Más de 95 chicos y chicas de Jocolí representaron a Lavalle en la competencia de la Asociación Mendocina de Fútbol Infantil (AMEFI). Hubo campeones, un segundo puesto y, sobre todo, una comunidad que sostiene una escuelita donde el fútbol es una herramienta para crecer, compartir y estar acompañados.
El sábado 22 y domingo 23 de agosto fueron días que seguramente quedarán en la memoria de muchos chicos y familias de Jocolí.
Las finales del campeonato organizado en el marco de la Asociación Mendocina de Fútbol Infantil (AMEFI) tuvieron presencia lavallina. La escuelita de Jocolí llegó a las instancias decisivas y llevó el nombre de nuestro departamento a una competencia que reunió a equipos de distintos puntos de Mendoza.
Y Lavalle dejó su huella.
La categoría 2011/2012 se consagró campeona de la Copa de Oro. La 2015 obtuvo el segundo puesto en la Copa de Plata, mientras que la categoría 2009/2010, la mayor de la escuelita, volvió a quedarse con la Copa de Oro.
Tres categorías, tres historias y una misma camiseta: la de Jocolí, representando a todo Lavalle.
Pero detrás de esas copas hay una historia mucho más grande.



Detrás de esta escuelita aparece el nombre de Laura Carmona, quien impulsó la iniciativa en Jocolí y durante años estuvo al frente de este espacio, acompañando a los chicos y buscando la manera de sostener y hacer crecer la propuesta.
Lo que comenzó como una iniciativa vinculada al fútbol fue convirtiéndose con el tiempo en un espacio de encuentro para decenas de niños y niñas. Entrenamientos, torneos, viajes y actividades fueron formando una comunidad alrededor de la pelota.
Actualmente, una situación de salud la obliga a alejarse momentáneamente de algunas de las tareas que durante tanto tiempo realizó. Sin embargo, la escuelita siguió adelante.
Y quizás allí esté una de las mayores satisfacciones de haber puesto en marcha un proyecto: ver que aquello que comenzó con el esfuerzo de una persona hoy puede sostenerse entre todos.
Carmen Baez, Lautaro Araya, Carlos Mercado, Sebastián Carmona, Kuky Carmona, Yaqui Mayorga, las familias y muchos vecinos fueron tomando distintas responsabilidades para que los chicos continúen teniendo su lugar.
Sebastián, hermano de Laura, continúa trabajando con la categoría mayor, un grupo que acompaña desde hace varios años y que nuevamente logró llevar una copa a Jocolí.
También fueron parte de este camino entrenadores como Olarte y Ramón Videla, quienes por distintas circunstancias hoy no pueden estar de la misma manera, pero dejaron su aporte en la historia de la escuelita.








Durante este torneo fueron más de 95 los chicos y chicas que participaron, distribuidos en las distintas categorías.
Para ellos, competir contra equipos de otros departamentos significó mucho más que jugar un partido. Fue viajar, conocer otros lugares, compartir con otros chicos y aprender dentro y fuera de la cancha.
Cada vez que una de esas camisetas salió a jugar, también salió a la cancha una parte de Lavalle.
Porque representar a un departamento no siempre ocurre en los grandes escenarios. A veces sucede cuando un grupo de chicos llega con sus bolsos, sus familias detrás y sus entrenadores organizando cada detalle para que puedan hacer lo que más disfrutan: jugar al fútbol.






La competencia y los resultados son importantes. Los chicos disfrutan ganar, festejar y levantar una copa. Pero el objetivo de la escuelita va mucho más allá.
Se trata de generar un espacio de encuentro y contención. Un lugar donde puedan hacer deporte, aprender a trabajar en equipo, relacionarse y ocupar su tiempo acompañados.
La idea es sencilla, pero enorme: que haya un pibe y una piba menos en la calle.
Para que eso sea posible también están las madres y los padres que llevan a sus hijos a entrenar, acompañan los viajes, colaboran con actividades y buscan la manera de que a ningún chico le falte lo necesario.
Están quienes entrenan, quienes organizan, quienes juntan fondos, preparan meriendas, cobran entradas y quienes simplemente ayudan porque creen que vale la pena.
Entre ellos está Yaki, una vecina cuyo hijo ya no forma parte de la escuelita, pero que continúa colaborando. Todos los domingos ayuda con el cobro de las entradas y, cuando hay actividades para recaudar fondos, incluso ofrece su casa para preparar lo necesario.
Su historia representa a muchos otros que entendieron que esta escuelita es parte de la comunidad, incluso cuando sus propios hijos ya no están jugando.
Las copas se festejan y las fotos quedan. Pero lo más importante es lo que los chicos se llevan de cada entrenamiento, cada viaje y cada partido: la experiencia de crecer sabiendo que hubo una comunidad detrás de ellos.
Este fin de semana hubo campeones, un subcampeón y copas.
Los chicos de Jocolí llevaron sus colores, su esfuerzo y su pasión a una competencia provincial. Jugaron, compitieron y dejaron en cada partido una muestra de lo que también hay en nuestra tierra: talento, compromiso, esfuerzo y orgullo lavallino dejando el departamento en lo mas alto.

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