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2 de diciembre de 2025

Ajedrez: una jugada colectiva en Lavalle

  •   Por Radio Tierra Campesina
           

En Jocolí, departamento de Lavalle, una experiencia sencilla y poderosa demuestra que cuando hay comunidad, todo proyecto crece. La Escuela de Ajedrez Juan Galo Lavalle, impulsada por el profesor Javier Tizera, se convirtió en un punto de encuentro para niñas, niños y jóvenes que encuentran en este deporte una forma de aprender, de acompañarse y de construir vínculos en el territorio.

La historia empezó hace cinco años, cuando Tizera —apasionado del ajedrez desde la infancia— decidió ofrecer clases voluntarias en escuelas primarias y secundarias del departamento. Con el tiempo, y gracias al boca a boca, el proyecto fue creciendo.

Yo conocí el ajedrez en la casa de mi abuelo, en una mesa de cerámicos. De ahí no paré más. Me capacité y quise devolver lo aprendido.

Durante tres años trabajó sin apoyo económico, acercándose a las instituciones educativas, conociendo a las familias y abriendo puertas para que niñas y niños que nunca habían visto un tablero se animaran a probar. Hoy, la escuelita cuenta con 15 estudiantes solo en la sede de Jocolí, y más de una treintena entre las distintas sedes donde brinda clases: los lunes en Jocolí, los martes en el Polideportivo departamental y los miércoles en la delegación de 3 de Mayo.

El crecimiento del proyecto no fue casual: se sostiene gracias a la confianza de las familias, al compromiso del equipo de estudiantes avanzados que acompañan a las y los más chicos, y al apoyo del municipio, que garantiza la movilidad para que puedan participar en torneos dentro y fuera del departamento.

Es hermoso ver cómo se ayudan entre ellos. Yo siempre les dije que los cuido y ellos también aprendieron a cuidar a sus compañeros”.

Naomi Torres, una de las jugadoras, recuerda que empezó en séptimo grado, cuando el director de su escuela le enseñó los primeros movimientos. Desde ese día no soltó más las piezas. Pasó por decenas de torneos y el año pasado se consagró subcampeona provincial, clasificando al Nacional de Mar del Plata. Por motivos económicos, no pudo viajar, pero asegura que eso no le quitó las ganas de seguir.

Lo mejor del ajedrez es la gente que conocés. Cada contrincante es una fuente de aprendizaje. No es solo rivalidad: perdés, ganás, intercambiás ideas y te llevás amistades nuevas.

En el otro extremo del camino aparece Jesús Vidal, que lleva apenas un mes en la escuela. Participó en su primer torneo y ganó dos partidas.

Se sintió re bien. Mi objetivo es mejorar. Si pierdo, aprendo. Ese es mi pensamiento”,

Madelene Mercado, alumna y entrevistadora en esta producción, también comparte su experiencia:

Yo soy muy inquieta, y el ajedrez me costó al principio. Pero con la paciencia del profe y la ayuda de mis compañeros fui avanzando. Lo más lindo es volver de cada torneo con una historia nueva”.

Un proyecto que crece desde abajo

Como muchas iniciativas comunitarias, la escuelita de ajedrez también enfrenta dificultades, especialmente económicas. Las inscripciones a torneos suelen costar entre 10.000 y 30.000 pesos, una cifra que muchas familias no pueden afrontar.

A veces con esa plata comprás un par de zapatillas. Y yo entiendo perfectamente al papá o la mamá que no puede pagar, señala Tizera.

Aun así, la comunidad busca alternativas: rifas, ventas, aportes voluntarios y un acompañamiento fuerte de madres y padres que sostienen el proyecto. Así, en dos años lograron organizar ocho torneos locales, comprar tableros, relojes y camisetas para la escuelita.

Otro motor de crecimiento fue el enfoque de deporte inclusivo, que el profesor impulsa desde hace años. Allí, estudiantes de la escuela enseñan ajedrez a niñas y niños con discapacidad o con distintas formas de aprender.

Es hermoso ver cómo aceptan, acompañan y enseñan sin discriminar. Eso vale más que cualquier medalla, afirma.

Lo que viene: ajedrez para toda la comunidad

Para cerrar el año, la Escuela de Ajedrez Juan Galo Lavalle está organizando un gran torneo abierto en la plaza departamental, previsto para fines de noviembre o mediados de diciembre. Será una actividad de tarde-noche, de 18 a 22, pensada para que cualquier persona —sepa jugar o no— pueda acercarse, mirar, aprender e incluso sumarse a la escuela.

El ajedrez es para todos. Si quieren venir, van a ser parte de esta familia, invita Madelene, en nombre del grupo.

En un territorio donde lo comunitario sigue siendo un motor vital, la escuela de ajedrez demuestra que el deporte también puede ser un puente: un espacio para encontrarse, para acompañarse y para abrir caminos entre generaciones.


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