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19 mayo, 2022

Las ferias como expresiones de la economía popular y el rol del Estado

  •   Por Juan Burba
           

Esta semana, bajo la consigna «Feriar es trabajar», más de mil de personas se movilizaron en Guaymallén porque el Concejo Deliberante de ese departamento quiere aprobar una ordenanza donde se prohíban las ferias en los espacios públicos. El vecino departamento, el más poblado de la provincia, tiene 4 ferias populares en distintos puntos geográficos. Son más de 700 las familias que viven de esa actividad y miles los vecinos y vecinas que consumen los productos que allí se ofrecen. Alimentos, comida preparada, frutas y verduras, plantas, artículos de librería, ropa, cosmética, herramientas, son algunos de los productos que se pueden encontrar en estos espacios de comercialización. La mayoría de ellos son llevados adelante por mujeres, muchas de ellas sostén de hogar.

Este no es el primer intento de restringir y acorralar a las Ferias en ese territorio municipal, el gobierno cambiemita conducido por Marcelino Iglesias, hace tiempo desalojó la más grande de las ferias que ocupaba la esquina de Mitre y el carril Godoy Cruz, al lado del Espacio Julio Le Parc, logrando cierta atomización de las feriantes, algunas de las cuales ya se organizaron en espacios privados, donde pagan grandes cantidades para alquilarlos.

El bloque de concejales de Cambia Mendoza presentó este proyecto para que las ferias estén reguladas (cosa que la Red de Feriantes acuerda) y que dejen de ocupar los distintos espacios públicos en los que funcionan hoy, en un intento de «privatizarlas». Esta intención generó la movilización del pasado miércoles a la explanada municipal y el legislativo departamental, para exigir que la ordenanza no se apruebe tal cual está y se le de participación a las organizaciones de feriantes. Las más de 700 familias que son parte de la Red de Feriantes de Guaymallén se distribuyen en la Feria Popular de Guaymallén, la Feria Jesús Nazareno, la Feria Creciendo Juntos y la Feria del B° Lihué.

Estela Fernández es una de las referentas de la Feria Popular de Guaymallén, en diálogo con El Despertador, el día de la movilización manifestó: «le hemos solicitado (al gobierno municipal) muchas veces sentarnos a pensar esta ordenanza, porque queremos participar y queremos que se respeten las identidades de nuestras ferias, ya que nuestra voz no está representada en el Concejo Deliberante». La feriante explicó que en estos años no han tenido respuesta y expresó que «desde el poder político se representa sólo a una parte de a población y se quieren imponer, desconociendo a las ferias, quiénes somos, dónde estamos … es fácil votar este proyecto de ordenanza cuando se tiene 250 mil pesos en el bolsillo, cuando a nosotros no nos alcanza para cubrir nuestra necesidades básicas» en referencia a sueldos de concejales y funcionarios. Fernández declaró también que «Marcelino (Iglesias) fue a buscar votos a la Feria, en el 2015, cuando funcionaba en el Le Parc, y nos dijo que tenia una propuesta, ahora le pedimos que nos reciba y que nos escuche».

¿Qué pasa en Lavalle?

En contraposición a las políticas de Guaymallén, Lavalle tiene en la actualidad 3 ferias que funcionan en el espacio público de Villa Tulumaya y decenas de improvisadas «miniferias» de la economía popular en los distritos donde vecinos y vecinas ofrecen lo que tienen para generar algún otro ingreso y «parar la olla». También hay experiencias de grupos de familias que no tienen un funcionamiento regular, pero se organizan en torno a actividades puntuales, como es el caso de un grupo de artesanos que se presenta cada vez que hay un evento o algunos productores de alimentos que asisten a actividades puntuales.

La más antigua de las ferias actuales de nuestro departamento es la Feria de Artesanos y Emprendedores, que ya cuenta con más de una década y que es conocida como la feria «del CEIL» debido a que se realiza en la vereda y explanada de esta institución. Es una feria compuesta totalmente por productores, es decir que quienes ofrecen allí sus productos son quienes lo fabrican o elaboran: conservas, panificados, plantas, ropa y otros productos textiles, cosmética, artesanías en madera y cuero, etc. Se realiza una vez al mes los viernes por la tarde y suelen estar acompañadas por diferentes actividades organizadas por el IES y el CEIL: radio abierta, espectáculos artísticos y otras actividades culturales. Siempre con mucho apoyo por parte de las instituciones.

La más popular (y populosa) de las ferias actuales de nuestro departamento es «la Feria del Santa» conocida inicialmente así porque nació en el espacio verde que el B° Santa Cecilia tiene en su ingreso. Surgió de manera espontánea durante la crisis macrista y congregó, los viernes por la tarde, a todo tipo de feriantes, productores y revendedores, incluso de otros puntos de la provincia. Llegó a tener más de 50 familias feriando. En un momento parece que comenzó a «molestar» el tránsito y es por esto que la comuna dispuso de realizar un registro y trasladarla al Polideportivo municipal, «la muni decidió llevarla a otro lugar donde no estorbáramos» expresó una de las feriantes cuando le consultamos sobre la historia y el funcionamiento actual, «ahí alquilábamos los tableros porque la muni no quería las cosas en el piso». Luego se trasladó al Parque Nativo donde funciona actualmente los días jueves Por la tarde. Las feriantes (la mayoría son mujeres) están conformes con el funcionamiento actual e informaron que cada vez se están sumando más puestos porque la venta es buena.

La tercera feria que funciona regularmente, y las más joven (aunque similares iniciativas ya existieron) es la Feria de la Agricultura Familiar, que comenzó con un funcionamiento regular desde marzo, los sábados por la tarde en el Parque Nativo, con una frecuencia mensual hasta el momento, «la idea es que sea semanal, porque quienes ofrecemos alimentos tenemos que llegar más seguido a los hogares de Lavalle» dijo una de sus integrantes. Está compuesta por organizaciones de la agricultura familiar y cuenta con el apoyo de la Secretaría de Agricultura Familiar de la Nación, el INTA y el propio municipio. «Sería muy bueno que tuviéramos esta posibilidad todas las semanas, comprar productos frescos y de buena calidad de las manos de quienes los hacen» expresó uno de los consumidores en ocasión de la primera feria del año. La Nueva Colonia, la Unión Campesina y Territorial, el Frente Popular Darío Santillán y el Centro de Desarrollo Intercultural son algunas de las organizaciones que forman parte de la feria, también familias productoras «sueltas» (no organizadas). Durante el desarrollo se suelen realizar charlas sobre semillas, compostaje y agroecología.

Desde hace algunos años, y con un proceso participativo, se elaboró y aprobó una ordenanza que regula las ferias en el espacio público del departamento. Organizaciones, productores, feriantes y funcionarios realizaron varias reuniones para ponerse de acuerdo con los principales puntos a regular. Esa ordenanza fue modificada hace poco para «mejorarla» según informaron desde la comuna, pero no se convocó a las organizaciones que estuvieron en los primeros momentos del proceso (ni a otras) para consultar y democratizar, como se hizo en un primer momento, sobre las posibles mejoras. A su vez el municipio creó un Registro Único de Emprendedores, donde cada una de las familias que quiere feriar en Lavalle debería estar inscripta. Al parecer la inscripción a este registro es todavía un poco burocrática.

Del contrastante ejemplo de Guaymallén y Lavalle, con un gobierno municipal que quiere «sacarse de encima» el «problema» de las ferias populares, y otro que las apoya y regula de manera explícita, surgen algunas preguntas:

¿Por qué hay sectores del Estado que no quieren que expresiones populares ocupen el espacio público?, ¿Hasta donde tienen que regularse las ferias?, ¿Cuál es el nivel de intervención e injerencia que los estados deben tener?, ¿Demasiada presencia estatal les resta autonomía?, ¿Qué espacios públicos deberían ocupar las ferias y quién debería elegirlos?, ¿Qué protagonismo deberían tener organizaciones y feriantes?, ¿Es comodidad que el estado resuelva y decida todo?

Seguramente sean muchos más los interrogantes que haya que responder para debatir lo más ampliamente posible sobre un tema que, aunque los grandes indicadores económicos ignore, mueve la aguja a miles de familias de trabajadores y trabajadoras que día a día se buscan el mango en estas expresiones populares que son las ferias. Porque como defendían guaymallinas y guaymallinos el pasado miércoles su fuente de ingresos: «feriar es trabajar».

 

 


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