En menos de un año, doce médicos de guardia han renunciado a sus puestos en el microhospital de Costa de Araujo. La última dimisión confirma una realidad alarmante que lejos de resolverse, se ha profundizado.
En mayo pasado, el periódico El Despertador entrevistó a la directora del microhospital, Claudia Rodríguez, quien en ese entonces detalló aspectos sensibles de la atención y los servicios brindados. Aquellas problemáticas que ya eran preocupantes, hoy no solo persisten, sino que se han agravado visiblemente.
Estamos en plena temporada de invierno, y la guardia «estalla» por la cantidad de casos diarios, muchos vinculados a enfermedades respiratorias propias de la estación. Según datos extraoficiales, un solo médico de guardia llega a atender entre 100 y 120 personas por día, una cifra que habla por sí sola del nivel de saturación del servicio.
Las razones de las renuncias son tres y se repiten como un patrón:
1. La sobrecarga de pacientes que deben ser atendidos.
2. La falta de cobertura de guardias que impide distribuir el esfuerzo.
3. Los bajos salarios, que no reconocen la responsabilidad ni la intensidad de la tarea.
A esto se suma un elemento que complejiza aún más el panorama: el microhospital no solo recibe pacientes de Lavalle, sino también de departamentos vecinos como San Martín, aumentando así la presión sobre un sistema que ya está al límite.
La situación exige respuestas urgentes y concretas. El abandono progresivo del personal médico en zonas rurales no es una estadística: es una tragedia anunciada que afecta directamente a la salud y la dignidad de las comunidades.

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