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La Región

4 octubre, 2022

El lumpen bomba: un nuevo tipo de actor político asola el páramo del neoliberalismo

  •   Por El Despertador
           

Carlos Almenara

Al momento de escribir estas líneas sabemos que el intento de asesinato a Cristina Kirchner no fue llevado a cabo por un “lobo solitario” sino por una organización. No sabemos aún cuán arriba escala el encargo para la tarea.

En cualquier caso, las pesquisas presentaron un arquetipo de personas que se vienen insinuando en el horizonte hace algún tiempo. De la subestimación y el desprecio bien fundado corresponde que pasemos al análisis. ¿Quiénes son estos esperpentos que aparecen con horcas o promesas de asesinato y luego van y disparan?

Comenzamos repitiéndonos. Son producto de un plan criminal en que los medios hegemónicos tienen un rol destacado, pero ¿cómo? ¿Y qué más, además?

La instalación de discursos desquiciados, fundados en calumnias, difusión de noticias falsas, intencionalmente inventadas, guionadas en un relato de construcción de un enemigo interno, a quien cualquier “patriota” debe odiar, necesariamente encuentra carnadura en personas que por distintos motivos carecen de frenos inhibitorios. Lejos de ser un resultado imprevisto es la deriva natural del plan de violencia.

Lo primero es discriminar a los “vivos” de los adeptos. Contrariamente a lo que sostuvo Cristina recientemente “no tenemos gente racional enfrente nuestro”, quienes planifican y ejecutan en lo simbólico el discurso violento son totalmente racionales, con fines monstruosos, pero profesionales y muy racionales en la elección de sus medios. Parte de sus tácticas incluyen apelar a gente “rota” que surge ahora en primer plano, aunque mezclados con ellos, “servicios” que se disfrazan del mismo modo pero no corresponden a la tipología.

El “tipo” se prefigura en el horizonte analítico, pero no nos equivoquemos, simulados como ellos, los “servicios”, profesionales, solo realizan un trabajo. Ellos son bien conocidos. No sabemos si la organización que gatilló contra Cristina está compuesta lumpen-bombas o por servicios, al momento parece una combinación de ambos. Lo que interesa a los fines de la nota es el lumpen-bomba.

¿Por qué lumpen? Es bien conocido el vocablo en sentido político como una simplificación de lumpenproletariat, término con que Carlos Marx nominó cierto tipo de traidores a su clase. Pobres, “harapientos”, a veces ligados con el hampa, pasibles de ser comprados o manipulados por las élites para actuar contra su propia clase en sí.

Sujeto a mejores análisis, lo que parece presentarse, y no únicamente en Argentina, es un tipo de lumpen guiado por lo aspiracional, personas de clase media, media baja (no parecen ser excluidos, ni “villeros”), que se debaten existencialmente entre la subsistencia esforzadamente conseguida con la referencia de grupos sociales de mayores ingresos. Así, “la distinción” en el sentido de Bourdieu, adopta la forma de una identificación cultural fuerte con los medios que completan el proceso de alienación. La falta de consecuencia lógica de sus discursos se suple con un odio xenófobo a quienes tienen iguales o peores condiciones materiales de vida. Justifican su repulsa en términos de que el otro, inferior, no entiende los patrones culturales que supuestamente… pero en realidad él (o ella) tampoco entiende esos patrones culturales, por lo que se enreda al querer explicarlos, explicárselos. Así, pueden pasar de criticar a los “planeros” a la insuficiencia de la asistencia, de cuestionar a quienes se jubilan a pedir aumentos de las jubilaciones, de anatematizar a los docentes a pedir mejor educación, el lector y la lectora pueden adicionar decenas de ejemplos. Todos los hará con la misma fuerza, con la misma convicción. La contradicción no hace mella en su constitución psíquica, desquiciada, fuera de la lógica argumental, exclusivamente afirmada en el vínculo emocional con su aspiración de pertenecer.

Esto tiene poco de novedoso, lo que sí concita interés analítico es su emergencia como actor político destacado. ¿Qué tipo de “cuadro” político aparece? ¿Qué tienen para decir políticamente? Nada, absolutamente nada. Y todo lo contrario, también. Eso sí, lo dirán fanáticamente convencidos y pasarán al acto sin inhibiciones. No hay proyecto, no hay compromiso con el realismo o la coherencia de sus asertos, no hay responsabilidad. Nada. El nihilismo, la destrucción en acto a nombre de un amo sádico que nunca admitirá el ingreso de estos desquiciados al paraíso de sus aspiraciones. Convertidos en masoquistas extremos solo encuentran en la autodestrucción salida a su vida paradojal. ¿Cualquier candidato progresista deberá llevar chaleco antibalas?

América Latina reconoce sistemas políticos violentos en los que es perfectamente concebible el asesinato. El caso que se recuerda más sencillamente es el de Luis Donaldo Colosio en el México de 1994. Hace aproximadamente un mes, en entrevista con Luis Novaresio, Jaime Durán Barba sostenía algo así como “en una campaña en México pueden asesinar a 40, 50 candidatos a alcalde y a nadie se le mueve un pelo”. Viniendo del inteligentísimo (para el mal) estratega del macrismo, que no dice una sola palabra fuera del marco de su plan, avalado por las declaraciones y acciones de sus orientados Macri y Larreta, queda claro que el macrismo se trae un plan de violencia, perfectamente racional, entre manos.

Ambos planos no son contradictorios sino complementarios: servicios y lumpen-bombas, sicarios contratados e idiotas violentos. El plan admite ambos aportes.

La situación presenta un desafío mayúsculo para la Argentina que conocemos. El plan yanqui de destrucción de los estados nacionales que en su momento denunció Thierry Meyssan[1] y que situábamos en Irak, Afganistán, Siria o Libia puede no estar tan lejos como parecía.

 

Si algo tiene de esperanzador este diagnóstico es que será muy fácil desactivar a los lumpen-bomba. Como en tantas otras cosas, el problema es la voluntad política de hacerlo. Basta con apagarles el televisor.

[1]     https://www.youtube.com/watch?v=6HM9T2okGYo

 


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