La Liga del Deporte de Lavalle es una entidad conformada por clubes de distintas localidades del departamento, que participan activamente con más de diez categorías por institución, abarcando edades infantiles, formativas y mayores. Su función principal es organizar, regular y sostener la competencia deportiva, promoviendo el juego, la inclusión y la convivencia dentro de un marco de respeto.
Sin embargo, en los últimos tiempos, el fútbol lavallino se ha visto gravemente afectado por reiterados hechos de violencia: agresiones físicas a árbitros, peleas entre hinchadas, enfrentamientos dentro y fuera del campo de juego, amenazas y ataques a dirigentes. Hechos que nada tienen que ver con el deporte y que manchan el esfuerzo de quienes sí trabajan de manera honesta para sostener esta liga.
Ante esta situación, y cumpliendo con los reglamentos vigentes, se han tomado decisiones duras pero necesarias, como la expulsión de categorías completas y, en casos extremos, la expulsión total de clubes, tal como ocurrió con San Francisco, Jocolí y La Pega. Estas resoluciones no fueron tomadas de manera unilateral, sino que surgieron del consenso y la votación de los propios clubes, a través de sus consejeros, en el órgano máximo de decisión de la Liga.
No obstante, cada vez que una sanción es aplicada, el camino elegido por muchos es siempre el mismo: culpar a la Comisión de la Liga. Se instala un discurso cómodo, superficial y carente de responsabilidad, donde nadie se hace cargo de sus hinchas, de sus jugadores ni de sus propios dirigentes. Nadie mira hacia adentro. Nadie señala al amigo, al vecino, al compañero de equipo que fue protagonista de los hechos violentos. Nadie asume su parte.
La salida fácil es acusar a la Liga.
La salida difícil (pero necesaria) es la autocrítica.
Resulta incoherente exigir un fútbol sin violencia cuando no se condena al violento propio. Es imposible construir un deporte sano si se justifica lo injustificable, si se minimizan las agresiones o si se pretende que las reglas solo se apliquen cuando no afectan intereses particulares.
La Liga no golpea árbitros.
La Liga no invade canchas.
La Liga no genera peleas entre hinchadas.
La Liga sanciona. Y sanciona porque tiene la obligación de hacerlo.
Mientras no se entienda que cada club es responsable de la conducta de sus jugadores, dirigentes y simpatizantes, el problema va a seguir existiendo. Mientras no se asuma que las decisiones se toman entre todos y no por una sola comisión, el fútbol de Lavalle seguirá estancado en discusiones estériles y falsas acusaciones.
Si realmente se quiere erradicar la violencia del fútbol lavallino, el primer paso no es señalar con el dedo a la Liga, sino mirarse al espejo. Hacer autocrítica no es debilidad: es madurez institucional. Y sin madurez, no hay futuro posible para el deporte.
La Liga del Deporte de Lavalle no es el problema.
El problema es la falta de responsabilidad de quienes se niegan a asumir las consecuencias de sus propios actos.
Adrián Mayorga, consejero Tulumaya – Salvatierra
Carlos Man vicepresidente
Raúl Man, tesorero
Mauricio Gonzalez, secretario
Gerardo Lucania, pro tesorero

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