A dos años de su asunción, el intendente Gonzalez abre las puertas de su despacho para una entrevista con El Despertador. Sus convicciones,
las deudas saldadas y las que faltan, los cambios en el gabinete, el drama del agua, el peronismo, el futuro, son solo algunas de las
preguntas que salieron a la luz en esta charla. Aunque el intendente no tuvo problemas en contestar ninguna, seguramente quedaron muchas en el camino que el público podrá agregar cuando se suba a las redes.
El Despertador: ¿Cómo evalúa la gestión?
Edgardo Gonzalez: La gestión hay que analizarla dentro del contexto que estamos atravesando. Muchas veces se opina desde afuera como si todo funcionara con normalidad, pero la realidad es compleja. Aun así, hemos logrado avanzar en muchos frentes, aunque sabemos que todavía existen deudas importantes.
El Despertador: ¿A qué deudas se refiere concretamente?
EG: Principalmente a la deuda en materia de vivienda. Hoy tenemos un déficit habitacional muy grande y estamos concentrando los esfuerzos en resolver situaciones urgentes: familias que, debido al aumento de los alquileres, necesitan al menos una habitación, un baño, un piso y un techo digno. Nuestro objetivo es garantizar primero lo esencial.
El Despertador: Además de la vivienda, ¿qué otros ejes han sido prioritarios?
EG: Otro punto central fue finalizar las obras nacionales que habían quedado paralizadas. Pudimos pagar las deudas con casi todas las empresas contratistas y reactivar proyectos que eran fundamentales para la comunidad.
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ED:¿Cómo fue el avance en los barrios que estaban inconclusos?
EG: Hemos avanzado muchísimo. En el barrio General Acha, ya terminamos todo y las viviendas fueron entregadas. Para nosotros fue un gran alivio, porque asumimos en un contexto de transición muy complejo: con dificultades a nivel nacional, provincial y municipal, y con varias obras que habían quedado inconclusas.
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Caminos rurales y obras viales
ED: Además de las obras nacionales, ¿qué avances se lograron en materia de caminos rurales y pavimento?
EG: Hemos avanzado muchísimo en caminos rurales. Realizamos más de 1.700 viajes de material, y la gran mayoría se destinó exclusivamente a mejorar los caminos. Ahora hicimos una nueva licitación por 500 viajes más para continuar con este trabajo. Terminamos los asfaltos del Paramillo y de El Plumero. Más allá del pavimento, el trabajo previo en esas dos arterias fue enorme: cada una tiene aproximadamente entre 1.000 y 1.200 metros, y se hizo una intervención muy grande de nivelación y base.
En Jocolí hicimos un trabajo enorme en las calles que dependían de Vialidad, como la calle Quiroga, Villanueva y La Estación. También intervenimos en todo lo que es el loteo de la zona y en la calle Jesús Ferreira, junto con todas las arterias internas. Antes, cada vez que llovía, los vecinos no podían salir y llovían también los pedidos de arreglo. Lo dije en la fiesta de la Vendimia: después de las últimas lluvias grandes, no recibimos más reclamos, y eso habla del impacto del trabajo realizado.
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Nuevo presupuesto y plan de obras 2026
ED: De cara al próximo presupuesto, ¿qué objetivos de obra se están planteando?
EG: Para el próximo presupuesto queremos encarar obras importantes. Todavía no las vamos a anunciar porque estamos terminando de definirlas, pero hay una en particular que me propuse concretar: requiere una inversión significativa y creo que va a generar un impacto muy fuerte en la sociedad lavallina. Al mismo tiempo, no podemos pensar solo en grandes proyectos. La idea es seguir presentes en todos los distritos, aunque sea con pequeñas obras en cada uno, porque la cercanía con la gente también es una prioridad.
ED: Usted ha mencionado problemas con la coparticipación. ¿Cómo afecta eso a la planificación?
EG: Es un tema que la comunidad tiene que conocer. A veces se cree que el municipio tiene recursos ilimitados y no es así. Para este año habíamos presupuestado en función de una recaudación que se suponía iba a crecer… pero ocurrió lo contrario.
En noviembre de 2025 estamos recibiendo prácticamente la misma cantidad de recursos que en noviembre de 2024, e incluso en algunos meses percibimos menos que el año anterior. Eso condiciona la posibilidad de proyectar obras más ambiciosas.
Crisis social, consumo y situación del sector agrícola
ED: En algunos sectores se instala la idea de que, como la inflación bajó, ya estamos saliendo de la crisis. ¿Coincide con esa visión?
EG: No, no solo no coincido: estoy convencido de que la crisis sigue siendo profunda. Nosotros lo vivimos todos los días. La demanda social ha crecido muchísimo. Lo normal sería entregar un bolsón mensual a las familias más vulnerables… pero hoy, a la semana o a la semana y media, muchas vuelven a pedir ayuda otra vez. Eso habla de una situación muy dura.
ED: ¿En qué otras áreas se nota ese deterioro social?
EG: En el comercio: uno recorre los negocios del departamento y nota claramente que el movimiento no es el mismo de otros años.
ED: ¿Cómo impacta el contexto económico en la actividad agrícola, que es clave para la región?
EG: Muchísimo. La agricultura y en particular la vitivinicultura está atravesando un momento muy complicado, y puede ser peor. El vino no vale, la uva se ha pagado incluso menos que el año pasado, y los costos se han disparado. Solo en riego, muchos productores están recibiendo facturas de 2.8 o 3.5 millones de pesos.
ED: ¿Qué consecuencias tiene eso en el empleo rural?
EG: Lo que está pasando es que productores que antes tenían cuatro, cinco o seis obreros, hoy se quedan con dos o tres. Y esa gente queda en la calle. Nosotros lo vemos, lo escuchamos todos los días. Por eso digo: más allá de lo que digan, en el territorio la crisis es real y profunda.
Demanda social y perspectivas económicas
ED: Usted habla de un aumento fuerte en la demanda social. ¿Se ve a diario?
EG: Totalmente. Yo te juro que lo vemos todos los días. Hay entre ocho, nueve, diez personas que llegan desesperadas buscando trabajo, que hace dos meses no consiguen nada, con hijos, con necesidades que no pueden cubrir. La situación no es buena; estoy absolutamente convencido de eso.
ED: Frente a este panorama, ¿ve alguna señal de mejora en el horizonte a nivel general?
EG: Yo creo que, desde el lugar que ocupamos, siempre tenemos que desear y esperar que la situación económica mejore en el país. Lo anhelo, sinceramente. Pero con lo que vemos acá, especialmente en todo lo vinculado a la actividad agrícola que es lo que mueve la economía local, la realidad es complicada.
ED: Supongamos que hubiera un gobierno nacional con el que se pueda articular y que disponga de fondos para obras. ¿Cuáles serían las prioridades en materia de grandes obras?
EG: Las grandes prioridades serían la mejora de los caminos, tanto en asfalto como en ripio. Ese es un tema central para nosotros. Además, tenemos un pendiente en el que estoy trabajando seriamente en estos dos años: avanzar con el proyecto del mercado de concentración, que es un compromiso que asumimos. En el presupuesto ya hemos previsto una partida para, en su momento, poder comprar el terreno. La idea es ubicarlo con acceso directo a la Ruta 40, porque eso le daría una ubicación estratégica y facilitaría la circulación y el movimiento productivo.
Sin embargo, el agua potable es otro de los grandes problemas que atraviesa el departamento. Justamente el lunes estuvimos reunidos con el jefe de AYSAM a raíz del conflicto que se produjo en Corralitos. En esa reunión planteamos qué cosas creemos que hay que mejorar y también nos ofrecimos a colaborar en las obras que sean necesarias.
Hoy el sistema está trabajando al límite: no hay más agua disponible de la que estamos pudiendo traer para sostener el servicio en la Villa a través de AYSAM. En algunos otros lugares el servicio depende de asociaciones locales.
Entonces, hay tres frentes claros. Primero, aumentar la producción de agua. Segundo, controlar el derroche, que es fundamental: creemos que la colocación de medidores es la medida más efectiva para reducir el consumo excesivo. Y tercero, avanzar en obras importantes de agua y cloacas, porque sin infraestructura nueva no vamos a poder mejorar la situación de fondo.
ED: El plan de obras se presentaría en enero o quedaría para febrero?
EG: La idea es presentarlo en los primeros días de enero. Justo antes de que llegaras me llamaron para ver algunas obras puntuales, pero el objetivo es ese: dejar listo el plan para que pueda analizarse y aprobarse. Queremos cumplir el compromiso de avanzar con obras, aunque sean pequeñas, en cada lugar del departamento.
ED: Para poder sostener ese esquema, ¿en qué áreas tuvieron que ajustar?
EG: Fundamentalmente en obras. Si hoy estamos recibiendo prácticamente el mismo monto que en noviembre del año pasado, pero con aumentos salariales del 64%, porque priorizamos el salario del trabajador municipal, el margen se achica muchísimo. Entonces, como está pasando en la mayoría de los municipios, el principal ajuste terminó dándose en el área de obras públicas, con la diferencia de que otros municipios tienen otros ingresos extras, mientras que nosotros no.
ED: Recién lo interrumpí cuando iba a hablar de otras áreas con las cuales evidentemente está conforme. Una de ellas es el área deportes, lo que me lleva a preguntar no por esa sino por otras y la continuidad al frente de algunas de ellas. Circula la idea de que habrá cambios en algunas áreas del municipio. ¿Se vienen esos cambios?
EG: Sí, se van a hacer cambios. Los estoy conversando con la gente de cada área. Nadie tiene que resentirse por eso: hoy alguien puede estar cumpliendo una función y mañana podemos necesitarlo en otro lugar.
ED: Cuando habla de cambios, ¿se refiere a reubicaciones internas o a gente que podría quedar afuera del municipio?
EG: No, no voy a dejar a nadie afuera. Se trata de reubicar en función de lo que vemos en la gestión y también de lo que la sociedad transmite. No usamos encuestas, pero uno recibe comentarios, miradas, evaluaciones que van llegando, y es importante tenerlas en cuenta. Eso forma parte de gobernar.
ED: Algunos dicen que ese «rum-rum» de posibles cambios que se largan, pero que no se efectivizan genera mayor incertidumbre. ¿Piensa tomarlos todos juntos o de manera gradual?
EG: Los cambios se van a ir dando de manera ordenada. A veces el rumor aparece porque alguien lo alimenta, pero lo real es que yo estoy hablando con las personas involucradas, explicándoles por qué considero que es conveniente moverlas: para mejorar la gestión, para ordenar áreas, para fortalecer el trabajo. Tengo la responsabilidad y la autoridad de hacerlo.
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ED: ¿Siente que, en algunos sectores, falta ese compromiso de presencia y cercanía con la gente que ustedes plantearon como eje de gestión?
EG: Sí, creo que en algunos casos eso no se está dando como debería. Yo ando mucho: sábados, domingos, feriados, y veo cosas que tenemos que revisar. Pero nadie tiene que resentirse por esos cambios. Esto pasa en todos lados: el Gobierno nacional hizo cambios, la Provincia hizo cambios, los intendentes hacen cambios. Forma parte de gestionar.
Lo que quiero lograr es que el municipio funcione como un equipo. Nadie puede mirar solo su área: el municipio es uno solo, y la responsabilidad es colectiva.
ED: Después del 26, ¿sintió que hubo un pedido para que impulsara cambios en el equipo de gestión?
EG: Después del 26 recibí innumerables mensajes. Mucha gente que no tiene nada que ver con la política, gente independiente, con su vida y su mundo, me escribió para decirme: «Edgardo, ya es momento de hacer cambios». Y yo entiendo ese planteo. Pero también creo que no corresponde hacer cambios solo por un resultado electoral, más aún cuando tampoco fue un resultado adverso. Si el peronismo hubiese estado unido, probablemente el resultado habría sido otro. Pero bueno, el resultado es el que es.
Lo que estoy haciendo es hablar con cada uno, ver quién realmente puede ayudar en esta etapa, quién puede acompañar el camino que queremos para el municipio.
Algunos seguirán donde están, otros van a pasar a nuevas funciones, y algunos tal vez tengan que asumir responsabilidades en áreas que no eran las suyas originales. Ya nos pasó cuando dividimos Obras Públicas y Servicios: hubo que reorganizar equipos, y también hubo resistencias. Pero en la gestión no se trata de que cada uno se quede para siempre en el lugar que ocupa; se trata de poner a cada persona donde mejor puede aportar al proyecto.
ED: De cara a 2027, ¿cómo se ve políticamente y en términos de gestión?
EG: Yo me veo bien. Incluso en este 2025 no me he sentido mal en la gestión. Hemos hecho, entre todos los muchachos, todo lo que hemos podido y más. Y lo digo con total honestidad: hicimos más de lo que, en teoría, se podía hacer.
Cada vez que llegó un reclamo por una calle, por asfalto, por ripio, por luminarias, por agua, tratamos de estar presentes y de resolverlo con la mayor urgencia posible. Y en ese sentido no me he sentido mal, ni distante de la sociedad. Al contrario: siempre he sentido buena recepción, sobre todo en el campo, donde en estos dos años hemos estado presentes como nunca.
No solo en las fiestas locales, sino acompañando a la gente en momentos clave: cuando se quiso modificar la ley del agua, cuando hubo debate sobre los territorios de las comunidades, cuando me pidieron que acompañara la causa Mapuche y lo hice, votando a favor porque era lo que ellos me planteaban. Y después, lamentablemente, muchas de las cosas que advertían terminaron ocurriendo.
También en el tema del agua hemos estado al frente. Salí a dar la cara, como desde 2019, acompañando las manifestaciones y los reclamos de la comunidad. Yo siento que hemos estado donde había que estar.
ED: No le preocupa que, frente a estos temas, como el agua, no haya definiciones claras de otros dirigentes peronistas? Porque, al final, fueron muy pocos los intendentes que se expresaron.
EG: no me preocupa porque yo no me puedo meter en como gestiona cada intendente su departamento
ED: Cuando hablo de preocupación, no me refiero a si los dirigentes salen públicamente o no, sino a que, pensando hacia adelante, el peronismo debería construir un programa de gobierno con unidad. Hoy se ve mucha fragmentación, posiciones compartimentadas, miradas que no siempre confluyen. ¿Eso no le preocupa de cara al futuro?
EG: No, mirá… yo creo que en cada departamento cada intendente trabaja según su realidad y su contexto, y es muy difícil meterse en eso. Yo soy amigo de varios intendentes, tanto de los nuestros como de los que no son del espacio, pero Lavalle es una situación completamente distinta a la de otros departamentos. Acá el tema del agua atraviesa todo: no solo el agua de riego, sino el agua potable, el agua del secano, las lagunas que se han ido secando y que, en su momento, eran parte central de la economía del departamento. Eso acá está muy incorporado en la vida cotidiana de la gente; es una problemática que se siente de manera muy profunda.
Entonces, cuando otros ven el tema desde afuera, quizá no lo viven con la misma intensidad que nosotros. Y yo lo entiendo. Cada intendente tiene su realidad.
Ahora bien, lo que sí me molesta son algunas actitudes que aparecen cuando se mezclan las cuestiones con estos temas tan sensibles. Porque, se votó de una manera en diputados y de otra en senadores, se termina especulando políticamente. Y eso, la verdad, no ayuda.
ED: Algunos sectores le criticaron en su momento su relación con el gobierno provincial. ¿Qué balance hace de esa relación después de dos años?
EG: La relación que tengo con la provincia surge, en primer lugar, de haber estado cuatro años en la Cámara y de haber sido vicepresidente. Con el presidente de la Cámara desarrollé una relación institucional y también de amistad, si se quiere. No es otra cosa.
Después, claro, esa relación me permite ir, sentarme y plantear necesidades para el departamento: pedir apoyo para obras, para infraestructura. Y quiero aclarar algo: en este presupuesto no tengo ninguna obra provincial
ED: ¿Qué obras concretas se lograron a partir de esa articulación con la provincia?
EG: Gracias a esa gestión, si Dios quiere, en febrero vamos a inaugurar la escuela nueva. También pudimos terminar el gas natural en Jocolí Viejo, recuperar una obra que llevaba nueve años parada y que beneficia a unas 700 familias.
Con Vialidad hicimos el asfalto alrededor de la plaza; parecía una obra menor y hoy permite circular sin destruir los vehículos. Desde Irrigación nos prestaron la máquina y el combustible para hacer un bypass de más de 200 metros. Eso nos habría costado casi 70 millones de pesos si teníamos que alquilar todo.
ED: ¿Siente que aún falta más inversión provincial en el departamento?
EG: Claro que falta. No siempre se consigue lo que uno quisiera. Este año está previsto avanzar con cinco kilómetros de asfalto en la entrada de Maxi Consumo y también con la demolición de la vieja Comisaría 17 para construir la nueva.
ED: hace años que la comisaría está en el presupuesto provincial…
EG: Está en el presupuesto; después, si se hace o no se hace, ya no depende de nosotros. Llevamos años esperando algunas de estas obras.
ED: Entonces, ¿cómo define hoy su vínculo con el gobierno provincial?
EG: Es una relación institucional para gestionar cosas para el departamento. No es que me paso el día comiendo asados con funcionarios ni tengo una cercanía política permanente. Si así fuera, se vería reflejado en un presupuesto lleno de obras «a medida», y no es el caso. Mi objetivo es conseguir lo que el departamento necesita, no otra cosa.
ED: ¿Cómo ve hoy al peronismo?
EG: Lo veo mal. Mal, mal. Sobre todo al peronismo provincial. Veo muchas contradicciones y falta de rumbo.
ED: ¿Y en el plano local?
EG: En lo local creo que hay una idea más clara: trabajar para llegar a 2027 con un peronismo unido en el departamento. Ese es el objetivo, y ojalá podamos lograrlo.
ED: ¿Cuáles son esas contradicciones que observa a nivel provincial?
EG: Por ejemplo, en octubre, cuando tuvimos internas, la postura era que todo debía resolverse con una interna abierta, con participación, con debate. En algunos departamentos hubo acuerdos, bien o mal, como se lo quiera ver, y en otros sí hubo internas.
Ahora, para febrero, la definición que tomó el peronismo provincial es que los candidatos se elijan directamente en el Congreso del partido. Antes se pensaba de una manera, hoy de otra. Ese cambio permanente genera malestar.
ED: ¿El peronismo se está convirtiendo en una decepción para la gente?
EG: Yo no diría que es una decepción. Creo que lo que pasa es que la política y los partidos ya no funcionan como antes. Antes, de algún modo, las decisiones se tomaban escuchando más a la gente; los candidatos llegaban con respaldo social y con participación real. Hoy los partidos han perdido esa esencia: ya no se construye colectivamente. Es como cuando un club deja de ser conducido por su comisión y todo pasa a depender solo del presidente. Creo que ese es el problema que atraviesa hoy el peronismo.
ED: ¿Cree que tiene salida esta situación?
EG: Sí, siempre hay salida si se vuelve a escuchar a la mayoría, si se recupera la participación real.
ED: ¿Cuándo fue la última vez que se reunió con un intendente peronista de otro departamento?
EG: Hace mucho que no nos juntamos.
ED:¿Y no es un problema esa falta de coordinación?
EG: El problema es otro: cada intendente llega desde lugares muy distintos. Algunos llegan solos, otros vienen de estructuras que existen hace años, otros responden a determinados sectores o figuras del peronismo. Mientras el partido se siga organizando de esa manera, con espacios fragmentados y lógicas internas distintas, ese va a seguir siendo el verdadero problema.
ED: ¿Quiénes son los “buenos y los malos” en el peronismo, porque a veces me cuesta entenderlo…
EG: No, yo no creo que haya buenos y malos. Lo que sí creo es que hay distintas formas de ejercer el poder: algunos lo manejan de una manera y otros, entre los que me incluyo, creemos que debería manejarse de otra forma, con más apertura y con mayor participación.
El peronismo tiene dirigentes y tiene candidatos que pueden ser muy valiosos, de eso no tengo ninguna duda. El problema no pasa por las personas, sino por la forma en que se toman las decisiones.
ED: Hablando con alguna gente, escuchando lo que dicen, percibo un clima de incertidumbre. Mucha gente dice: «Bueno… ¿y ahora qué?».
EG: Hay mucha gente que está esperando algo distinto, que pregunta qué le vamos a ofrecer, qué proyecto hay hacia adelante. Y creo que el peronismo tiene que dar una vuelta de tuerca profunda: sentarse de verdad, pensar en el futuro y construir algo serio. Mientras el peronismo no logre enamorar otra vez a la sociedad, va a ser muy difícil recuperar la confianza.
ED: ¿Y a nivel local? ¿Cómo ve la articulación con otros sectores políticos?
EG: Nosotros siempre hemos tenido predisposición para trabajar con todos los sectores. Cuando hicimos el acuerdo en la transición, convocamos a todos los concejales, los invitamos a ser parte, a construir juntos. Y hoy mi postura sigue siendo la misma: las puertas están abiertas. Pero también hay que tener voluntad de estar, de participar. Yo puedo invitar, pero del otro lado también tiene que haber intención.
Con la mayoría no tengo ningún problema. El único con quien no nos hemos vuelto a juntar es con Roberto, pero más por una cuestión lógica: a veces las situaciones políticas generan heridas, y toda herida necesita tiempo para cicatrizar. Algunas sanan, otras tal vez no, pero creo que con el tiempo puede darse un reencuentro.
De todos modos, y esto también hay que decirlo, muchas veces es la propia gente la que termina ordenando las cosas. Porque, en definitiva, lo que nosotros ofrecimos fue lo que la sociedad definió en las urnas.
ED: Para finalizar, qué cree que valora la gente de usted?
EG: yo creo que la gente valora que uno esté, que esté presente cuando aparece un problema en una entidad, en un club, en la comunidad. Saben que, si hay una dificultad, vamos a tratar de resolverla o, al menos, de acompañar y buscar una solución.
La gente sabe que, ante un problema serio, lo importante es estar, articular, acompañar, aunque a veces no se pueda resolver todo de inmediato. Y creo que eso en Lavalle todavía se vive de una manera distinta a otros departamentos o al resto de la provincia. Hay una relación mucho más directa entre el dirigente y la comunidad.
Y yo estoy. La gente lo sabe.

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