Despertador Online

El diario del Oasis Norte de Mendoza

Titulos

21 abril, 2022

Roberto Righi: ¿un organizador o candidato del nuevo peronismo en Mendoza?

  •   Por El Despertador
           

Desde hace algún tiempo, Roberto Righi viene asumiendo un papel bien diferente al que ha tenido durante estas dos décadas. Un gobierno imbuido en la dura tarea de durar y perdurar frente al escaso presupuesto provincial destinado a Lavalle, con la consecuente mirada en los proyectos nacionales, hicieron de este departamento una forma de «ver» el mundo, diferente a la mirada de aquellos departamentos poderosos del Gran Mendoza (por población y por ingresos coparticipables), que ante su propia opulencia en muchos casos, despilfarraron recursos. Esta forma de actuar, heredada de la época pretérita, Corcho mediante, fue una forma de hacer, que le permitió sobrevivir a los avatares de la política mundana, alejado de las rencillas domésticas del Gran Mendoza, pero también de las decisiones provinciales.

Por ese motivo, Lavalle, nunca jugó un rol preponderante en estos años, en el armado, ni tampoco en las internas. Esa mirada acentuada en lo local, hizo que Righi viera el mundo, a través de una mirada «aldeana», alejada de las veleidades del sistema político, pero también de su rosca y de la comprensión más acabada de cómo funciona ese sistema político en Mendoza. Righi, tal vez diría que «entendía perfectamente, pero no quería quedar atrapado en la lógica de Cornejo o de Ciurca».

La derrota electoral nacional, lo llevó a partir del 2015, cuando se perdieron las comunas de Guaymallén y Las Heras a «tejer algunas reuniones con dirigentes aledaños de esas localidades que al perder se quedaron sin referentes. Sin embargo, fueron solo amagues que no pasaron más allá de esas fronteras bien definidas. Los avatares y las amenazas del cornejismo en el poder, para con la figura de Righi, (que llegaron a «armarle» una causa junto a una fiscal) hicieron que éste se replegara aún más en ese tiempo a «su aldea» tratando de comprender en última instancia los tiempos que corrían y cómo sobrevivir a dos gobiernos, tanto nacional como provincial, de signo diferente a él.

Con una administración ordenada, sin ningún tipo de deuda, sin superestructura de empleados municipales, y a pesar de tener enfrente a un Cornejo empeñado en deshonrarlo, Righi no solo sobrevivió, sino que ganó todas las elecciones siguientes (2015, 2017, 2019 y 2021), que lo posicionaron como el más ganador de los intendentes peronistas de estas dos décadas.

El estrepitoso fracaso del macrismo y la resurrección del peronismo en solo 4 años, le dio un nuevo aliento al intendente que vio una oportunidad de hacer valer su condición de único ganador en el Gran Mendoza (el único intendente peronista que quedaba la zona más habitada de la provincia). Sin embargo, lo que no tenía pensado era que el camporismo se impondría en las elecciones internas del peronismo, venciendo nada menos, que a sus «camaradas» azules. En ese sentido, «el no construir en Las Heras y Guaymallén significó regalarle el espacio a las huestes kirchneristas. Efecto que tuvo sus consecuencias. Tampoco hubiera sido fácil. La falta de armado provincial, la falta de conocimiento del territorio, la carencia de cuadros políticos formados más allá de la ruta 40 o 24 eran imponderables que no se podían soslayar a la hora de armar esos departamentos, y Righi intuía (por desconocimiento, ingenuidad o torpeza) que los dirigentes de esas localidades que habían quedado en el camino, solo querían «la chapa» o la «marca» Lavalle, traducido, la «marca Righi».

¿Qué cambió en el 2022?

Está claro, que Righi nunca fue un admirador de la política partidaria. En incontables oportunidades rehuyó la lógica peronista y la parafernalia reunionista. También la lógica tribunera. Righi, como todo ser práctico, casi pragmático, se convirtió en este tiempo en una especie de referente que navegaba por los suburbios de la política provincial. Casi como un objeto, producto del under mendocino, pero no del under que se encuentra en los bordes de la patria sublevada, es decir entre los cabecitas negras, (para eso está La Cámpora), sino más bien, entre los confines de la patria productora, rural, chacarera, cooperativista, industrial, esa que lo ve y lo empuja a buscar nuevos horizontes, para convertirse en un organizador o candidato del nuevo peronismo.

Así, va de Maipú a Las Heras, y de ésta a Tunuyán. Se reúne con dirigentes en Guaymallén y organiza reuniones en Godoy Cruz. Es hora de armar, andar, recorrer, organizar. Esa parece ser la consigna.

Pero no es solo porque lo empujan, sino porque se ha dado cuenta que el peronismo está mal, muy mal, pero que el radicalismo con sus internar no las tiene todas consigo.

Más de lo mismo o por encima de todo

En una larga charla con este escriba, Righi dice que no, que no le interesa por ahora ser candidato, que ahora hay que volver a juntar a todos los que se fueron, y que quieren volver, pero que no saben cómo. Dice que «ahora es tiempo de sumar» a un proyecto. Este escriba lo «tortura» diciéndole que el problema es que no hay proyecto. Righi asiente con la cabeza e intenta delinear algunos ejes, que para cualquier lavallino o lavallina es fácil de comprender, porque habla de producción, vides, chacra, etc., pero que para cualquier habitante de una ciudad es incomprensible. Por eso, este escriba lo interrumpe y le dice que lo que le falta al peronismo es «audacia». Righi se sorprende por lo dicho y trata de enumerar algunas propuestas reales, un tanto aburridas. Este cronista más provocador aún le inquiere diciéndole que «el problema del peronismo es que quiere parecerse demasiado al radicalismo». Righi lo observa y se evidencia que ya no tiene ganas de discutir y vuelve a su zona de confort: la producción. Sostiene que hace falta un proyecto innovador, y que para ello hay que juntar a todos. Que no es momento de exclusiones.

Quizá tenga razón.

Lo que tiene claro este escriba, y ya no hay tiempo para decirlo, es que más allá de cualquier proyecto, uno es lo que representa. Está claro que Righi es el mejor aliado de la producción y la industria, de eso no hay duda. El dilema es saber, si en ese proyecto del que él habla y empieza a delinear, aparece el «otro», el común, el de los bordes. El que siempre estuvo en los contornos, el invisible, el que nunca fue tenido en cuenta, o tal vez muy poco, en algunas épocas, y apenas subsistió. O si de lo contrario, se convertirá en un representante más de la casta. Para los ultras de derecha e izquierda, Righi ya lo es, para una inmensa mayoría, todavía no. Ese es su capital.

Habrá que ver…


  • Comentarios

    Relacionadas