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16 de agosto de 2026

Hasta 87 llamados para conseguir un profesor en Lagunas del Rosario

  •   Por Juan Burba
           

En la escuela secundaria albergue «Esperanza de Lagunas», en el secano lavallino, las materias con pocas horas semanales tienen dificultades para ser cubiertas por docentes. La distancia y el costo del transporte son parte del problema.

En las escuelas públicas de Mendoza, cuando queda vacante una materia o un cargo (generalmente por renuncias, jubilaciones o creación del cargo), la Dirección General de Escuelas realiza llamados, a través de una página web, para cubrir esas horas, y que puedan tener sus profesores. En principio, la convocatoria busca docentes con título habilitante e incumbencia específica para el espacio curricular.

Cuando no se presentan postulantes que reúnan esas condiciones, las horas pueden ser asignadas a otras personas que, de acuerdo con los criterios de la Junta Calificadora, acrediten alguna formación o experiencia que les permita acceder a esa incumbencia. En las escuelas albergues y rurales, este mecanismo se enfrenta además a una dificultad concreta: cuando se trata de pocas horas semanales y grandes distancias, muchas veces directamente no hay docentes dispuestos a asumirlas, y los llamados se declaran desiertos.

El caso de la escuela Esperanza de Lagunas permite dimensionar la dificultad: mientras la materia Procesos Educativos ya transita su 85° llamado para encontrar un docente que tome las horas, Educación y Contextos llegó al 87° llamado sin lograr cubrir el espacio. La reiteración de las convocatorias muestra que no se trata simplemente de una demora administrativa, sino de una dificultad persistente para conseguir profesores dispuestos a trasladarse hasta una escuela del secano por pocas horas de clase.

El director de la institución, Esteban Córdoba, explicó, en diálogo con la 89.1, que las mayores dificultades aparecen en materias que cuentan con apenas dos o tres horas semanales, como Música, Educación Física, Audiovisuales o Educación Tecnológica.

El problema, señaló, no necesariamente es que los estudiantes queden directamente sin clases. La escuela busca alternativas para garantizar que los espacios se dicten, pero muchas veces quienes terminan frente al curso no cuentan con la formación específica para enseñar esa disciplina. «Los chicos tienen clases, pero quizás no con un profesor idóneo o no con un profesor de ese espacio curricular», explicó Córdoba.

El director puso como ejemplo el caso de Música. Ante la ausencia de un docente con título habilitante, puede terminar dando la materia una persona a la que la Junta Calificadora le reconoce incumbencia por haber realizado algún curso, tener experiencia con el canto o haber participado en actividades artísticas.

Para Córdoba, esto permite sostener las clases, pero genera una consecuencia concreta: «no es que tenemos profesor de cada disciplina para cada uno de los espacios curriculares. Ahí es cuando se ve deteriorada la calidad educativa», sostuvo.

El costo de llegar hasta el secano

Una de las razones centrales detrás de esta dificultad está en las características propias del territorio. Para un docente que vive lejos de Lagunas del Rosario, aceptar un cargo de apenas dos o tres horas semanales puede significar que el costo del traslado termine siendo igual o incluso superior al ingreso que obtiene por esas horas. «Los profesores no lo toman porque es algo que no van a poder sostener, porque tendrán que pagar para poder ir a trabajar, básicamente», explicó el director.

Una solución que permite sostener las clases, pero no resuelve el problema

Desde la escuela se busca garantizar que los estudiantes no pierdan el espacio de aprendizaje. Directivos y docentes apelan a distintas estrategias para cubrir las necesidades y sostener la actividad cotidiana.

Pero para Córdoba, esa capacidad de resolver sobre la marcha no debería ocultar el problema de fondo. «Los directivos le ponemos mucha creatividad a cómo podemos solucionar estos obstáculos», señaló. Y agregó que lo ideal sería que cada espacio fuera dictado por un docente formado específicamente para esa disciplina, incluyendo no solamente el conocimiento de la materia sino también su didáctica. «Lo óptimo sería que estuviera un profesor de Música, que haya estudiado música y que haya estudiado la didáctica de la música», sostuvo.

Mientras tanto, la escuela intenta garantizar el acceso de los estudiantes a esos conocimientos y bienes culturales, aun cuando los recursos disponibles no siempre alcanzan para hacerlo en las condiciones ideales.

¿Y los salarios?

Córdoba vinculó esta situación con un escenario más amplio que atraviesa al sistema educativo mendocino: la pérdida del poder adquisitivo de los salarios docentes y el aumento de la carga horaria como estrategia para mejorar los ingresos.

Como ejemplo, mencionó que los docentes del nivel medio pasaron de tener un máximo de 36 horas semanales a poder extenderse hasta 42. Para el director, esto también tiene consecuencias sobre la calidad educativa. A mayor cantidad de horas y cursos que debe asumir un docente para alcanzar un ingreso suficiente, menor puede ser el tiempo disponible para planificar, acompañar y conocer en profundidad a cada estudiante. «Los estudiantes de esta manera se vuelven anónimos teniendo tantos cursos para poder llenar la cantidad de horas necesarias para que el sueldo sea conveniente», planteó.

En las escuelas albergues del secano, estas dificultades adquieren una dimensión particular. Las distancias, la falta de transporte y las pocas horas de determinadas materias se combinan con una realidad salarial que empuja a los docentes a buscar cargos y horas que permitan sostener sus ingresos.

Desde Lagunas del Rosario, la escuela sostiene su tarea con los recursos que tiene y con la creatividad de sus equipos. «Apostamos a la educación, aunque no tengamos todos los recursos necesarios», resumió Córdoba.


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