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25 de julio de 2026

Chicos que juegan a la pelota

  •   Por Carlos Almenara
           

Finalmente, el Mundial con centro en Estados Unidos fue un éxito clamoroso para sus organizadores. Cuando estén disponibles las estadísticas, seguramente, superarán todo lo visto anteriormente.

La espectacularización del deporte no podía estar ausente en el más popular de ellos. Se trata de cómo las otrora competencias amateurs adoptan paulatinamente mandatos marketineros. Las reglas del show business no son las mismas que las deportivas. En este Mundial se implementó una “pausa de hidratación” absolutamente ajena al fútbol tradicional. El entretiempo de la final duró 30 minutos. Evidentes concesiones a la publicidad.

En el límite, la sospecha se instala en el corazón del deporte. Lo que para las sociedades y las familias es la hecatombe de la epidemia de ludopatía estimulada por las apuestas online en eventos deportivos, en los propios competidores representa una tentación. Ha habido varios casos comprobados de arreglos espurios en distintos deportes, también en el fútbol. Otro factor comercial que presiona.
Como hemos señalado aquí, el propio Mundial y dos Copas América llegan a Estados Unidos luego de una maniobra prototípica de lawfare, el caso conocido como “FIFA Gate” armado por el Departamento de Justicia norteamericano que doblegó a la Federación Internacional a fin de cambiar su directiva que ahora el propio Trump postula para presidir la ONU. Las organizaciones que regulan las competencias internacionales siempre fueron objeto de disputa entre potencias pero ahora, con un mundo en guerra, todo se vuelve más explícito.

En ese contexto, la Selección Argentina realizó una pequeña (o más bien gran) proeza. Un rendimiento futbolístico notable que la depositó, con toda justicia, en la final del torneo. Mucho se habla del último partido cuyo resultado le adjudico a factores puramente deportivos, el equipo llegó con varios jugadores lesionados y muy cansados, y España juega bien, el estado físico frente a ello es decisivo.

Hasta allí hubiera hablado de una pequeña proeza, la verdadera hazaña de la Selección estuvo en el impacto sociológico y de política internacional que generó. En un pueblo lastimado, con gobernantes antipatria, verdaderos enemigos del pueblo, que disfrutan cuando mandan policías a apalear ancianos o discapacitados, una sociedad empobrecida y saqueada pudo festejar como hacía mucho tiempo no lo hacía. Frente a un presidente que levanta la bandera de Israel, la gente enarboló la celeste y blanca. No es poca cosa decir que la Selección nos permitió recuperar el sentimiento de comunidad, nos permitió ilusionarnos con un horizonte común, abrazarnos.

El punto culminante fue, por supuesto, levantar la bandera “LAS MALVINAS SON ARGENTINAS” luego de derrotar a Inglaterra. El hecho descolocó al gobierno vendepatria de Milei. Sólo en los últimos días, Milei se había hecho el distraído frente a un buque de guerra inglés en nuestras aguas hasta que por el efecto bandera hizo una notita de compromiso, entregó a una empresa inglesa la exploración petrolera en Mar Argentino y asintió de hecho el saqueo de un tercio de Vaca Muerta en el mar próximo a Malvinas a manos de una empresa sionista israelí. Es evidente que la bandera les representaba un problema y por eso quisieron evitarla.

Dentro del país, la causa Malvinas readquirió una fuerza formidable. Entre centenares de iniciativas disparadas por el icónico trapo, destaca la creación de Juan Manuel Pelillo, una tipografía, Malvinas Sans, asemejando el trazo improvisado de aquella sábana de hotel. Se puede descargar gratuitamente del perfil de Instagram @juanma_artwork.

Aumenta la calificación de la proeza el hecho de no tener registro de compromiso social o político de los jugadores, a excepción, quizás, de Lisandro Martínez. La pregunta, entonces, es por el origen de un acto que podemos caracterizar, por los resultados, como el más patriótico de los últimos tiempos.

Hay una cultura de entrega a la Selección que debe mucho a Diego. Maradona insufló un contagioso orgullo por la camiseta que se extendió a otras disciplinas. Eso no siempre fue así ni es así en todos los países. Es algo que viene de abajo, naturalmente. Lo mismo que Malvinas, cualquier joven de una gran ciudad o un pueblo alejado canta por Malvinas, levanta una bandera. Sólo un pervertido como Milei levanta la bandera de Israel en lugar de la del país que preside, pero por suerte los pibes no son así.

En el desasosiego nacional, en la encrucijada en la que desde arriba intentan diluirnos como país, uno se pregunta de dónde salen estos muchachos.

Y lo contesta el mismo Messi, de los clubes de barrio. Esos a los que Macri, Milei y Magnetto, las 3M del mal, quieren robarles el fútbol para instalar empresas (de ellos).

https://x.com/carlosalmenarav/status/2080475831281852915?s=20

Por eso el negocio, a pesar de lo inevitable, no pudo con la esencia de Diego, de Messi, y de muchos otros. Porque en el fondo y en el más entrañable, en el más amateur de los sentidos, son chicos que juegan a la pelota. Y estén en equipo local o en el Manchester United, sabemos muy bien cuál es el idioma que hablan, en gran medida es el mismo de siempre, el que hablamos usted y yo.


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