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3 febrero, 2024

La gobernabilidad de Milei

  •   Por Carlos Almenara
           

La Cámara de Diputados aprobó en general el proyecto que el gobierno llama “Bases y puntos de partida para la libertad de los argentinos”, otros, no tan favorables, lo denominan “Argentina en Venta”, “Ley Coimas” o “Ley Savoy” (por el lugar donde se realizaron negociaciones). Es interesante marcar que la inspiración del nombre oficial es el libro de Juan Bautista Alberdi “Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina”.

Más allá de la desmesurada pretensión de comparar el proyecto de Milei con el de Alberdi y de su relación axiológica contradictoria, vale señalar que Alberdi pugnaba por una Constitución, no por una ley. Precisamente, se ha señalado que la ley que postula el gobierno es una reforma constitucional encubierta, y el nombre elegido parece confirmarlo. El problema es que, si es así, el procedimiento y las mayorías necesarias son distintos. Convengamos que la regla es: una ley, un tema; no es el caso, decenas de temas radicalmente distintos, desde privatizaciones a regular el derecho a reunión, de educación a competencias provinciales.

A pesar de eso, la Cámara de Diputados aprobó en general, al momento de escribir estas líneas resta el tratamiento en particular y el pase al Senado. El resultado de la votación fue 144 a 109. Buena parte del acompañamiento tuvo una fundamentación bastante curiosa, se señalaron innumerables lacras del proyecto pero concluyeron en que votarían en general.

Es que si miramos la integración de la Cámara de Diputados, sobre 257 miembros, La Libertad Avanza tiene 38 diputados. El PRO suma 37, es decir, los partidos de gobierno (si incluimos al PRO) suman menos de un tercio. Se sabe, obtuvieron el apoyo de la UCR y el variopinto bloque conducido por Pichetto, además de otros menores. Es una Cámara altamente atomizada y es lógico que el gobierno busque acuerdos legislativos.

Imagínese como presidenta o presidente, estimada o estimado lector. ¿Cómo buscaría usted acuerdos?

De las coimas ya habló Milei, sin dar nombres (lo que constituye un delito), nosotros vamos a suponer que departimos entre gente honesta y que ese no es un método válido.

Algo que se le ocurriría a un estadista, hipotetizamos aunque no en el aire, es definir los puntos centrales de su plan, sus objetivos estratégicos, sentarse con representantes de partidos, con legisladores que tengan pensamientos relativamente cercanos y tratar de convencerlos, pedirles que lo acompañen, eventualmente acceder a las prioridades de los legisladores extrapartidarios que no sean incompatibles con el propio programa. Ese es el tipo de negociación virtuosa de la política. Parece que Milei sólo conoce la negociación corrupta y por eso se enfurece cada vez que alguien le señala que negoció.

¿Por qué no vimos nada parecido a eso?

Los representantes, re-presentan, hacen presente alguien que no está al momento de decidir. Tratamos este tema en El Despertador el 21 de enero. Cuando Milei envió el proyecto al Congreso afirmó: “yo ya hice mi parte” ¿A quién le hablaría?

El re-presentado por los bloques que están más apurados que el propio gobierno en aprobarle la ley es, por supuesto, el poder real. ¿Cómo podría resistir Rodrigo de Loredo, presidente del Bloque de Diputados de la UCR, o Miguel Pichetto, presidente del Bloque de Hacemos Coalición Federal, un llamado de Héctor Magnetto (Grupo Clarín) pidiendo que acompañen? ¿O de Paolo Rocca (Techint)? Recordemos que ambos, junto a decenas de empresarios ricos y poderosos, forman parte de la Asociación Empresaria Argentina (AEA) que jugó fuerte en respaldo de Milei. Como aprendimos en la célebre “El Padrino”, hay ofertas que no se pueden rechazar, ni por la UCR actual ni por el bloque de Pichetto.

Lamentablemente el proyecto que decidió defender el poder económico en Argentina tiene una brutalidad inédita en nuestra historia. Representa una feroz transferencia de ingresos de los trabajadores a los más ricos, una pérdida de derechos sin antecedentes y, hasta ponen en riesgo la soberanía nacional. Por eso las negociaciones se hicieron fuera del Congreso, porque, efectivamente, decidía gente que no está en el Congreso.

Lo único bueno, si algo bueno se puede rescatar, es que hace caer las máscaras, y permite apreciar los 144 rostros monstruosos que aprobaron una ley que humilla a cada argentino.


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