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1 de abril de 2025

El drama de los caminos en el secano lavallino: la exigencia de una solución definitiva

  •   Por Juan Burba
           

Las comunidades de El Forzudo y Arroyito enfrentan una situación crítica debido al estado deplorable de sus caminos. Las lluvias y la falta de mantenimiento han convertido las rutas en huellas intransitables, poniendo en riesgo la educación de niños y adolescentes, la movilidad de docentes y la vida cotidiana de los habitantes.

Alberto Campos, director jubilado de la escuela primaria de Arroyito, quien vive actualmente, gran parte del mes en El Forzudo, de donde es oriunda su pareja, y recorre la zona asiduamente, describió con preocupación las dificultades que enfrentan los estudiantes. Recordemos que ambas escuelas funcionan bajo la modalidad albergue. «En Arroyito hay 26 alumnos, de los cuales 20 albergan en la escuela, 3 viven cerca, pero otros 3 deben transitar 7 kilómetros todos los días» informó Campos a El Despertador. A su vez en El Forzudo, son 12 estudiantes, la mitad de ellos en el albergue. Los que albergan se trasladan en transporte escolar, mientras que el resto debe movilizarse por sus propios medios. En la escuela secundaria, anexa de la de San Miguel de los Sauces, la situación es similar: de los 46 estudiantes, 43 están en el albergue y dependen del transporte escolar

Sin embargo, la precariedad de los caminos hace que el traslado de los estudiantes sea una odisea diaria. «El martes, cuando ingresaban al albergue, el transporte escolar quedó atascado, los niños quedaron varados durante horas, sin agua ni comida, hasta que un vecino y la policía lograron rescatarlos, es una situación inaceptable», denunció Campos. Situaciones como esta no son aisladas y se repiten cada vez que llueve con intensidad, dejando en evidencia la falta de una solución estructural.

Conversamos también con Aníbal Mattuz, presidente de la comunidad huarpe «José Ramón Guaquinchay» de El Forzudo, quien remarcó que el reclamo no es nuevo y exigió soluciones a largo plazo: «los caminos necesitan arreglos definitivos y con buen material, la Ruta que une Arroyito y El Forzudo, está a punto de perderse: cada vez que viene una máquina, solo saca material y el camino se vuelve más hondo, es prácticamente un río cuando llueve».

La situación se agrava por la falta de claridad sobre a quién le corresponde el mantenimiento de estos caminos. «Estamos en el medio de tres departamentos (Lavalle, Santa Rosa y La Paz), lo que complica que un municipio o una institución se haga cargo de la situación. Hemos presentado expedientes a Vialidad Provincial, pero no obtenemos respuestas concretas. Cristian Cabral, de Lavalle, ha tratado de ayudarnos, pero sin jurisdicción, no puede hacer mucho», explicó Mattuz.

Los intentos de reparación realizados hasta ahora han resultado ineficaces: «el ripio que colocó el gobierno provincial fue de mala calidad y solo sirve para romper las cubiertas de los vehículos, no se puede transitar así, necesitamos una inversión real y planificada, no parches que solo empeoran el problema», agregó el referente huarpe.

El reclamo de la comunidad es claro: sin caminos, se pierden derechos esenciales como la educación y la salud: «un pueblo sin caminos tiende a desaparecer. si no podemos transitar, nuestros hijos no pueden estudiar, los médicos no pueden llegar y no podemos vender nuestra producción. Por eso pedimos al gobernador y a Vialidad Provincial que miren hacia el secano lavallino y brinden soluciones reales a nuestra comunidad», concluyó Mattuz.

Las imágenes enviadas por la comunidad reflejan el desastre: caminos convertidos en lodazales, vehículos varados y vecinos que deben organizarse para rescatar a quienes quedan atrapados. La urgencia de una solución no admite más postergaciones, y las autoridades deben tomar cartas en el asunto antes de que la situación se vuelva insostenible.

Mientras tanto, la comunidad sigue esperando respuestas, con la incertidumbre de saber si los próximos días de lluvia volverán a dejarlos aislados: «no queremos vivir con miedo cada vez que el cielo se nubla, queremos caminos dignos, como cualquier otra comunidad de Mendoza», expresaron los vecinos.

El mensaje es claro: no se trata solo de mejorar un camino, sino de garantizar derechos fundamentales. La falta de infraestructura vial no solo dificulta el acceso a la educación y la salud, sino que también pone en riesgo la subsistencia de estas comunidades, que dependen de poder trasladarse para vender su producción y acceder a bienes básicos. Las comunidades de El Forzudo y Arroyito exigen una solución definitiva y el Estado no puede seguir ignorando este reclamo.

 


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