El crecimiento de la violencia escolar refleja tensiones sociales más amplias y expone límites del sistema educativo para dar respuestas integrales en contextos de crisis. Consultamos a Gustavo Sánchez, Director de la escuela «José Miguel Graneros» de Gustavo André, quien advierte sobre el impacto de la crisis social, la tecnología y la falta de inversión en la vida escolar.
Sánchez describió un escenario que combina tensiones sociales, cambios culturales y desafíos pedagógicos: «ha sido un momento bastante traumático», afirmó respecto a lo sucedido en las últimas semanas con los protocolos por las amenazas de tiroteos, y agregó: «son problemas que tienen manifestaciones nuevas, yo no recuerdo que haya entrado la policía a la escuela antes».
Para el Director lo que ocurre no puede explicarse de manera simple: «el problema es complejo, no tenemos una verdad revelada y no nos la sabemos todas», sostuvo, retomando la mirada del pensador francés Edgar Morin. En ese sentido, planteó que la realidad escolar está atravesada por múltiples dimensiones: vínculos entre estudiantes, condiciones emocionales, dinámicas pedagógicas y un contexto social cada vez más exigente.
El director remarcó que incluso en ámbitos rurales, donde históricamente se suponía cierta protección frente a estas problemáticas, esa frontera se ha desdibujado: «tenemos problemas cada vez más similares a los de los chicos urbanos», explicó, en referencia al impacto de la tecnología y los cambios culturales que llegan a través de los dispositivos.
En ese marco, uno de los factores centrales es la situación económica: «estamos en un proceso de restricción económica, de ajuste, que no hace bien. No hace bien a la familia, no hace bien a las instituciones», señaló. Según describió, esto se traduce en familias «nerviosas y angustiadas» y en una sensación general de incertidumbre que repercute en la vida cotidiana de la escuela.
Lejos de buscar culpables únicos, Sánchez insistió en la necesidad de asumir la complejidad del fenómeno: «hay distintas capas que analizar, y aun así no la vamos a abarcar del todo». También advirtió sobre la falta de tiempo para reflexionar colectivamente: «sentarse a pensar y discutir esto en equipo ya nos está faltando».
En relación al uso de celulares y redes sociales, el director planteó una postura basada en la educación más que en la prohibición: «estamos haciendo un gran esfuerzo para aprender a manejar el celular», explicó. Y detalló: «aprender a no filmar a dos chicos que se pelean, a no difundir cosas horribles, a usarlo con responsabilidad».
Sobre los protocolos ante situaciones de violencia, reconoció que son herramientas necesarias pero insuficientes: «no alcanzan», afirmó, «es una pena que no alcance con la palabra del docente o del director y tengamos que recurrir a un poder superior».
Para Sánchez, el problema excede a la escuela y requiere políticas estructurales: «hace falta inversión, mucha inversión. En infraestructura, en formación docente, en cultura, en deporte», enumeró. Y fue más allá: «las familias tienen que tener mejores salarios, tiene que haber un plan económico que genere trabajo para nuestros pibes».
En ese sentido, cuestionó la desconexión entre la formación técnica y las oportunidades reales: «estamos formando chicos y no sabemos en qué industrias van a trabajar». A pesar del escenario adverso, destacó el compromiso de la comunidad educativa: «los docentes hacen muchísimo, las directoras están aprendiendo en contextos muy complejos, y las familias hacen lo que pueden», valoró.
Finalmente, definió el rol de quienes sostienen la escuela día a día con una imagen contundente: «nosotros estamos en el frente de batalla, somos los soldados en la primera línea de la trinchera, tratamos de maximizar lo bueno y reducir el daño». En un contexto atravesado por la crisis social y económica, la escuela aparece así como un espacio en tensión, pero también como uno de los pocos lugares donde todavía se intenta construir respuestas colectivas, ojalá quienes toman algunas decisiones lo comprendan y se pongan a la altura de las circunstancias, para que estas crisis no se profundicen.
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