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Arte y Parte

14 diciembre, 2023

Estudiantes de Costa de Araujo recorrieron las 7 entradas al averno en Mendoza

  •   Por Juan Burba
           

Todo comenzó en la iglesia de los Jesuitas. Algunos se persignaban al entrar. Otras buscaban el agua bendita sabiendo lo que se venía. Lucifer podría estar en cualquiera de las puertas que, de manera insolente, se aventuraban en abrir.

Inmediatamente el profe Rubén Jofré dijo exaltado: ¡esa es la primera! Y algunos y algunas corrieron a verla. Otros prefirieron recorrer un rato más la geografía interna de ese imponente templo, como si estuvieran protegidos de ese transitar demoníaco que se aproximaba. Pero lo que se imponía era acercarse a ella, para poder comenzar a desandar el relato que la profe Mariana Caballero les había propuesto.

Ya estaban frente a la primera de “Las 7 puertas del infierno en Mendoza”, tal cual lo dice el título del cuento que el mendocino Martín Rumbo publicó en su libro “Mendoza Tiembla”. Es que Mariana Caballero es la profesora de lengua y literatura de 2 cuartos años de la escuela “Juan Bautista Alberdi” de Costa de Araujo, y trabajó en clase este cuento. El broche de oro fue un viaje a la capital mendocina ya que “en toda metrópoli hay siete puertas que conducen directo al infierno” y los y las estudiantes querían conocerlas.

Dice el relato que la primera está en la iglesia jesuítica de la esquina de calles Colón y San Martín. Allí fueron y la encontraron.

Según Rumbo, que pasó por todo tipo de peripecias para descubrir cada uno de los ingresos infernales, la segunda se encuentra en el baño de varones de Vía Venetto, el reconocido café de la calle Amigorena. Ni lentos ni perezosos, los dueños del café decidieron, a través de una clara señalización de la abertura, confirmar lo que por ahí se rumoreaba. Casi a los gritos la puerta dice: ¡si!, ¡acá es!, soy la segunda puerta del infierno en Mendoza. Y de paso le vendieron algunos cafecitos al contingente estudiantil que, ya a media mañana, tenía algo de hambre, a pesar de la provisión de turrones que había acercado la DGE.

La tercera se presentó como una de las más macabras, en la galería Tonsa, en el sector del viejo y abandonado cine City, con poca luz, entre tugurios de dudosa transparencia, asomó a lo lejos. Por suerte un vallado no permitía llegar hasta muy cerca. Los estudiantes se divirtieron con los locales comerciales de la cercanía.

Enfrente, en el Pasaje San Martín, la cuarta puerta, entre una escalera. Las últimas dos en la misma cuadra, San Martín entre General Paz y Godoy Cruz. En la Galería Copacabana una agente del propio Mandinga, con forma humana, prohibió a los y las estudiantes lavallinos sacar fotos en la puerta número 5. Pero se las arreglaron burlando los designios demoníacos. A pocos pasos, en la Galería Ruffo, el propio diablo se había puesto una zapatería para esquivar a los transeúntes distraídos. Costinos y costinas pudieron descubrirlo y atravesaron la sexta puerta.

Cuestiones administrativas vinculadas al transporte de pasajeros no permitieron al contingente estudiantil visitar “La séptima puerta del infierno en Mendoza” como se titula el último cuento de “Mendoza Tiembla”. La misma se encuentra en el Parque General San Martín, en las inmediaciones del Lago.

Las aterradas voces de los y las protagonistas

Mariana Caballero, profesora de Literatura de la escuela Alberdi, y una de las organizadoras de la salida, nos cuenta que “la idea surge de los mismos alumnos, los chicos me comentaron que estaba este libro con lugares de Mendoza que no conocían y que querían conocer estas historias tenebrosas”.

Mariana explica que durante el trabajo en clases con el cuento “descubrimos que no conocían gran parte de los lugares de Mendoza que estaban en el relato, así que intencionamos que conozcan también la ciudad de Mendoza, y no sólo trabajar la parte literaria”.

“Sacaban fotos, miraban, comparaban con el libro las puertas que íbamos recorriendo” expresa feliz Caballero, y prosigue: “quedaron muy contentos, muchos nunca habían entrado a una galería, querían mas terror” se ríe “¡pero no podíamos hacer la visita a la 3 de la mañana!”. Hace referencia al horario que el cuento de Rumbo marca como la apertura diaria de las puertas para la liberación de demonios.

Tania Serapio es una de las estudiantes que realizó la visita: “estuvo muy buena, porque pudimos conocer históricamente, más a fondo, Mendoza y lo que hay en ella”.

Por su parte Lautaro Leiva, otro de los estudiantes valora un poquito decepcionado, pero con humor: “fue mucha la expectativa para lo que son en realidad, esperaba que sean más terroríficas y espeluznantes” y rescata las condiciones del autor: “el escritor inventó una gran historia y por eso (las puertas) se hicieron famosas, la hizo muy bien” se ríe.

Finalmente Valentina Alvarado señala: “la salida estuvo buenísima, cada vez que nos acercábamos a la última puerta el misterio era mayor” y sopesa: “si bien nos desilusionamos al ver que no había nada raro, que eran puertas simples, me hubiera encantado ir tarde” dejando un desafío para los y las docentes de una salida nocturna. Valentina rescata también una anécdota: “nos llamó mucho la atención la quinta puerta, la señora tenía un aspecto raro, se volvió loca, no quería que sacáramos fotos, eso sí que nos dejó demasiada curiosidad”.


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