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28 julio, 2016

La tragedia que casi fue

  •   Por Jorge Abalo

           

Día domingo 3 de julio, 8 de la mañana: un padre desesperado llega a la guardia del hospital Sícoli de urgencia, su bebé ha tragado leche pero se ha ido por el pulmón. Médicos y enfermeros acuden inmediatamente. Las primeras luces del amanecer están tentadas pero todavía no…

Los médicos entienden la necesidad de actuar en forma inmediata. Así lo hacen. Atienden al bebé que sólo tiene semanas de nacido, y luego de reanimarlo reacciona bien. Pero hay un problema, hay que llevarlo de urgencia al hospital Notti. El hospital Sícolí cuenta con dos ambulancias, pero una pertenece al Servicio Coordinado de Emergencia. La del Sícoli está en Mendoza. Sin embargo, la del Coordinado sigue en la puerta. Funciona perfectamente, está todo en orden, pero… sigue estacionada. Entonces aparece una palabra, que desde hace tiempo se viene usando en la administración pública y también privada: “el protocolo”.

Ya estaba todo previsto para que la ambulancia del Servicio Coordinado de Emergencia saliera, pero llega la orden de Mendoza: “la ambulancia no sale, porque hay que cumplir con el protocolo”.

-¿Por qué? Se pregunta del otro lado del teléfono, -“porque el hospital Notti tiene preparada una ambulancia a tales fines, en guardia pasiva, para neonatos”- contesta la médica del coordinado, que pareciera haber descubierto una palabra nueva.

Los minutos pasan y el sol sigue empeñado en no salir. Espera algo. Tal vez a alguien…

Hay que tomar una decisión, porque la ambulancia del Notti viene en camino. Pero no llega, y no lo hará jamás. El sol espera.

Una pediatra y un enfermero toman una decisión: deciden llamar a la ambulancia del hospital Sícoli, que ahora está en Costa de Araujo. Viene de inmediato. Ya han pasado dos horas y media. Cargan al niño y lo llevan de urgencia al Notti. Llega en media hora. El sol va saliendo…

Ellos llegan con el bebé, es atendido, se recupera. Los padres recuperan el aliento, el sol va iluminando la mañana, decidió salir.

Dos sábados después, otra historia similar. La misma angustia.

Esta vez, y luego de las advertencias con sancionar a la médica y al enfermero que tomaron la decisión de llevar al primer bebé al Notti, el protocolo se cumplió al pie. Y esta vez, como en la anterior, la ambulancia se demoró dos horas y media en llegar y trasladarlo al hospital de niños, pero como estaba deprimido hubo que intubarlo, antes de trasladarlo. Del pequeño, no pudimos averiguar cómo salió, pero está claro que algo no anda bien del protocolo establecido, y que cómo dice Jorge Pedernera, el enfermero que asistió a los bebés, “hay protocolos que sirven para la ciudad, pero no para distancias como éstas”.

Ante todo esto, sólo nos queda una pregunta: ¿cómo reaccionarían las autoridades del coordinado y el Notti ante una tragedia?

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