avisándote que podés ser sancionada y el riesgo que corren los docentes y los celadores que van a acompañar. La hizo, la firmé, y a los dos días partimos en el colectivo. Cargamos mesones, sillas. Allí entregamos un petitorio a María Teresa Day que era la secretaria en ese momento y por supuesto le dió curso.
A los 15 días llega un memo por el cual me citaban de la Dirección de Primaria, él director, con la supervisora general y la supervisora regional. Me dicen “Sabemos lo que está pasando en tu escuela, pero vos no deberías haber desobedecido a tu supervisora, y vos le dijiste que ibas a ir”. Si, le digo yo, si me llamó la Directora General de Escuelas, y me dijo que me brindaba todo el apoyo.

JA: Y por supuesto que no te sancionaron.

SM: Por supuesto, la que se hubiera armado si hubiera sucedido una cosa así.

Una relación dual con el municipio

JA: ¿El Roberto acompañó o no?

SM: En principio no, después sí. De hecho tuvimos varias diferencias con Ana Menconi (jefa del Área de educación y familia y esposa del intendente Righi en ese momento). Mis compañeras la interpelaron bastante. Creo que el municipio fue aprendiendo en el camino.

Hipótesis

Desde un primer momento, una de las hipótesis que se tejió fue la trata de personas. En ese sentido, acompañó el espíritu de 3 mujeres que hicieron un trabajo muy importante sobre las redes. Sin embargo, eso también ayudó a que se desviara la atención sobre autores materiales y responsabilidades judiciales.

JA: ¿Cuándo te diste cuenta de que no era trata de personas?

SM: Me quedó claro cuando Missing Children me dijo Silvia, Johana está muerta. Eso fue casi al año. Lo que pasa que es muy difícil de procesar eso, porque estaba esta posibilidad de verla, de encontrarla.

JA: Ahora, fue jodido cuando apareció esa noticia en mdz, donde sostenía que en Lavalle había 27 desaparecidas. ¿Te acordás?

SM: Por supuesto, fue muy jodido eso. Recuerdo que los propios fiscales me decían “Silvia decíles a tus amigas que la corten con eso, porque no tiene nada que ver.

La solidaridad tiene nombres

Silvia es sumamente agradecida, y menciona a mucha gente solidaria, desde la delegación de 3 de Mayo, hasta dirigentes políticos del municipio, organizaciones sociales y sectores de izquierda.

Está claro, que la actitud de estos últimos fue sumamente loable. Para Silvia, fue un gran apoyo. Imaginate que en ese tiempo la izquierda nos dio mucho dinero para que las hermanas de Soledad pudieran hacer la casa. El Roberto también, él la terminó. Pero nosotros hemos ido a hacer columnas con el Fernando Durán, con el Raúl Escobar, con el Víctor, y con otros que dieron una mano. Lo que también nos trajo otros problemas.

JA: ¿Cuáles?

SM: Problemas con la comunidad. Gente que decía “nosotros también queremos que nos levanten la casa”. Nuestro dolor en la escuela, era ver a esos 3 niños sin su madre, en el caso de Soledad. Eso era movilizador para nosotros. Capaz que hicimos las cosas pésimo, pero era lo que nos salía. Quiero dejarte en claro, que el Roberto siempre me atendió bien, no tengo nada de qué quejarme, los fiscales, los jueces, yo he ido a golpearle la puerta a la Corte Suprema de Justicia y me han hecho pasar, y me han visto llorar.

JA: ¿Tuviste miedo?

SM: Sí, tuve mucho miedo. Tuve custodia policial que me colocó la entonces fiscal Claudia Ríos, que subrogó durante un tiempo la causa. Me habían advertido los fiscales que Luque había dicho que “me iba a dar vuelta”. Y estuve varios meses así.

JA: ¿Qué es de tu vida ahora?

SM: Ahora yo estoy muy felizmente jubilada, te diría prácticamente recuperada de todos mis problemas. Me quedan algunos de memoria o de no verte bien, pero uno se acostumbra, y me he dado cuenta que cuando hablo de este tema me apasiono, porque se me revuelven cosas, recuerdos, sensaciones, lo somatizo, no es que lo he olvidado, para nada.

JA: ¿Pudiste hacer un duelo?

SM: Un duelo, no sé. Te diría que me he resignado, ¿me queda la tranquilidad de haber hecho todo?, tampoco lo sé, capaz que sí, no me lo planteo demasiado. Creo que yo no supe manejar mi vida, me lo reprocho a mí misma, yo tendría que haber buscado más apoyo. Lo intenté pero no salió. Creo que debería haber acompañado El Estado. Es una historia muy dura, muy triste y que sigue pasando, lamentablemente. Creo que mi forma de seguir aportando con esto, es seguir en Ni una menos.

 


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