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27 mayo, 2022

Interna peronista en Lavalle: El selecto club de los siete

  •   Por Jorge Abalo
           

Desde hace años que se vienen evidenciando dos tendencias dentro del ejecutivo municipal. Y desde hace un par de años los procesos de uno y otro lado se vienen profundizando en función de llegar lo mejor posible al recambio al que parece ir casi inexorablemente el peronismo lavallino. No será en seis meses ni en un año, pero llegará.

Esas dos tendencias tienen actores indiscutidos de uno y de otro lado. Y lo que se dirime en este tiempo es la continuidad del relato y la práctica política que hasta el momento ha venido hegemonizando en Lavalle, o habrá una profundización de ciertas prácticas. Claro, esas prácticas pueden ir en un sentido o en otro, es decir, pueden ser conservadoras o revolucionarias. El camino elegido por Righi durante este tiempo ha intentado por doquier transitar el camino del medio, yendo a un lado y al otro. El próximo gobierno municipal ¿seguirá así? o por el contrario, tendrá autonomía para funcionar con ideas y proyectos propios. Eso lo veremos, por ahora solo nos interesa lo que sucedió la semana pasada en cuestión de nombres y candidaturas, que precisamente expresan o podrían expresar proyectos colectivos o aspiraciones personales, o ambas a la vez.

Veamos.

Los 7 candidatos

El mes pasado, El Despertador tiró la data de una reunión «secreta» de la cual habían participado 7 de los posibles candidatos a intendente que el justicialismo tenía hasta ese momento. Los mismos eran Carlos Alberti, Juan Jaime, Carlos Acosta, Rolando Romera, Edgardo Gonzalez, Gerardo Vaquer y Julián Gallardo. La información circuló e incluso fue motivo de análisis en La Noche con Vos, el programa que conduce por TV Fabián Sanchez y Priscila Pont, en el programa Sin Límites de Radio Tempo que conduce José Luis Ricciardi y en Radio Tierra Campesina entre otros medios locales.

La intención se suponía, era la de blanquear la situación de cada uno de los presentes y las aspiraciones políticas. Fueron Rolando Romera y Edgardo Gonzalez, cada uno a su manera, los que sostuvieron la intención de su aspiración siempre legítima.

Parecía entonces, en ese ambiente, no vamos a decir de camaradería, sino de compostura, donde se comió asado en la primera reunión y luego pastas, que cinco candidatos no parecían tener una aspiración manifiesta, aunque claro, por algo estaban ahí. En realidad, lo que sabemos ahora, es que no haberlo dicho en ese momento no significaba demasiado. Al fin y al cabo, la realidad fija la agenda de las pretensiones.

Un grupo compacto con muchas aspiraciones

Posteriormente a esa reunión, el sector de Vaquer y Romera juntó al resto de su gente para compartir y delinear liderazgos y acaso candidaturas. En esa reunión habrían estado los y las jóvenes (ya no tanto), sumados a Alberti, Fiore, Romera, Vaquer, Deluret, Gisbert, Mangione entre otros. Allí quedó claro más que nunca, que los líderes del espacio eran los directores de Asuntos Estratégicos y de Obras, y que de esos dos saldría el candidato a intendente por ese sector. El Carlitos Alberti, que había sido el líder de aquella juventud que en su momento le dio aires importantes de renovación al PJ, se constituía por una cuestión de lealtad al sector, o mejor dicho a Romera y a Vaquer, en la primera «víctima» de las candidaturas. Eran seis ahora, los nombres que circulaban.

Un candidato para conciliar propuestas

En una entrevista que le hiciera El Despertador al director de Promoción Económica, Juan Jaime, y que no salió a la luz hasta hoy, el actual director sostuvo «soy una de las personas que puede ser candidato por el justicialismo, lo que tengo claro es que nosotros tenemos dirigentes preparados para conducir el departamento, dentro de la visión del justicialismo, pero también lo digo desde la autocrítica, y la gente, hoy no es que diga el justicialismo, el radicalismo, el socialismo, está cansada de la dirigencia política». Y agregó que «hay un proyecto que hay que renovarlo, reinventarlo, potenciarlo. Y fue tajante «si yo no soy, voy a sumar para que alguien del justicialismo lo sea». Con esa mirada conciliadora, teniendo en claro que no corre con el caballo del comisario, pero sí con una lógica constructiva que lo ayuda por ahora a confluir por el medio, «el Juancito» parecía quedar relegado a ser otra «víctima», esta vez, de la lealtad al proyecto justicialista en Lavalle. En este contexto, quedaban cinco.

Julián Gallardo

El otrora poderoso jerarca lavallino, el concejal Julián Gallardo, que supo tener casi la suma del poder público en Lavalle, en este último tiempo se retiró a su territorio al que conoce como nadie. Hace unos años se incorporó al sector de Romera y Vaquer, pero en los últimos tiempos abandonó el espacio y se dedicó a hablar con el resto pero no cerrar con ninguno.

No es fácil de tironear para ningún sector, tiene los pies en la tierra y es sumamente práctico. Tiene control sobre su territorio, pero también importantes visos de autoritarismo. El Julián pareciera ser la tercera «víctima», esta vez de su lealtad al intendente. Así, la lista se reduciría a cuatro.

El «club de los cuatro»

Vaquer y Romera de un lado y González y Acosta, del otro, lideran los sectores que emergen en esta disputa por el «poder» en el departamento.

Rolando, en modo candidato

Rolando Romera, el Rolo, es un hombre que conoce el municipio de Lavalle como pocos. En cada obra pública que hay o existe, de las más importantes del departamento, su mirada, proyecto y gestión lo tienen a él como protagonista.

Sumado a eso, en los últimos años trasvasó ese límite digamos técnico para tener un perfil más político. En varias oportunidades le tocó lidiar con la situación más fea, es decir discutir paritarias y condiciones de trabajo con los trabajadores municipales o dar la cara ante un reclamo vecinal. Es un dirigente impasible, y esa caracterísitca es la que lleva al resto a sospechar de sus condiciones como conductor político.

La combinación de hombre de conocimiento y leal servidor, le valió un espaldarazo de Righi, que hoy lo pondera como uno de sus ases más importantes dentro de la gestión, sino el más leal. Para el otro sector, Romera significa sin ambages «un gran error, que no sabe de conducción política, aunque valoran el conocimiento y los proyectos de obras que pasan por su gestión».

Edgardo Gonzalez, con el «pan bajo el brazo»

Está claro que en las anteriores encuestas que se han desarrollado en el departamento, Edgardo es el tipo con más arrastre. De eso no hay duda. Durante años ha acumulado una trayectoria sumamente «campechana» que le gusta a la gente. Es un tipo que siempre está cerca de los dramas cotidianos, sumamente solidario con el pesar de la gente.

Fue varios años Director de Desarrollo Humano, desde el cual hizo un trabajo importante de contención en los momentos complejos. Este mes fue elegido vicepresidente de la Cámara de Diputados de la provincia.

Tiene mucha gente que lo sigue, pero no está claro cuál es su equipo entero, ni tampoco su proyecto. Eso lo aleja de la juventud, porque lo ve como algo conservador. Durante mucho tiempo apareció como candidato «natural» a suceder al Roberto. Aspiración que siempre resignó por la aspiración de Righi.

Gerardo Vaquer entre proyectos de uno y otro lado

Es tal vez el intelectual del equipo de gobierno. Está al frente de la Dirección de Asuntos Estratégicos, es presidente de la Sapem y ahora ocupa un cargo de senador provincial. Es un tipo que sabe. Puede hablar de historia o de obra pública y en las dos saldrá airoso.

Ha gestionado junto a Romera, numerosos proyectos importantes para el departamento. Su talón de Aquiles es su temperamento, que a veces le juega malas pasadas ante los disensos.

Vaquer ha sido durante mucho tiempo, otro de los «candidatos naturales» que ha tenido el peronismo para suceder al Roberto. Vaquer también debió resignar sus aspiraciones debido a las aspiraciones de Righi.

Carlos Acosta, apagando incendios

Desde hace unos meses, bastantes amigos y empleados del municipio venían proponiéndole a Carlos Acosta, que diera un paso al frente para posicionarse como candidato a intendente. Las reticencias de éste a aceptar el convite tienen que ver con una lealtad manifiesta al Edgardo, que claramente es el líder natural de ese sector. Sin embargo, hay quienes lo ven como alternativa si el Edgardo se «baja».

El Carlitos, tuvo su debut como funcionario allá por el año 2010, cuando debió hacerse cargo de un área de Deportes incendiada. Su gestión fue sumamente exitosa. Fue requerido allá por el año 2012, para hacerse cargo de Cultura, a la que se le adosó también Turismo. En todas tuvo muy buenas performances.

Sin embargo, en este tiempo no ha podido generar equipos técnicos para darle continuidad a la gestión en las áreas donde ha intervenido.

Los unos y los otros

Ambos grupos para identificarse, lo hacen lanzándose epítetos entre sí. Unos les dicen a los otros, demagogos y los otros a éstos, soberbios. Y entre esos y otros agravios, aparecen las diferencias de proyectos que no están claras cuáles son. Tal vez solo los separan aspiraciones personales, que afloran en este momento, pero que vienen de hace varios años, solo atenuadas por la mediación del Roberto, y pospuestas para otros tiempos.

De operaciones y operaciones

Un artículo aparecido en un medio local hace varios meses sostenía que el funcionario bendecido por el intendente era Rolando Romera. Para el sector del Edgardo, en ese momento, aparecía como una operación de parte del sector de Vaquer al que le atribuían una operación periodística al respecto. Sin embargo, el hecho no pasó a mayores pero anticipaba un tipo de proceder, que no hacía otra cosa que adelantar la interna casi un año. El municipio, o alguien del municipio, que se había jactado de mantener cierta cordura con respecto a las internas, pareció filtrar una info que a todas las luces le «mojaba» la oreja al espacio conducido por Edgardo Gonzalez.

Mientras que las operaciones políticas, periodísticas y de otro tenor se van tornando más visibles a medida que se acercan las elecciones (habrá que ver si se adelantan las elecciones departamentales para marzo del 2023), las aguas comienzan a bajar más enrarecidas teniendo en cuenta que lo que está en juego no es la continuidad o profundización de un proyecto, sino la gobernabilidad para la próxima década.

De la negación de la negación a una nueva afirmación

Algo así es la categoría que alguna vez escuché o leí, o estudié y que seguramente voy a utilizar mal, pero lo intentaré. Por más que se nieguen los unos a los otros, en algún momento deberán sentarse a una mesa, sin que deba mediar un «padre», tal cual educador de sus hijos. Para ello deberían sentarse y entender que aunque se nieguen, los unos y los otros existen. No solo que existen, sino que conviven. Que el nivel de daño que se pueden hacer a sí mismos y al otro es considerable. Que la responsabilidad por lo que viene no es solo del intendente, sino de los principales dirigentes que tiene el departamento, fundamentalmente los de mayor decisión. Que la víctima no puede ser «la verdad o el mensajero», de lo contrario, la escalada tenderá a reproducir una violencia simbólica sin límites.

Y fundamentalmente, que Lavalle, es decir, los y las habitantes de Lavalle, no se merecen que su dirigencia, la que ocupa puestos claves, de uno y otro lado, se lancen a una campaña mediática, sin escrúpulos un año antes, mientras están gobernando en medio de una crisis que los debería mantener unidos.

Si es así, que pidan licencia.

Si no, que gobiernen…


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