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28 mayo, 2020

Volver al barro: mucho ruido y pocas nueces

  •   Por Juan Burba

           

Nuestro departamento es pionero en la provincia, e incluso en el país, en reglamentar la construcción en tierra cruda, es decir, en barro, tanto en el histórico adobe (forma que reina en nuestro querido secano) como en la modernizada quincha mejorada. Incluso el Municipio apoya esta forma constructiva a través de asesoramiento técnico, realización de planos y construcciones modelos para que la gente conozca la forma de hacerlo.

Aunque, como decimos, es histórica, porque no es nada más que el rescate de las formas tradicionales de construcción que se han ido abandonando porque tienen “mala prensa”. Pero con un par de “adelantos técnicos” se ha podido demostrar las grandes ventajas que estas formas tienen. El cuento de “Los 3 chanchitos y el lobo”, caló hondo en las sociedades, y nos terminó convenciendo de que no hay mejor que el ladrillo, el hierro y el cemento. Dicen por ahí que al cuento lo inventó Amalita Fortabat … vaya a saber.

Pero lo cierto, es que el barro tiene innumerables ventajas en comparación con los materiales de construcción industriales: regula la humedad ambiental ofreciendo condiciones de vida saludables, almacena calor y actúa como aislante acústico, es fresco en verano y caliente en invierno, ahorra energía y disminuye la contaminación ambiental (se necesita sólo 1% de la energía requerida para la preparación transporte y elaboración de hormigón armado o ladrillos cocidos), es reutilizable, económico (se prepara con las tierras del lugar), es ideal para trabajos de autoconstrucción porque se puede ejecutar con herramientas sencillas,y un montón de etcéteras.

Y sobre los prejuicios, que vamos a resumir en 3 palabras: precariedad, vinchuca y sismicidad, ya está largamente demostrado que es parte de los mitos. Y vamos con un dato concreto y convincente: construyendo uno mismo su casa de barro, se ahora entre el 70 y el 80% del dinero necesario para construir una casa de material industrial del mismo tamaño, pagando la mano de obra.

Y a pesar de la buena propaganda que ha tenido Lavalle por ser la pionera que mencionamos al principio, la propuesta no se ha extendido en el departamento. Hay, al menos, 3 hermosos modelos de construcción (ademas de históricas casas y capillas) que se pueden visitar para conocer: la casa de Turismo al lado del museo en Villa Tulumaya, el local de Interluz, la empresa municipal de Internet, que tiene una parte de su construcción en una moderna quincha con metal, y una “yurta” circular de caña y barro que está en el CAE del B° Andacollo, en Tres de Mayo.

Sin embargo, no aparece el barro como opción en la políticas públicas para promover la construcción de viviendas en nuestro departamento. Una contradicción flagrante que deberíamos revisar para que esta fabulosa y ancestral (al mismo tiempo aggiornada a lo moderno) técnica de construcción se extienda como posibilidad concreta de resolver el problema habitacional en Lavalle.


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