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15 julio, 2022

Lavalle: Jardín de Otoño ¿un proyecto innovador que quedó en la nada?

  •   Por Franco D´Amelio
           

En el décimo aniversario de haber comenzado la iniciativa nos preguntamos cuáles son las inversiones reales para la ancianidad y cuál es la situación que atraviesan los jubilados actualmente.
En este difícil contexto quisiéramos reflotar un proyecto revolucionario e innovador gestado desde y para la propia tercera edad que tuvo su nacimiento en el Lavalle, pero quedó en el olvido por desidia pública.

Se trata del complejo proyectado por la Asociación Jardín de Otoño allá por el 2012 era simple y a la vez «inédito» como lo definían con mucha razón sus hacedores. Consistía en construir un espacio habitacional para alojar a unas 77 personas mayores de 65 años que pudieran valerse por sus propios medios con un servicio de hotelería completa «muy superior al prestado por PAMI» donde cada uno de los residentes aportara el 70% de una jubilación mínima.

Desde el Municipio se les donó un predio de algo más de una hectárea ubicado en calle Villegas, en el sector sudoeste de Villa Tulumaya y también aportó el plano de la obra.

En el año 2015 se aprobó la resolución en el Senado provincial promovida por la senadora lavallina Carina Segovia para solicitar al Poder Ejecutivo que incorporase en las planillas analíticas que integran el Plan de Obras Públicas del Presupuesto 2016, la Construcción del «Complejo Jardín de Otoño».

Sin embargo, esto no ocurrió y cuando los referentes de la ONG consultaron sólo les respondieron que «proyectos como esos se elevan cientos».

En 2016 solicitaron ayuda al por entonces presidente Mauricio Macri, quien en tiempo y forma habría girado el tema al Ministerio del Interior y Obras Públicas de la Nación, y éste a su vez, al Instituto Provincial de la Vivienda de Mendoza. Allí, afirmaban en una nota a este medio los gestores de esta iniciativa sin fines de lucro, «comenzó nuestro calvario».

Es que el gobierno de Alfredo Cornejo nunca les dio una respuesta formal, y lo insólito es que tampoco una objeción.

Porque la idea tiene fuertes argumentos a favor, dado que al no haber una búsqueda de ganancias comerciales como objetivo de fondo se produce un ahorro para el Estado que en el 2017 se calculaba en $1.000.000 mensuales en comparación a lo que invierte en un servicio semejante, pero «inferior» según los propios referentes de la tercera edad.

De hecho, en un comunicado de la Asociación Civil de ese año decían: «nos visitó en el lugar donde estamos el Director Regional de PAMI quien se declaró encantado pero nunca más tuvimos noticias».

Es que el proyecto es bueno en dos grandes sentidos: le produce un ahorro al Estado (ya que sería abonado mensualmente por los propios beneficiarios) y genera una calidad de vida mucho mayor que los hogares de ancianos tradicionales.

El problema es que, más allá de los elogios y aplausos, hacía falta la inversión pública concreta de parte del Estado provincial y/o nacional que hace cinco años se estimaba en $50.000.000, pero que muy probablemente hoy sería cercana a los $250.000.000 en un cálculo grosso modo considerando los fuertes incrementos de costos que ha sufrido el rubro de la construcción en los últimos años.

Considerando la fuerte inversión pública del Estado nacional en los últimos años para subsidiar la construcción tanto de particulares a través del programa PROCREAR como de conjuntos habitacionales con fines sociales, cabe preguntarse si no es el momento oportuno para que tanto las autoridades departamentales, como los casi 200 asociados que llegó a tener la ONG intenten buscar alternativas (con o sin el gobierno de Suárez) para comenzar a dignificar los años de nuestros ancianos.


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