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11 de julio de 2026

¿Cómo llegamos a Balogun?

  •   Por Carlos Almenara
           

Después de terminar primera en su grupo del Mundial en curso, la selección estadounidense enfrentó a Bosnia y Herzegovina por 16avos de final, partido en que triunfó por 2 a 0. Su goleador, Folarin Balogun, fue expulsado, con una fecha de suspensión. En una situación, llamémosle, inusual, Gianni Infantino, presidente de FIFA, intervino personalmente para revertir la expulsión. Fue impactante la revelación de que Donald Trump lo había llamado para pedirle la medida.

En este video podemos ver el relato de Trump:

 

En realidad, el presidente estadounidense no debió alegar desconocimiento porque Infantino le había explicado oportunamente cómo funcionan las tarjetas en el fútbol. Aunque con Trump nunca se sabe, duro de entendederas como te dice una cosa, te dice la otra.

 

 

 

Como era de esperarse, la decisión de retrotraer la tarjeta roja a Balogun causó un gran escándalo. Bélgica, la directa perjudicada por la medida, y miembros de la UEFA (Federación Europea), reclamaron contra la alevosa parcialidad, una medida que no tenía parangón en la historia de los Mundiales.

¿Cómo llegó la FIFA al escándalo Balogun?

No viene de la nada, hay una historia que explica por qué el mundial se juega donde se juega.

Para explicarlo tenemos que remontarnos a 2015, el “FIFA Gate”, un caso de corrupción investigado por el FBI a iniciativa del Departamento de Justicia de los Estados Unidos. Esa investigación terminó con más de una decena de detenidos y un terremoto en la FIFA y federaciones regionales que llevó a una renovación de gran parte de la cúpula futbolística. Tomemos nota que la investigación es iniciativa del gobierno estadounidense.

Pongamos en contexto la época. En 2015 estaba decidido que el siguiente Mundial se jugaría en 2018 en Rusia y en 2022 en Catar. En 2018 se decidió dónde se haría el Mundial 2026, usted lector, ya sabe dónde.

En términos geopolíticos, la guerra de Occidente contra Rusia ya estaba desatada al momento del FIFA Gate. En 2014 habían dado el golpe de estado en Ucrania instalando un gobierno que actuaría como ariete contra el oso. La propia Angela Merkel salió no hace mucho de su ostracismo para confesar que durante esos años avalaron pactos con Rusia a fin de ganar tiempo para armar a Ucrania. En 2022 los rusos encontraron laboratorios biológicos en suelo ucraniano patrocinados por EEUU que investigaban infecciones virales o bacterianas que afecten especialmente a eslavos. El general responsable del descubrimiento fue asesinado por los servicios secretos ucranianos con ayuda occidental.

La guerra contra Rusia se extendió a las federaciones deportivas. Rusia está excluida de los dos últimos Mundiales por la guerra en Ucrania, Israel no está sancionado a pesar del genocidio contra el pueblo palestino. En materia de olimpismo es todavía más claro, en 2019 Rusia fue excluida de los Juegos Olímpicos por un supuesto dopaje, luego calzaron la sanción por la guerra, así que lleva 7 años sin representación en los máximos juegos del atletismo.

Aún para entender esta roja, es imprescindible comprender el concepto de lawfare, el uso de los aparatos judiciales y mediáticos para conseguir objetivos políticos. Estados Unidos, especialista en carpetazos, los más corruptos siempre trabajan para ellos, armó el FIFA Gate a efectos de conseguir su Mundial y someter esa federación deportiva. El lawfare, que en Argentina lleva a la cárcel a líderes opositores al régimen oligárquico, a nivel internacional está al servicio de los intereses geopolíticos. Sólo estafadores o incautos pueden sostener que los tribunales neoyorkinos otorgan ecuanimidad.

Estados Unidos incluye la apropiación de las federaciones deportivas en su plan de parapetarse en un mundo en guerra. Ya se quedó con la Fórmula 1 (la compró), en básquet la NBA supera largamente a FIBA en presupuestos, a la FIFA la tienen extorsionada y con el COI aplican una mezcla de lo anterior sumado a diplomacia.

Gianni Infantino conoce perfectamente la trama y sabe que tienen una voluminosa carpeta con delitos reales (no hace falta escarbar demasiado) o inventados con la que harían que su suerte fuera análoga a la de Blatter (anterior presidente de FIFA del que Gianni era su secretario –“pero no sabía nada de lo que hacía su jefe”). Incluso podría ser peor su destino y terminar en prisión. En esa clave, la conducta de Infantino se vuelve transparente. Hará lo que le manden, ya es de ellos.

Por eso su miedo a la cárcel o a perder el poder fue mayor que su inhibición ante el ridículo cuando inventó un “premio FIFA de la Paz” en 2025 y se lo dio a Trump.

 

Pero el fútbol, el fútbol… siempre tiene sorpresas escondidas. A pesar del poder detrás de Balogun, Bélgica barrió 4 a 1 a Estados Unidos y lo eliminó del Mundial. Los belgas festejaron imitando el bailecito de Donald Trump.


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