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La región hace escuela

4 enero, 2024

Que nos espera en el 2014: «Esperando la carroza» y nosotros

  •   Por Franco D´Amelio
           

Se termina uno de los años más extraños de los últimos tiempos, tal vez sólo comparable en su rareza con el caótico 2020. Pero que nos deja un mensaje muy valioso para rescatar.

Si algún lector no vio aún este clásico film argentino, sin duda es algo que tiene que hacer antes de partir de este mundo.

La película dirigida por Alejandro Doria se estrenó en 1985 y se convirtió en un ícono del cine nacional que en los últimos años reflotó su popularidad gracias a las redes sociales.

Es que algunas de las escenas más graciosas fueron usadas como «materia prima» de muchos memes trasladados a tiktoks, reels, etc.

¿Qué es lo que hace a Esperando la carroza tan exitosa? Muy simple: refleja mucho de nuestra cultura argentina, nos desnuda de tal manera usando el humor que nos causa muchísima gracia vernos a nosotros mismos en los personajes.

Sin embargo, si lo miramos en frío los temas que trata no son tan graciosos en sí: la poca valoración de la abuela de la familia, a quien su nuera no se la banca, pero ante su desaparición «se pone a tono» para no quedar mal; un tío que hizo la plata «con la pesada», pero es el exitoso de la parentela; una vecina que vive hablando mal de la de al lado, pero que le pide cosas simulando aprecio; infidelidades; mezquindades; poca empatía; etc.


Todo ese terrible cóctel está en el ADN de la cultura argentina. Cosas que jamás aceptaríamos a menos que nos lo dijeran con la inteligencia del humor.
Se va un año que mostró lo más bizarro de la política: traiciones, desvalorizaciones y reconciliaciones por conveniencia; discursos populares y gastos exorbitantes en Europa con una modelo más joven; gritos, muchos gritos (igual que China Zorrilla en la película); políticos de todos los bandos no pudiendo resistir archivos ni del mismo 2023; etc.

A menos de un mes de la asunción de un desconocido de la política, uno por quien la mayoría del ámbito no le ponía ni una ficha vemos cómo se han aprobado por DNU cosas inimaginadas, incoherentes incluso; cosas con las que se podrá estar a favor o en contra, pero que todos coincidiremos que son extremas.

Quienes están en contra despotrican a más no poder; quienes lo votaron afirman que es doloroso pero necesario por lo que hicieron los anteriores. Pero siempre la culpa de los problemas argentinos la tendrán los políticos y algunos otros ciudadanos, nunca uno mismo.

El gran desafío, como dice una viñeta del eterno Quino, no es que cambiemos de año, sino que cambiemos nosotros aquellas cosas que no nos gusta ver a menos que sea en el cine.

Cuando de verdad cada uno empiece por cambiar lo que sabe que debe cambiar y trate de influir así su entorno, cuando pensemos más en cómo bendecir la patria y menos en mirar nuestro pupo, sólo allí podremos decirnos: ¡feliz año vecino! (sin importar si es enero, abril u octubre).

 


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