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27 de septiembre de 2026

La liga lavallina ante un nuevo desafío

  •   Por El Despertador
           

La Liga Lavallina ha experimentado una renovación. Es indudable. La llegada de Antonio Campillay a la presidencia, acompañado por un grupo de dirigentes que decidió asumir el desafío de darle una nueva impronta a la institución, produjo cambios que merecen ser reconocidos.
Uno de ellos es visible y concreto: la comunicación institucional.

Los comunicados se publican y las sanciones también se hacen públicas, generando un marco de transparencia que constituye un avance respecto de etapas anteriores. La Liga comunica más y mejor sus decisiones, y eso permite que los clubes y quienes siguen la actividad conozcan qué ocurre dentro de la institución.

Pero toda renovación trajo aparejada nuevas preguntas y viejo reclamos.

Esos reclamos que comenzaron a escucharse en esta nueva etapa no son nada nuevos. Es más podríamos decir que es más de lo mismo. La forma de sancionar, la selección de los árbitros, los criterios disciplinarios y las diferencias entre clubes y autoridades de la Liga ya habían generado discusiones durante la conducción anterior. Esos planteos hoy vuelven a repetirse.

Los últimos episodios, con sanciones que alcanzaron a clubes como Jarilleros y Las Violetas y con apelaciones que fueron rechazadas, volvieron a poner el tema sobre la mesa. Desde Jarilleros, su presidente calificó como «Un desastre la forma de sancionar, deben analizar mejor y tener un poco de criterio.» la forma en que se están aplicando algunas sanciones.

No corresponde, sin conocer todos los elementos de cada expediente, determinar quién tiene razón en cada conflicto. Pero sí corresponde observar que algunos de los cuestionamientos que existían antes vuelven a repetirse ahora.

Y allí aparece toda una discusión que va siempre detrás de las consecuencias y no de las causas.

Porque los últimos conflictos que se produjeron no tuvieron como principal protagonista a las hinchadas, sino que se produjeron dentro de la cancha y tuvieron como protagonistas a jugadores, dirigentes y quienes están al frente de los equipos, es decir, delegados.

La liga en un comunicado esgrimió suficientes argumentos de los por qué de una sanción puede ser necesaria, sin embargo, el problema que lo hemos tratado al comienzo de la nueva gestión es que nuevamente se atacan las consecuencias y no las causas. Y esto obliga a mirar un poco más allá de la sanción posterior.

Acá aparece uno de los grandes desafíos que tiene por delante la Liga Lavallina: la formación de quienes están al frente de los equipos.

Delegados que cumplen funciones de técnicos, pero que en la práctica cumplen la función de meros acompañantes.

En la Liga existe una particularidad que no puede desconocerse. Muchos clubes no tienen una estructura de entrenamiento permanente. En algunos casos, los equipos prácticamente pasan de domingo a domingo y llegan al partido sin un proceso mínimo de trabajo de contención durante la semana.

Por eso aparece la figura del delegado de equipo.

Aunque la denominación sea diferente, en la práctica esa persona cumple muchas de las funciones que en otras estructuras deportivas realiza un director técnico: está al frente del equipo, conduce a los jugadores durante el partido y tiene responsabilidades sobre el comportamiento y el desarrollo del grupo. El problema es que cuando hablamos de categorías infantiles o formativas, la responsabilidad es todavía mayor.

Estamos hablando de saber conducir un grupo, manejar situaciones de tensión, conocer el reglamento, relacionarse con jugadores de distintas edades y, fundamentalmente, entender que se está trabajando con niños y jóvenes.

Por eso la Liga Lavallina debería comenzar a discutir seriamente una política de formación y capacitación de los delegados de equipo.

Incluso podría plantearse la posibilidad de establecer una capacitación mínima y un carné habilitante para quienes pretendan ejercer esa función.

No como una medida burocrática más, sino como una manera de jerarquizar una tarea que hoy tiene una enorme responsabilidad ya que no cualquiera puede formar a nuestros jóvenes y no cualquiera debería estar al frente de un grupo de niños.

Una nueva etapa

La renovación de la Liga Lavallina tiene aspectos que deben ser reconocidos. Pero quizás haya llegado el momento de pasar a una segunda etapa. Una etapa en la que no solamente se publiquen las sanciones, sino que también se trabaje para reducir las situaciones que terminan generándolas.

Tal vez haya que revisar cómo funciona la estructura, cómo se forman quienes participan de ella y qué mecanismos existen para prevenir los conflictos antes de que terminen en una sanción.
La Liga Lavallina ha iniciado una renovación. Ahora tiene por delante el desafío de consolidarla.


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