Tito Angulo y Yésica Ferreira, junto a sus cuatro hijos, vuelven a empezar en Jocolí Viejo tras ser desplazados del terreno que habían comprado con esfuerzo y de buena fe, a manos de un emprendimiento agrícola ligado al famoso cantante. Luego de ser desalojados, el 28 de mayo, de su lote en San Francisco, la familia vuelve a reconstruir su hogar, su granja, y adquieren un nuevo terreno con ayuda solidaria.
Un nuevo comienzo desde la pérdida
Desde que Alberto «Tito» Angulo, Yésica Ferreira y sus cuatro hijos e hijas instalaron su vivienda en su terreno de 1500m² en febrero de 2024, lo hicieron con ilusión, sacrificio y una indemnización laboral detrás (invirtieron todo el dinero de un accidente laboral que Tito había sufrido). Compraron ese lote de buena fe a través de un contrato posesorio ante escribano; sin embargo resultó ser parte de una estafa que afectó a más de 30 familias por parte de integrantes de la familia Morales, quienes no eran los verdaderos dueños.
La situación alcanzó un punto crítico cuando, en noviembre del año pasado, Marcelo González (socio de Abel Pintos) anunció la compra legal del predio a un conocido banco, comenzando así denuncias por usurpación contra las familias. Luego de un breve proceso la justicia ordenó el desalojo de los Angulo Ferreira, que se concretó el 28 de mayo.
Contra viento y marea… construir de nuevo
Tras el desalojo, la colecta solidaria bajo el lema «los sueños no se desalojan» se volvió clave. Tito explicó: «compramos ladrillos, entregamos parte de pago del lote y hoy vamos a comprar los áridos para empezar más firme… gracias a la comunidad que nos sostuvo».
Han logrado recaudar unos 700mil pesos y ya comenzaron a pagar un nuevo terreno en Jocolí Viejo, donde levantan una nueva vivienda. Mientras tanto habitan una precaria prestada por un amigo. Ahí trabajan diariamente para avanzar con las obras, y van compartiendo en su Instagram (@angulo.ferreira) el paso a paso los avances y una suerte de rendición de cuentas de los fondos colectados.
Niños, animales y terapia: la vida que no se resigna
Para la familia, los animales no son un lujo, sino parte esencial de la vida y el tratamiento de salud de sus chicos, especialmente Ángel, diagnosticado con psicosis infantil y con Certificado Único de Discapacidad. Desde que viven en una zona rodeada de naturaleza, sus hijos muestran menos angustia, mayor tranquilidad y más oportunidades de jugar con otros niños.
En su momento, previo al desalojo, rechazaron una oferta de la comuna para ser reubicados, pero con la condición de no tener animales. «La salud de mis hijos es más importante que una solución improvisada», dijo Tito, mostrando la coherencia de su postura.
El reclamo sin respuesta
Desde el municipio, el apoyo fue casi inexistente. Tito denuncia: «hay un desinterés total… ni siquiera preguntaron cómo estamos». En contraste, familiares, organizaciones y vecinos han sido el sostén tangible y emocional.
En tanto, Abel Pintos expresó públicamente: «lamento mucho lo sucedido y estoy solidarizado con ellos». Sin embargo, nunca se concretó una propuesta de reubicación real ni encuentro directo con la familia, a pesar de que la finca ya comenzó a operar y él mismo visitó el lugar la semana siguiente al desalojo.

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