Imaginemos un hogar enclavado en el norte mendocino, uno de los más olvidados, un hogar pletórico de poesía, de juegos, de letras de cuecas y tonadas, un hogar habitado por una mamá italiana, un papá descendiente de españoles, dos hijas mendocinas y el canto de las aves y las plantas autóctonas a su alrededor, un hogar de artistas populares que homenajeaban permanentemente a innumerables tesoros: a sus hijas, al agua, eje de las luchas actuales, a la tierra, a los remolinos, a la viña sedienta, a las alamedas, a los zarcillos, a los parrales, a las costumbres de las comadres y los compadres, a las y los obreros de las viñas que año a año cosechaban y cosechan los frutos ajenos.
En el aire se escuchan las melodías de una guitarra fluyendo por las habitaciones y el patio, como el agua que baja por los canales y acequias y que sirvieron de inspiración para sus bellas canciones.
Sus voces contando historias, cantando y tarareando junto Cecilia y Marina, a la sombra de un árbol.
Una familia tejiendo sueños, utopías, transformando realidades, abriendo surcos de tiernos paisajes.
En ese lugar mágico, el paisaje rural lasherino comenzaba a entreverarse con el asfalto y la urbanización.
En ese hogar, la juventud de los ochenta, amigas y amigos de las hijas, cada vez que las visitaron, respiraban aires humanitarios, tiernos, cooperativos, solidarios con las clases sociales ninguneadas por el sistema.
Allá están, acompañados de sus palabras, sus melodías, sus poéticas que pintan todos los paisajes cuyanos, ahí vienen la Magda y el Nolo, entre surcos, hileras y la chipica verde, caminando por un otoño de cobre y álamos amarillos.
Ya están acá la Magda y el Nolo.
El matrimonio y dúo de canciones populares cuyanas conformado por Magda de Merolis y Manuel “Nolo” Tejón, nos convoca como aficionad@s y escuchas.
Su obra, dedicada al canto, a la poética, a las melodías permanece viva en la memoria colectiva y en nuestros corazones.
Sus hijas, Cecilia y Marina nos invitan a conocer ese mundo mágico que habitaron como una verdadera comunidad.
El deslumbramiento
En el ocaso de la década del cincuenta se vieron por primera vez las caras, gracias a la gestión de un amigo en común que frecuentaba tanto el ámbito artístico como aquellos espacios de militancia social y política, en contra de los ensayos nucleares, las conflagraciones bélicas y el colonialismo.
Formaba parte de sus primeras salidas un ritual particular: el consumo de maní y cerveza negra en los bares.
Allí comienza su derrotero ligado al arte y a su vida de pareja.
La conformación del dúo
Nos cuentan Marina y Cecilia que sus primeros trabajos se circunscribían a un coro, entre cuyos integrantes se encontraba Amalia Dapaz, esposa del escritor y periodista Ramón Abalo.
Agregan que: “Ese coro tuvo escasa trayectoria, ya que muy pocas personas vivían exclusivamente del trabajo artístico, por lo que debían procurar su sustento económico por otro lado”.
Se relacionaron con un poeta de apellido Coletti, obrero de la viña, con el que grabaron una canción llamada “Los cosechadores”.
Luego de haber incursionado en ritmos como zambas y gatos, se dedicaron a pleno con la música emparentada con la vida de esta tierra.
En ellos había una búsqueda, una opción y una decisión, aconsejada por otra gente, empezando a buscar identidad en su voz.
“Poseían una poética diferente, pero complementaria entre sí”.
Los primeros registros de su música
Añade Cecilia: “Magda era una gran lectora de Literatura Universal, y tenía un registro distinto al folclórico”. Sus registros se relacionaban con lugares de carácter intimista, alejados de los ámbitos festivaleros, desde la ternura, siendo la destinataria de sus inspiraciones y creaciones la Mendoza rural, campesina y obrera de los años 60”.
Según Marina “se posicionaron desde un enfoque ético, estético y político, con un intercambio creativo permanente. A qué lugares o elementos cantarles, para qué, para quién”.
Para las entrevistadas: “había una búsqueda de canciones sensibles para transformar la realidad. Decidieron cantar para nutrirse de esa poética, repletos de belleza, ternura, de justicia, para luchar y transformar la realidad”.
En función de esos parámetros, “Magda y Nolo decidieron no sumarse al Nuevo Cancionero Cuyano, siendo amigos de sus integrantes. Fueron decisiones estéticas distintas”, cuentan las hijas.
La impronta de Draghi Lucero en sus creaciones
“Fue fundamental en el dúo la búsqueda de una lengua poética, que no fuera costumbrista, rescatando las metáforas más antiguas del folclore de la provincia, insertas en la obra del escritor Juan Draghi Lucero”.
Recopilación en lugar de renovación
“No les gustaba la palabra renovación. Consideraban que había que seguir un camino, honrando lo hecho hasta el momento, recopilando los trabajos de Draghi Lucero y su esposa, que “dicen sin decir”.
“Para ellos era un aporte, que no copia exactamente la musicalidad y poéticas antiguas. Se nutre de ellas, para hacer una obra que tiene que ver con la experiencia, las vivencias y preocupaciones del momento.”
La participación femenina en el folclore cuyano
“Hay muchas voces femeninas. Incluso ellos tomaron una forma tradicional del dúo de hombre y mujer. Es importante para su visibilización que Magda fue parte del dúo”.
La complementariedad de sus voces
Añaden al respecto que: “El trabajo de sus voces era milimétrico, pensado como instrumentos. Cantaban mirándose. Ese entramado vocal era muy estudiado y trabajado hasta el cansancio por ellos. Era de una complejidad muy grande”.
Recuerdos de familia
Marina y Cecilia rescatan situaciones donde el humor era una constante, al igual que una salida inesperada o disparatada, ante contextos adversos.
Ello constituía un ingrediente fundamental en el paso que iba, por ejemplo, de la poesía a la construcción de una vivienda.
Junto a Magda y Nolo, sus hijas se nutrieron de cosas no habituales como la lectura, el humor y la poesía.
“Nosotres nos mudamos de casa en distintas ocasiones. Nolo y Magda subvencionaron la cultura cuyana, gastaron su propio dinero. Tuvieron que desempeñar múltiples oficios para vivir y sobrevivir con la abuela Eugenia. En esa casa, Nolo me pidió que escribiera algo que él me iba a decir. Era esta frase: “la belleza salva al mundo”. Importa el sentido de esa situación. Nuestros padres tuvieron casa y después la vendieron para costearse la edición de un disco. Ese papelito siempre estuvo con nosotr@s, hasta la ida al Barrio Yapeyú. Eso refleja una intención familiar, de crianza, de legado, y en la edad de decidir, adherí a esa frase”, nos entrega Marina.
El tesoro colectivo
Acota Cecilia: “Los roles estaban definidos. Ellos eran padre y madre, nosotras hijas”.
Como colectivo de cuatro personas, con distintas edades y roles, funcionábamos en común. Eran más que padres, más que artistas. Éramos una comunidad de cuatro”
El compromiso de Magda y Nolo
“Toda la vida defendieron lo común, desde una profunda perspectiva humana. Es la continuación de esa misma defensa. Así como estaban en contra de la guerra, de las guerras nucleares, del colonialismo, de la invasión hacia otros pueblos, en contra del extractivismo, del robo de los bienes comunes, de la explotación, de esa misma manera fueron desarrollando una poética que valora el agua. Hoy cobra una actualidad que en su momento parecía no tenerla”. (Cecilia).
“El agua es elemento protagonista en la obra de Nolo y Magda. En la contratapa de su primer disco, colocan al regador en mismo plano con el creador.
Las personas como los creadores de la vida. El agua era un elemento principal. Magda y Nolo siempre defendieron el paisaje y los bienes comunes. El Nolo se incorporó a la lucha por el agua desde el 2010, e ideó la frase que “Mendoza es hija del agua”. El legado que nos dejaron a nosotras y al resto del pueblo mendocino es estar activa, estar bien, para el buen vivir, para la belleza. Hoy toma la forma de la Ley 7722, en contra de la instación de la Minera San Jorge. Es la lucha contra el Capitalismo”. (Marina).
Para ellas, las frases “para todos, todo”, “el agua de Mendoza no se negocia”, están incorporadas en la poética de Magda y Nolo, “Para todos, todo”, pensando en la labor artística, sería para todos la poesía, para todos la imaginación porque es un bien y es un derecho humano”, finaliza Cecilia.
El zarcillito
Para las entrevistadas la letra de esta canción compuesta e interpretada por sus padres, nació en la calle Famatina, de Rodeo de la Cruz, reproduce las escenas que ellas vivieron cotidianamente con sus vecinos, amiguitas y amiguitos.
“Magda veía la vida cotidiana de una manera poética, todo lo llevaba a otro plano, haciendo una analogía entre el zarcillito de la parra y el niño que quiere treparse a su mamá, ese juego de ver el territorio más allá de lo cotidiano, y esa sabiduría de decirle a una vecina, sencilla y sabia: “dígame como se hace para criar un hijo duraznerito”.

Ahí vienen llegando, por las alamedas, la Magda y el Nolo

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